Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
48 horas en Caracas del 2014. Guillermo Hirschfeld

Hace cuatro años escribí un artículo que se titulaba 48 horas en Caracas. En él trazaba una instantánea de mi breve visita a la capital venezolana, que ofrezco de nuevo al lector al final de esta columna. La semana pasada visité de nuevo Venezuela durante 48 horas.

Fui invitado como ponente al foro «América Latina: la libertad es el futuro» en ocasión del treinta aniversario de CEDICE, el principal think thank de Venezuela dedicado a la defensa de la libertad. Entre los ponentes destacaba el Nobel Mario Vargas Llosa; la diputada venezolana María Corina Machado; los alcaldes de Caracas y Chacao, Antonio Ledezma y Ramón Muchacho; el escritor colombiano Plinio Apuleyo Mendoza, o el presidente de Atlas Foundation, Alejandro Chafuen. Además, aprovechando la visita, tuve la oportunidad de celebrar encuentros con destacados representantes de la oposición venezolana como Ramón Guillermo Aveledo, María Corina Machado, algunos familiares de Leopoldo López y representantes de Primero Justicia, liderado por Henrique Capriles .

Pues bien, la máxima según la cual que toda situación es posible de empeorar, lamentablemente se ha cumplido en el país sudamericano. Encontré una Venezuela desbastada institucionalmente, con una economía en caída libre, y con una evidente ruptura de los lazos sociales que hacen posible la sana convivencia.

Como manifestó Mario Vargas llosa en su primer intervención, en las jornadas de CEDICE, “Parece mentira que Venezuela se haya empeñado en retroceder, y se haya ido acercando a los ejemplos más patéticos de fracaso económico, político y social, como los son Cuba y Corea del Norte”.

No es casual que el país haya involucionado, pues las malas políticas acarrean ineludiblemente malas consecuencias, y éstas, en el caso venezolano, han sido no malas, sino nefastas. El desmoronamiento del régimen continúa y las consecuencias institucionales y económicas las está pagando una sociedad venezolana que vive en desazón. A los que mandan en Venezuela ya no les queda más maquillaje para el disfraz democrático que solían utilizar. El alcance del descalabro que ha causado el autoritarismo populista es de tal magnitud que sus responsables se ven desbordados e impotentes en los sectores institucionales, sociales y económicos.

En lo económico, la inflación se disparó a niveles exorbitantes. El intervencionismo económico en general y los controles de precios en particular son solo una muestra del la deletérea conjunción de economía planificada e incompetencia. Se trata de una combinación que explica que uno de los países con mayores de reservas de petróleo en el mundo, hoy no tenga alimentos básicos en los estantes de los mercados, ni medicinas esenciales en sus farmacias. El billete de mayor valor en circulación del mercado es equivalente a 1,20 euros, y no alcanza para comprar una lata de atún o leche para los niños.

En términos políticos, la ferocidad persecutoria del régimen es de tal magnitud que lo aberrante ya se percibe con cierta normalidad. Así, pueden encarcelar a dirigentes opositores, privar de la inmunidad parlamentaria a quienes tienen las agallas de enfrentarse al régimen, y, sin embargo, me costó mucho trabajo encontrar a un dirigente opositor que me pudiese asegurar que no tenía un proceso abierto contra él por supuestos y absurdos delitos. En definitiva, se trata de una forma más que tiene el régimen de pervertir el poder judicial para intentar callar atemorizar y amedrentar a quien se oponga a sus objetivos revolucionarios.

Los estudiantes protestan a diario en las calles exigiendo justicia y democracia. No obstante, los medios de comunicación, que están absolutamente dominados por el régimen, nos muestran una Venezuela falsa, amenazada por supuestos terroristas que conspiran contra el régimen. Emplean de forma burda estrategias que ni siquiera George Orwell pudo imaginar.

Mientras que el pueblo venezolano lucha por salir de esta pesadilla, la comunidad internacional observa y hasta promueve un ritual granhermanesco, en el que los perseguidores dicen querer entenderse con los perseguidos. El régimen seguramente pretenderá lavar su cara y transmitir cierta percepción de normalidad con ese dialogo.

Guillermo Hirschfeld