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OPINIÓN
¿Qué significa el anuncio del encaje bancario al 100%?, por Carlos Goedder

¡Qué terrible error es tratar de entender la lógica de alguien que ha pedido la cordura!  Es un desafío para quienes estudian la mente humana, desde luego. Para el resto, tratar de pensar como lo hace alguien con la razón en ruinas puede resultar en contagio.

 

 

 

Un ejemplo de locura a la que me refiero es el anuncio  del encaje bancario al 100%. ¿Qué significa? Todos los bancos funcionan con un sistema de reservas fraccionarias. Por cada 100 bolívares soberanos que un depositante coloque en el Banco, se le obliga a tener una reserva depositada en el Banco Central.  El resto del dinero el Banco lo usa para dar créditos, y lo normal en un banco es prestar todo lo posible. Los depositantes no van a venir a llevarse todos, al mismo tiempo, el dinero.

 

 

 

Tener “estacionado” el dinero de los depositantes hace inviable el negocio de los bancos, su razón de ser: prestar plata. Cobrar custodia del dinero es negocio para otro tipo de empresas. Lo que deben hacer los bancos es optimizar la hoja de balance social, y con eso ganan dinero. Asignan el dinero desde quien lo tiene en exceso a quien le falta, analizan a quién se le puede prestar y le hacen seguimiento. Pocos ahorradores tienen las tecnologías, formación, dinero o tiempo para prestar por su cuenta.

 

 

 

El encaje al 100% tendría como meta que circule menos dinero en la economía. Sencillamente los bancos van a paralizar lo que se les deposite. Con ello los precios deberían caer. Desde luego que lo harán.  No sólo los precios, sino también la producción.  Incluso los bancos tendrán que considerar si podrán seguir funcionando.

 

 

 

“Y lo que usted debe saber es que TODO EL DINERO DE LOS DEPOSITANTES SE QUEDA EN EL BANCO CENTRAL.  Así que bajo la bandera de combatir inflación, se está haciendo el traspaso de riqueza privada a manos gubernamentales más drástico de la historia económica venezolana.  Y sin crédito no hay viabilidad para negocio privado alguno. Se hará inviable renovar las líneas de crédito rotativo habituales: tarjetas de crédito, sobregiro, descuento de facturas. No hay dinero para prestar. El dinero escondido en el colchón funciona igual que una banca a encaje del 100%”

 

 

La razón de la inflación es el desorden en las cuentas del Gobierno. Se combatirá poniendo en marcha la economía, dejando al ciudadano invertir, vender, comprar y luego cobrando impuestos a un sector privado fuerte.

 

 

 

El único mérito de analizar las maldades del niño loco es que uno aprende conceptos de psiquiatría. En Venezuela se ha logrado, con todo este desbarajuste, que las personas se conviertan en economistas, que internalicen los conceptos básicos de economía, escasez, intercambio, inflación, valor del dinero en el tiempo, rendimiento esperado, volatilidad, precios relativos…

 

 

 

El problema es que esta Universidad del Niño Loco Malo llamado Gobierno da la licenciatura de economía en un plazo muy largo. Van 20 años sin obtener el título, cada vez se pone un exámen más difícil y se corre el riesgo de morir en el intento de graduarse.

 

 

 

El choque frontal con la realidad y sus limitaciones puede devolver la cordura al que ha estado transitoriamente loco. Arruinarse puede hacer ahorrativo al pródigo; enfermarse ayuda a ordenarse al que está desbordado; arrepentirse obliga a cambiar al que ha hecho daño.  ¡Qué oportunidad dorada tiene el Gobierno para rectificar!  Está a tiempo de lograr la transición pacífica hacia la cordura económica que ya atravesaron los países socialistas, tras sus estrepitosos fracasos.

 

 

 

Se necesita una Perestroika venezolana una VENESTROIKA, un cambio que reconozca que los ciudadanos merecen tener economía de mercado y libertad económica.

 

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La debilidad del socialismo, por Victor Maldonado
La debilidad del socialismo, por Victor Maldonado

Un régimen es débil si carece de opciones para manejar una crisis. Y mucho más si le toca administrar un sistema envilecido, colapsado y a punto de provocar un punto de quiebre capaz de derrumbarlo definitivamente. Un régimen es muy débil si todas sus apuestas tienen como única base de sustentación el uso indiscriminado de la fuerza y la represión para tratar de “controlar la realidad” y someterla a sus propios designios.

 

 

 

No se puede confundir el uso de la fuerza bruta y la imposición de un régimen tiránico, con fortaleza institucional y legitimidad. Al socialismo del siglo XXI nadie lo quiere, carece de aprecio social, nadie cree en su validez, y todos los días es refutado empíricamente. Ellos dicen una cosa, pero los apagones dicen otra totalmente contraria. Y no sólo es la crisis eléctrica. Es la crisis de efectivo -a pesar de hacer convivir dos conos monetarios-, la inflación que remonta todos los días cotas inexpugnables, la escasez de agua potable, la violencia en las calles, la recesión brutal de la economía, el colapso del transporte público, los escombros en los que se encuentra el sistema público de salud, la incertidumbre de alumnos y profesores de escuelas, liceos y universidades, la expansión de viejas pandemias, el bloqueo de los mercados, la ausencia de inversión extranjera, el cierre de los comercios, el desempleo, la imposibilidad de pagar las pensiones, el desmadre de los fondos contributivos, la desaparición de las reservas internacionales, la ruina de la industria petrolera, el exterminio ecológico del arco minero, las mafias del narcotráfico, la estética del lavado de dinero, la selecta clase de inexplicables “bendecidas y afortunadas” mal ayuntada con una extraña camada de nuevos ricos que lucen blindados y guardaespaldas. Este socialismo del siglo XXI vive su propio apocalipsis, y nadie debería siquiera pensar que está en su mejor momento.

 

 

 

¿Cuáles son las opciones de un sistema en condición de entropía? ¿Cuáles son las alternativas a la mano del régimen? En eso consiste su debilidad intrínseca. Que solamente puede seguir adelante, hacia el vacío, o rectificar y entregar el poder. No hay reforma posible, porque los regímenes totalitarios no pueden dejar de serlo. Ellos viven la alucinación de la propaganda y de las mentiras oficiales, pero la disonancia con la realidad es extrema. Nada de lo que dicen hacer o prometen hacer es posible. Porque las condiciones objetivas no se lo permiten. No tiene reservas, vive de un precario flujo de caja cada día más malogrado por la corrupción y el saqueo. Tiene las chequeras vacías, nadie le da crédito, por lo que cualquier gestión resulta más onerosa y difícil. Eso le proporciona una peligrosa fragilidad, porque no tiene ahorros, y tampoco quien le preste. Pero no solamente eso. Su principal fuente de ingresos en divisas, la industria petrolera, luce destrozada y solitaria. Todos están esperando su derrumbe final. Todos son ahora acreedores y no proveedores. Por lo tanto, no solo no tienen reservas, ni crédito posible. Tampoco tienen ingresos suficientes para mantener lo mínimo indispensable del país moderno que alguna vez fue Venezuela.

 

 

 

Intentaron buscar una opción en el arco minero. Pero ya sabemos que esa idea se convirtió en un nuevo espacio para el saqueo y los peores manejos imaginables. En ese espacio nadie sabe ni cuanto ni como se explotan esos recursos. La más absoluta opacidad, y la experiencia que ellos muestran en otros sectores no pueden hacernos pensar otra cosa: Es conspicuo al régimen la prioridad que se le otorga a la depredación de los recursos del país. Por eso el silencio, la nula rendición de cuentas, y esas apelaciones a la fantasía que ofrecen venta de lingotes en bolívares devaluados, nada más y nada menos que humo en los ojos de los menos precavidos. La verdad es otra: Al país lo están saqueando.

 

 

 

 

¿Es fuerte un régimen que no tiene opciones? De ninguna manera. Es como jugar a la ruleta rusa, pero con todo el cargador lleno de balas. Porque un país sin ahorros, sin crédito, sin flujo de caja y destrozado en la explotación de sus recursos no puede asumir con éxito ninguna eventualidad. O si se quiere, no podría con ninguna calamidad adicional, ni con la ocurrencia de alguna catástrofe. El filósofo Ernesto Garzón Valdés distingue calamidad de catástrofe. La primera es aquella desgracia, desastre o miseria que resulta de acciones humanas intencionales. En ese sentido, el régimen es nuestra calamidad. Su socialismo del siglo XXI, la forma errática como toma decisiones, y la obsesión en mantener una ideología insostenible, son la razón de la tragedia que viven los venezolanos. Son buenos destruyendo, y malos construyendo. Por eso se quedan sin alternativas. Y también por eso no pueden con ninguna desgracia, desastre o miseria provocados por causas naturales. El calamitoso socialismo del siglo XXI no tiene como encarar las vicisitudes de la fortuna, ni las consecuencias lógicas de su forma de hacer las cosas.

 

 

 

La debilidad es, por lo tanto, esa entropía -tendencia al desorden- que hace cada día más costosa el mantener la estabilidad de los sistemas. Maracaibo es una demostración fulgurante de lo dicho. Allá el sistema interconectado de suministro eléctrico entró en fase de colapso. Es irreparable el daño hecho. Cada día mantener la precariedad de lo que aun funciona es más oneroso. Y tarde o temprano eso no será posible. Pero la esencia estructural de la debilidad del régimen tiene que ver con que no tienen que lidiar con una sola catástrofe sino con la posible ocurrencia de varias en simultáneo. No es una ciudad, es todo el territorio nacional. No es solo el suministro eléctrico, es también el agua, la basura, las medicinas, la salud, las pensiones, la escasez de efectivo, la escasez de productos esenciales, la crisis humanitaria por la explosión migratoria, la caída de los ingresos, la inestabilidad de la plataforma de telecomunicaciones, la corrupción del sistema de identificación, la venta de pasaportes, y pare de contar, porque en realidad un sistema entra en caos cuando no puede dar respuestas adecuadas a las demandas que tiene que satisfacer. Y aquí, a estas alturas, todo lo que tenga que ver con la gestión pública está mostrando un peligroso patrón de inestabilidad. Y contra eso no puede ni la propaganda ni la represión.

 

 

 

Volvamos al criterio usado por Garzón Valdés para discriminar calamidad de catástrofe. La causa raíz es intencional, evitable y previsible. Por eso mismo es atroz el delito político de haber seguido adelante. Cuentan que en octubre de 1955 Mao pronunció un discurso frente a un grupo restringido de dirigentes del partido comunista. Se refería al programa de colectivización de los campesinos, que tanta miseria había traído como consecuencia, y el intento de extenderlo hacia las ciudades, donde quedaban, a su juicio, los últimos y agónicos reductos de la burguesía. Decía el “gran timonel” hacia el desastre chino lo siguiente:

 

 

 

 

“¡A este respecto, somos unos desalmados! Por lo que a esto se refiere, el marxismo es incluso cruel y no muestra la menor piedad, ya que está decidido a acabar de un puntapié con el imperialismo, el feudalismo, el capitalismo y la pequeña producción. Algunos de nuestros camaradas son demasiado amables, no son lo suficiente severos, en otras palabras, no son lo marxistas que deberían ser. La exterminación de la burguesía y el capitalismo en China es nuestro objetivo, borrarlo de la faz de la tierra y convertirlo en algo propio del pasado”.

 

 

 

Es precisamente esa obcecación la que los pierde. Son débiles porque el objetivo central de todo lo que hacen es destruir un enemigo imaginario, intentando con eso consolidar y hacer realidad una ideología panfletaria y resentida. Ellos toman decisiones erradas y siguen cursos de acción inconvenientes porque les va cerrando cualquier otra posibilidad. Las decisiones más recientes son una demostración de su propia precariedad.

 

 

 

En medio de la más desastrosa escalada hiperinflacionaria deciden por más inflación al decretar un aumento de salario improcesable por una economía debilitada al extremo. Deciden además por más escasez al mantener el control de precios e imponer otra temporada de saqueo de los inventarios. Deciden más devaluación al mantener el control de cambios bajo el eufemismo de imponer un tipo de cambio y un solo canal para hacer operaciones. Deciden mantener los ilícitos cambiarios al no reconocer a los empresarios el precio de sus productos, traídos al costo del dólar paralelo. Deciden incrementar el desorden fiscal al aumentar la extensión de las jubilaciones no contributivas por supuesto aparearlas con el aumento de salario. Deciden “regalar” el gas a Trinidad y Tobago, aunque en Venezuela se mantenga una fuerte escasez en la distribución del gas doméstico.

 

 

 

Como no generan ni una sola señal que mejore la confianza, lo que han provocado es una estampida de gente y de negocios. Ni siquiera un boceto de sensatez o racionalidad. Son los mismos, cometiendo los mismos errores, invocando las mismas excusas y reprimiendo de la misma manera. Ellos deciden con todo esto su propio callejón sin salida. Son aprendices de brujo, torpes, crueles, desatinados, incapaces, y alucinados. Sin terminar de convencerse de que no hay magia, no existe ningún artilugio que transforme los deseos en realidades, o los decretos en hechos cumplidos. La realidad es como es, está perturbada por sus malos manejos, ellos son nuestra calamidad, y el país no está preparado para ninguna catástrofe, precisamente porque ellos son calamitosos. Entonces, que no venga nadie a decir que ellos están más fuertes que nunca. Más brutales, ¡sí! Mas peligrosos, ¡también! Pero de ninguna manera fuertes, porque carecen de opciones a su propia debacle.

 

 

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EVENTOS
Milton Friedman Legacy Day 2018

En conmemoración del Friedman Day Legacy, David Ludovic de parte del equipo de CEDICE Libertad,conversó con el economista, historiador y profesor universitario, Daniel Lahoud, sobre el legado que dejó el famoso economista estadounidense en la economía mundial.

 

En principio, explicó Lahoud que Milton Friedman, fue un economista neoyorquino que pertenecía a una familia muy pobre de 7 hermanos, sin embargo, logró obtener una beca y consiguió dos doctorados, uno en economía y el otro en ciencias actuariales, además de tener como uno de sus principales temas a “la idea del ingreso permanente y el monetarismo”;uno de los planteamientos que más se le puede aplicar a Venezuela.

 

“La idea monetarista inicial se da en el siglo XIX con David Ricardo, el cual tiene el mismo planteamiento que la cantidad de dinero causa subida de los precios”. Posteriormente, Friedman plantea la idea de que la causa de la subida de precios, es la subida en la cantidad de dinero, “diferenciando muy bien entre subida de precios e inflación, lo cual no es lo mismo”, añadió

 

Asimismo, Friedman en su momento explicó que el dinero al largo plazo era neutral, pero en el corto plazo hace daño, “en el corto causa inflación y en el largo, la misma economía lo absorbe y se acaba el problema” . Por eso mismo, la escuela de política monetarista, arroja que no se pueden hacer políticas monetarias manipulando la tasa de interés, sino que “debían hacer lo que se planteó para el caso norteamericano, en donde tendrían que aumentar 4 % la cantidad de dinero y así su economía creciera sin que hubiese inflación por muchísimo tiempo”, puntualizó.

 

En este sentido, Friedman al afirmar que los precios en políticas económicas monetaristas no se deben de tocar, ilustra lo que hace el Gobierno Nacional con los precios de los productos en el país.

 

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