Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
A ver, ¿cómo te explico? Victor Maldonado

Ya sé que todas las noches concluyen con la misma pregunta. ¿Mañana hay escuela? La respuesta, la sabes, es siempre la misma. No lo sé, amanecerá y veremos. Para ti es como el anticipo de una fiesta probable, un tal vez que te hace soñar con vacaciones, pijama y ese divagar por la casa, hastiado de un aburrimiento que sin embargo no te cansa. Para mí es la pesadilla de la desestructuración, y el pensar que un día perdido es un indicio fatal de esta apoteosis a la perversidad de un régimen que nos encierra en este mar calmo y sin brisa alguna que no nos lleva a ninguna parte.

Las noches están llenas de acechanzas. Las puertas dejan de tener sentido y los límites se evaporan sin eso que se llama seguridad jurídica. Tal vez sea demasiado pronto para que entiendas que los derechos no son otra cosa que un pacto precario entre el que tiene la fuerza y el que anda por la vida desarmado. Nuestros poderes dependen de la buena voluntad de un Gobierno que supuestamente está allí para resguardarnos del mal y no para provocárnoslo. Poder vivir, comer, tener, y mantener la intimidad inviolable del hogar se contradicen con eso que está pasando en la calle, con la desconfianza que acecha, y con el envilecimiento del espacio público, ahora lleno de delatores cuyas razones pueden ser tan primitivas como los celos, la envidia o el odio. La oscuridad rinde ahora para los allanamientos y la invención de procesos y culpas que dependen de la conveniencia del régimen.

No hay mañana. Estamos condenados a vivir al día. En eso consiste la precariedad de una sociedad sometida a la violencia. El miedo es un requisito para la sobrevivencia. Ser suspicaces puede hacer la diferencia entre seguir estando o no estar más. Nunca como ahora es recomendable seguir la conseja del Evangelio cuando Jesús invitaba a ser “mansos como palomas y astutos como serpientes”. En eso consiste la prudencia, en anticiparse, pero también en sacarle el jugo a la vida que nos ha tocado en suerte. El miedo es lo que nos hace valientes a la hora de defender y luchar por lo que nos parece justo, recto y noble. No te asustes por esas caras de pánico que muestran los muchachos que son cogidos por la represión. Tienen miedo, pero ninguno ha salido desollado de su dignidad. Salen de nuevo a luchar y a exigir ese futuro que yo te digo que busco para ti, pero que se esfuma detrás de esa oscuridad que depreda nuestras ganas de ser felices.

Si la vida te manda limones no aspires a tomarte una leche malteada. Y te lo digo porque leche o malta no se encuentran con facilidad. Pero también porque tenemos la inmensa oportunidad de aprender a adaptarnos. Celebremos lo que tenemos, y tal vez desde las carencias pueda parecer deslumbrante lo que es realmente importante. Estar juntos y practicar la disciplina del amor incondicional, acompañarnos en el largo camino del ir siendo, y mientras tanto, agradecer más que lamentar. En los últimos días he oído demasiadas veces la misma queja: ¡Eso no es justo! Y créeme que te entiendo. A tu edad todo es exploración, contactos e inicios. Todo lo contrario a este claustro bipolar que te somete a una experiencia de dos ambientes, la escuela y la casa, que se alternan para garantizarte ese encierro que tanto lamentas. Es que la calle ya no es ese espacio compartido, ese bien público, del cual todos podían participar. Se la ha engullido ese monstruo de mil cabezas que se llama violencia, y que le ha puesto un precio a todos. También a ti. Créeme, no podría sobrevivir a tu ausencia.
No todo lo que te enseñan es cierto. Somos más viejos que esta revolución, y esta bandera, la de ahora, ha tenido sus matrices. Antes de éstos, habían otros héroes, eso sí, mucho más auténticos y comprometidos. Entre 1830, fecha en que murió Bolívar, y 1998, año infausto del inicio de esta revolución, transcurrieron 168 años en los que hicimos muchas cosas, entre ellas, fundar una república civil y vivir esa experiencia por cuarenta años. No los perdimos, los acumulamos en obras públicas e infraestructuras que todavía usamos. Recuerda, astutos como serpientes, buscando los porqués, atreviéndonos a la valentía, disfrutando el momento.

A ver, ¿cómo te explico? No hay mañana pero sí hay futuro. Mientras tanto ocupemos el resto del día en hacernos más fuertes de carácter y más sabios. Te corresponderá dirigir este país, a ti y a millones como tú, que recordarán esta época solo para reafirmar esa repugnancia que ya sientes por el populismo y la retórica misticista que te niega la libertad y la suprema virtud de ser único, irrepetible, y en esa misma medida, trascendente.

VICTOR MALDONADO | NOTITARDE