Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Actos de repudio y guerra económica. Victor Maldonado

Una vez tuve la oportunidad de oír el relato de un acto de repudio. Fue hace unos diecisiete años cuando me lo contó uno de los líderes más conspicuos de la resistencia cubana. Oswaldo Paya, dirigente del Movimiento Cristiano de Liberación, me lo relató como una de las experiencias más terribles que había vivido su familia. Una noche cualquiera, su casa fue rodeada por una muchedumbre que comenzó a insultar, gritar consignas, manchar las paredes con pintura de aceite, intimidar a mujeres y niños lanzando piedras contra la fachada, rompiendo los vidrios, y usando altavoces para presentar a Oswaldo como un enemigo de la revolución cubana.

Los célebres CDR’s (comandos de la revolución) tenían entre sus atribuciones más monstruosas el poder emprender estos actos cobardes contra las casas y familias de los que osaran enfrentarse a la voluntad de los Castro. Y lo ejercían con una ferocidad que deja muchas dudas sobre la posibilidad que tiene ese pueblo de reponerse rápidamente de tantos años de infamia participativa y protagónica.

Viene a mi mente esa anécdota cuando me entero que cosas similares están ocurriendo en el país. Una central de trabajadores socialistas anunció recientemente que estaban preparando tomas contra las sedes de Fedecámaras, Consecomercio y Venamcham. Por supuesto que nadie se cree que iniciativas como esas no tengan patrocinantes. Los manifestantes de aquí (igual que en Cuba) llegan en flamantes autobuses cuando las tarimas, el sonido y las cámaras de televisión están perfectamente montados para transmitir el espectáculo. Las franelas especialmente confeccionadas para el evento demuestran la poca espontaneidad y el alto financiamiento. La conducta permisiva de policías y guardias nacionales son testimonio elocuente que el ventrílocuo es el alto Gobierno, que seguramente usará toda la trama para desplegar masivamente el mensaje más conveniente a sus intereses: “Que son los mismos trabajadores los que desenmascaran a los verdaderos protagonistas de la guerra económica que se está ejerciendo contra el pueblo” y que por lo tanto el Gobierno, legitimado por este apoyo, se verá obligado a tomar medidas radicales para salvar a la patria.

El Gobierno Nacional está entrampado. Se sabe al garete pero no puede imaginar la solución apropiada para salir del laberinto ideológico en el que están perdidos. No pueden reconocer que la economía dejó de funcionar porque está asfixiada de controles. Tampoco pueden decir que la revolución y los revolucionarios están carcomidos por la corrupción. Mucho menos van a mostrarse de acuerdo con que ni hacen ellos, ni dejan hacer a los demás, porque no hay garantía que esté vigente ni confianza que puedan invocar porque la verdad es que todo el Gobierno anda enredado en una trama para retener el poder al precio que sea. Por eso se han inventado esta guerra económica en la que supuestamente los organismos empresariales están involucrados. Ellos, que se quedaron en el país de comiquita imaginado por el arañero y sus cuentos, no pueden entender al país real y complejo que está extenuado de tanto maltrato. Es un problema de modelos mentales, de conjeturas, de hipótesis y acertijos que no caben en cabezas tan simples como las que piensan en términos de conjuras, complots, enemigos ocultos y teorías de la conspiración. En la cabeza de los que dirigen este Gobierno, el rincón de los desechos es el que los demás usan como recursos de la modernidad: (1) Que el que tiene todo el poder también ostenta toda la responsabilidad y por lo tanto ellos son de hecho los principales autores de este caos. (2) Que los problemas se resuelven atacando sus causas y no juzgando moralmente sus consecuencias. Pero ellos prefieren presentar el chivo expiatorio antes que cambiar una sola coma de su estrategia económica y política. (3) Que el arte de la política y de la economía es sustancialmente pragmático. Lo que funciona se mantiene y lo que no sirve se elimina. Pero ellos prefieren hundirse con los desechos galácticos de su revolución. Lo malo es que nosotros también.

El Gobierno podrá hacer todos los actos de repudio que quiera. Podrá tomar todas las sedes que desee. Total, ellos quieren ser la copia de lo peor del experimento cubano, la peor tragedia del Caribe, que nosotros repetimos como una farsa de tintes dramáticos. Pero ni Cuba ha mejorado su calidad de vida a través de las acciones de los CDR’s, ni nosotros sortearemos los obstáculos de una economía violada en todos sus principios, por más tomas que financien y patrocinen.

VICTOR MALDONADO ― NOTITARDE