Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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5 Millones en la Economía Informal

El Gobierno logró el objetivo de bajar el desempleo a un dígito, pero el dato no debe ser tomado a la ligera: de las 11 millones de personas que trabajan, más de cinco millones se desempeñan en el sector informal de la economía.

Un 46,5% de la población ocupada se dedica a un empleo sin jefe. Taxistas, domésticas, vendedores en empresas con menos de cinco empleados y _su expresión más evidente y significativa_ los buhoneros forman la masa de trabajadores informales que se mantiene en Venezuela, a pesar de la bonanza económica.

De acuerdo con un reciente estudio realizado por la Unidad de Análisis de la Economía Informal del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (Cedice), se calcula que en Caracas cerca de 300.000 personas se dedican al negocio de la buhonería, lo que pasa por el vendedor del tarantín hasta la persona que se encarga del depósito donde en la noche se guardan las mercancías.

El perfil entre un trabajador informal y uno del sector formal no difiere mucho pues, de hecho, buena parte de quienes se desempeñan hoy en la informalidad trabajaron en alguna empresa en el pasado. El estudio realizado por Cedice da señales sobre el perfil de un buhonero promedio: es mujer, bachiller _incluso hasta con estudios universitarios inconclusos_ y lleva más de seis años trabajando en las calles. Exclusión forzada Anita Guerrero sobrevive en la maraña de puestos informales que ocupa la plaza Caracas, a los pies de las torres de El Silencio.

Desde allí vende ropa, pero la ganancia no es tan atractiva como para soportar las lluvias, la inseguridad y cualquier otro mal típico de la ciudad. Llegó hace casi 20 años de Ecuador, donde dejó sus estudios de periodismo a medio camino, todo por la promesa de un buen empleo que nunca encontró en este país. La realidad es que gana 500.000 bolívares al mes, apenas por encima del salario mínimo. “Me vine a Venezuela engañada. No pude sino trabajar en casas de familia porque estaba indocumentada, así que reuní unos realitos y después monté este puesto para salir adelante”, relata. Guerrero señala que la multiplicación de los buhoneros en la ciudad le ha arrebatado parte de sus ganancias, pero que siempre queda el buen sabor de las altas ventas que se registran en las navidades. Hace siete años que encontró en la buhonería su modo de subsistencia o, más bien, de sobrevivencia, como ella prefiere decir. Anita Guerrero asegura que de poder estudiar lo haría, pero que no se puede dar ese lujo. Tiene cuatro hijos que mantener y bromea diciendo que vive en “el Country Club de Carapita”.

“Claro que me gustaría tener un empleo formal, pero ¿dónde voy a trabajar si ya tengo 42 años y no tengo experiencia en este país? Yo he metido papeles, pero no me dan trabajo. Nunca me dieron chance”, puntualiza.

Publicado Diario El Universal 21/08/06