Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Acarigua es una fiesta

Los valores ¡¡no están allí!!, en alguna parte, sino que hay que producirlos al instante

Cien personas inteligentes y ocho horas para hablar de Ética, ¿qué más pedirle a la vida? Agradezco a los promotores de estos talleres (Instit. Universit. de Gerencia y Tecnología; Wladimir Petit, su director; Ciro Chapón, coordinador; y a la CAF), el chance de discutir con la gente sus visiones de la Ética. Discutirlas, digo, porque no creo en eso de “Enseñar Valores”. Usted puede saber qué es la tolerancia y ser al mismo tiempo intolerante; puede tomar cursos intensivos de humildad y ser cada vez más arrogante. Porque conocer los valores no supone practicarlos; porque no se trata de conocerlos, sino de tener la fuerza espiritual necesaria para enfrentar las presiones que los retan. Porque si éstas no existiesen, ser “éticos” sería una papayita.

Pero, entonces, profe, ¿qué es la Moral, si no “el conjunto de principios y valores que nos rigen”? Bueno, yo diría que es, antes que nada, eso: ¡¡tener conciencia de la fuerza de las presiones que atentan contra los valores!! Arrancarnos decuajo esa creencia ingenua en que estos son absolutos, o sea, que no guardan una estrechísima relación con dichas presiones concretas; que éstas siempre podrán quebrarlos, por firmes que aquéllos sean. Es irresponsable inculcarle a la gente esa conseja antigua acerca del tenor absoluto de los valores. Cuando te secuestran un hijo, descubres que la Ética es plenamente relativa. Es aquella película, El avión presidencial, o algo así, en la que el primer mandatario de EEUU es secuestrado con su hija y en la que él pudo mantener sus valores, sólo porque era Harrison Ford. Conclusión: si no tenemos conciencia de las presiones que atentan contra nuestra moral, o sea, “si no sabemos dónde estamos paraos”, será difícil ser éticos en serio.

Vayamos entonces al otro de los dos elementos que mencioné al final del primer párrafo: que lo esencial no son los valores que uno pueda “tener”, sino la fuerza espiritual que los respalde cuando las realidades concretas (ya analizadas) presionen sobre ellos. ¡¡Porque dependiendo de la fuerza de esas presiones, así tendrá que ser de firme el Espíritu!! Que es en realidad, la verdadera fuerza de la Ética: no los valores que los padres nos sembraron en la infancia, ni los que la sociedad nos inculcó a lo largo de la vida, por vitales que todos ellos sean; sino la capacidad para rastrear en nosotros -en la profundidad infinita del Espíritu- lafuerza trascendente capaz de sostener esos valores “en las chiquiticas”.

Porque es allí donde se plantea el problema esencial de Lo Humano: en el salto de Lo Natural a Lo Trascendente, esto es, a lo Sagrado, a nuestra “Realidad Última”. Porque la moral nada tiene que ver con Lo Natural; no es algo que “esté allí”; como sin duda supongo cuando digo “es que yo tengo mis valores”; casi como si dijese “es que yo tengo mis brazos”, o “mis codos”. Los valores ¡¡no están allí!!, en alguna parte, sino que hay que producirlos al instante, ante las presiones que la realidad ejerce. Es en esos momentos que apelamos a la condición inescrutable e incognoscible del Alma (ese infinito que sin duda habita en nosotros y que nos conecta con la noción de Dios) a ver si en ella encontramos la fuerza espiritual trascendente que nos permita sostener nuestros valores.

Posdata: Al final, un joven me dice: “Todo eso está muy bien profe, pero ¿qué hago yo para desarrollar mi Espiritualidad?”. ¿Cómo contribuir con nuestros chamos en ese plano estricto de Lo Trascendente, Wladimir o Antonio Ecarri? Es decir, no ya en el plano de enseñarles nada, sino en el de sus propias Existencias.

http://emeteriogomez.wordpress.com

El Universal

domingo 11 de septiembre de 2011