Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Al borde del precipicio. Víctor Maldonado

De los errores más reiterados y funestos de la lucha democrática en los últimos 13 años, cuatro han resultado especialmente perniciosos: el menosprecio con el que hemos tratado al protagonista central de esta trama, la tentación de quedarnos con las cosas buenas de su proyecto político y económico, como si las tuviera, la condescendencia casi criminal con la que hemos tratado y asumido el neo-lenguaje autoritario, que usa al pueblo como eufemismo y excusa para violar derechos y garantías, y la obstinada negación de que detrás de toda esa parafernalia hay un plan muy bien trazado que nos conduce al comunismo. Por esas razones estamos aquí, al borde del precipicio.

Que caigamos definitivamente en el abismo depende de lo que hagamos ahora. Por lo pronto cabe recordar el apotegma debido a Max Weber que nos advierte que a una organización sólo se le puede enfrentar otra organización. La historia está llena de evidencias en las que montoneras son barridas por cuadros disciplinados, obedientes y sistemáticos. La debilidad de las montoneras es que no pueden asumir con eficiencia una división del trabajo que les permita atacar en simultáneo varios planos de la lucha política. Se reducen a estar en el campo de batalla del aquí y ahora, descuidando flancos estratégicos, desgastándose en el día a día, inhibidos del pensamiento sistémico e incapaces de adivinar cuáles serán las próximas jugadas del adversario. En tanto, continúa avanzando el plan de los otros, advirtiendo simplezas donde ellas se evidencien, y administrando sus propias debilidades a través de todos los mecanismos de compensación que tengan a la mano. Sun Tzu lo remarca: “Ser invencibles depende de uno mismo, la vulnerabilidad del enemigo depende de él”.

El presidente Chávez se presenta como “el candidato de la patria”. Aún peor, como “el corazón de la patria” para hacer irreversible el socialismo del siglo XXI. Nunca nos hemos dado por aludidos. Así pasó con el I Plan Socialista y con cada una de las leyes y decisiones que el régimen ha hecho aprobar para darle consistencia al poder comunal y/o al cerco empresarial, negando sistemáticamente la relación que estos dos ámbitos tienen con la instauración del comunismo. Nunca le creímos. Pensamos que debíamos aplicar la debida flexibilidad y ajuste, apostando en que al final siempre se enderezan las cargas, como si desde el método Chaaz no se iba a llegar fatalmente a la expropiación por cualquier causa. Una y otra vez asumimos la misma conducta ramplona de agachar la cabeza con disimulo y boato que se hizo célebre con la novela de “Il Gattopardo”, cuyo epílogo es patético al ser más que evidente que el plegarse sólo significó el final de su protagonista, su casa y su historia.

Tampoco nos hemos preguntado por qué ellos decidieron exacerbar el orgullo patrio y presentar un programa en el que la palabra “soberanía” se repite 44 veces, tantas como la palabra “socialismo”; la palabra “independencia” tiene 37 menciones, la palabra “participación” se cita 43 veces, y la palabra “hegemonía” se deja colar 5 veces, entre ellas para decir que no van a cesar en el esfuerzo de imponer la “hegemonía comunicacional para que en Venezuela se escuchen todas las voces”, que ellos no dudan en equivaler a la única voz del chavismo. Nosotros simplemente nos negamos a leer su programa, dejando pasar la oportunidad de hacer algo que es de suprema importancia en la guerra política: “atacar la estrategia del enemigo”. Por ejemplo, en la página 21 del citado programa el presidente Chávez grafica el comunismo que nos está ofreciendo al proponer nuevas formas de propiedad y nuevas formas de organización de la producción, distintas a la propiedad privada y al sistema de mercado. Eso es comunismo, eso es lo que el presidente advierte como “hacer irreversible su revolución”, porque cuando todos los bienes y servicios y cuando todos los empleos disponibles, dependan de este gobierno y de su lista de Tazcón, entonces será demasiado tarde para implorar libertad. Pero nosotros decidimos desestimar nuevamente al personaje, negar su plan y tratar de mimetizarnos con el mensaje socialista “no sea que las masas se resientan al creer que les vamos a quitar todo lo que han logrado con este gobierno…”

Entre otras cosas porque nosotros creemos y damos como cierta toda la propaganda gubernamental, esa que insiste en hablar y regodearse de la redención del pueblo y su empoderamiento. No importa si los barrios populares se encuentran tal y como los encontró esta revolución. No importa la inseguridad, el narcotráfico, la violencia, la informalidad y la oscilante pobreza. No importa que todo esto dependa de la renta petrolera. No importa, porque si nosotros lo creemos, estamos desarmados e inermes ante la verdad oficial.

En Cuba los cubanos también están esperando que Fidel pase a mejor vida. En eso llevan más de cincuenta años.

Víctor Maldonado C

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