Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
A Miguel Angel Landa. Maxim Ross & Emeterio Gómez

El Espíritu Humano, estimado Miguel Ángel, no crece ni se desarrolla mucho en medio de los triunfos, éxitos, logros y comodidades. Cuando obtenemos una victoria salimos a celebrar, a brindar con los amigos… y ya; ¡¡se acabó!! Cuando nos derrotan, salimos a reflexionar y a crecer espiritualmente. Sólo las derrotas, fracasos, obstáculos y dificultades obligan al Alma a crecerse.

No te quepa ninguna duda, Pana: esta Tragedia que hoy vive Venezuela, que ciertamente es ya larga; este inaudito regreso al Comunismo, precisamente después que Él fracasó de manera estruendosa y espectacular, dondequiera que se lo ensayó; después de aquella gloriosa Demolición del Muro de Berlín –símbolo supremo del triunfo de la Democracia, la Libertad Individual y la Economía de Mercado–; luego de la disolución de la Unión Soviética y de la conversión del Comunismo Chino al Capitalismo mas Salvaje; después que esta locura infantil nuestra, liderada por una triste criatura que, precisa y lamentablemente, no logró ir mas allá de su propia infancia; toda esta inmensa derrota que en efecto vive nuestro País, nos ayudará de manera poderosa a fortalecer el Alma de nuestra Sociedad. Por eso te decimos, Miguel Ángel: Venezuela no se acaba. Se acaba si queremos y dejamos que eso pase.

Cuando todo va bien o nos sale fácil, cuando no tenemos que hacer esfuerzos, nuestro Espíritu se va aflojando y va creyendo que, de verdad, la vida es un regalo de Dios y no –lo que realmente es– un reto que, tal vez, el mismo Dios nos impone para templar y acrisolar el Alma. Estos 15 años, apreciado amigo, nos han enseñado más, mucho más, acerca de la Naturaleza Humana, que décadas y décadas de reflexión en frío. Haber visto a Chávez destruir dolorosamente el chance que tuvo de construir un país formidable; haberlo visto tirar por la borda la posibilidad cierta de haber rescatado a nuestro pueblo de la humillación y de la pobreza; haberlo visto acercarse –aunque sólo fuese fallidamente– a las grandes potencialidades que Lo Espiritual tiene, a lo que en otras épocas fueron Utopías que se creían irrealizables; en suma: a la posibilidad cierta de reforzar sustancialmente el Crecimiento Humano de nuestra gente; todo ello, Miguel Ángel, son logros que nos permitirán en el futuro desarrollar esas potencialidades… y nosotros, tú y nosotros, estaremos allí para verlo… y para ayudar o empujar.

No, Miguel Ángel, Venezuela no se acaba. Saldremos de esto, y saldremos con una inmensa ventaja sobre todos los demás pueblos del mundo, una grandiosa posibilidad que la vida nos ha regalado; este terrible desafío al que se nos somete, redundará en beneficio nuestro. Fíjate: quizás, a la venezolana, lo logremos sin sacrificar una gota de sangre de nuestro pueblo, si tenemos la paciencia y la sabiduría para saber combinar el voto y la protesta. Lo intentamos hace 55 años y lo logramos. Supimos poner el Alma de nuestra sociedad al frente de la batalla. Cuando superemos esta locura –que la vamos a superar, no lo dudes, ni te desesperes– seremos, si no la única, sí de las pocas sociedades que sabrán a fondo, existencialmente, lo que puede pasar cuando no se atiende de forma adecuada a las grandes masas de los hermanos más pobres, los que no tuvieron la suerte que tú y nosotros tuvimos. Gentes que siguen, por ahora, igualmente abandonados.

Cuando superemos esta loquetera –que será muy pronto– ya habremos aprendido mucho de las derrotas y de los fracasos. Y en ese estricto sentido, Miguel Ángel –y en la alegría de compartir contigo y con Él, este terruño maravilloso y sublime– permítenos regalarte un poema de uno de nuestros grandes bardos, Rafael Cadenas. Unos versos que fueron escritos hace ya muchos años, pero anticipándose precisamente a estos tiempos que ahora vivimos. Porque aluden, de manera por demás hermosa, al cómo es que las derrotas y las dificultades fortalecen el Espíritu.

MAXIM ROSS & EMETERIO GÓMEZ

VENEZUELA DESAPARECIÓ
ARTÍCULO DE MIGUEL ANGEL LANDA

Lo confieso: no tengo idea en donde estoy ni para donde voy. Las que fueron mis referencias para ubicarme en Venezuela han desaparecido. Es como volar en la niebla sin radio y sin instrumentos. Nací y crecí en Caracas pero ya no soy caraqueño: no me encuentro a mi mismo en este lugar convertido hoy en relleno sanitario y manicomio, poblado por sujetos extraños, impredecibles, sin taxonomía.

A lo largo de mi vida recorrí casi todo el país, lo sentí, lo incorporé a mi ser, me hice parte de él. Hoy no lo reconozco, no lo encuentro. El extranjero soy yo. Ocho generaciones de antepasados venezolanos no me ayudan a sentirme en casa. Nos cambiaron la comida, los olores de nuestra tierra, los recuerdos, los sonidos, las costumbres sociales, los nombres de las cosas, los horarios, nuestras palabras, nuestras caras y expresiones, nuestros chistes, nuestra forma de vivir el amor, los negocios, la parranda, o la amistad. Forzosamente nuestro cerebro y nuestro metabolismo se fueron al carajo, ese ignoto lugar carente de coordenadas.

Hoy somos zombis, ajenos a todo, letras sin libros, biografías de nadie. Nos quedamos sin identidad y sin pertenencia. Una forma muy ocurrente de expatriarte: en lugar de botarte a ti del país, botaron al país y te dejaron a ti. Hoy Venezuela agoniza en algún exilio, pero no en un exilio geográfico. No, Venezuela se extingue aceleradamente en un exilio de antimateria, sin tiempo ni espacio. Cualquiera sea el intersticio cuántico en donde se desvanece Venezuela, no podremos llegar a él.

El país desapareció de la memoria de las cosas universales; no existen unidades o instrumentos capaces de medir su extraña ausencia. No hay un cadáver que sepultar, ni sombra, huella, o testamento que atestigüen una muerte. Todo se perdió en un críptico agujero negro. Más que una muerte esto ha sido una dislocación en el espacio-tiempo.

Pronto se dirá: “¿Venezuela? Venezuela nunca existió.” Se me ocurre que en ausencia de muerte formal procede ausencia de llanto. Aquí no habrá velorio. La cosa no merece ni un palito de ron. Los pocos dolientes potenciales que pudieran darse, se irán poco a poco al mismo no-lugar en donde el país se escurrió para desvanecerse para siempre.

Extraño final para un país: no pudimos ni siquiera ser un Titanic y hundirnos con algo de tragedia y romanticismo. La elegancia no fue precisamente una de nuestras características como pueblo. No tendremos el honor lúgubre de ser Pompeya. No se hablará de nosotros como de Nínive o de Troya. Nunca podrá algún Homero contar que tuvimos un Aquiles. No seremos lana para tejer leyendas. Nuestro final solo nos dejará vergüenza.