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Alan García, Zelaya y López Obrador

23/08/09

Por: Emeterio Gómez

“Mucho más realista es asumir que Calderón es definitivamente ingenuo”

Uno sueña ilusamente con que Felipe Calderón haya tenido la suficiente habilidad política como para invitar a Manuel Zelaya, con todos los honores, a México. Habría sido una trampa genial: el ex presidente hondureño no iba a poder contener las ganas de reunirse con el ultraizquierdista López Obrador y, ZAS, lo expulsamos, nos diferenciamos por fin del ALBA y del Castrocomunismo.

Pero hay que ser de verdad soñador para ilusionarse con una fábula así. Mucho más realista -¡¡por increíble que parezca!!- es asumir que Calderón es definitivamente ingenuo. Y no ahora, sino desde aquel lunes inmediato al acertado golpe de Estado que sacó a Zelaya; desde aquella reunión del ALBA en la que el susodicho aceptó sentarse al lado de Chávez y de Raúl Castro ¡¡para defender la democracia!!

Y uno no puede menos que deprimirse -¡o maravillarse!- ante las bellas palabras de un diputado mexicano: “No entendemos cómo alguien que es recibido con honores responde con posiciones ideológicas como las de Hugo Chávez y su círculo de mandatarios populistas”. ¡¡Tan lindo cuchi, cuchi& una sonrisita para papá!! El buen hombre todavía cree que el clan de neocomunistas, nariceados por Chávez en el ALBA, son un “círculo de mandatarios populistas”. Por casualidad y dicho sea de paso ¿le suena conocida al lector esta hermosa incapacidad para caracterizar a Huguito? ¿No le evoca, por azar, a nuestros propios políticos quienes, hasta hace muy poco, se negaban a aceptar que él es comunista y que aun hoy se niegan a decirlo abiertamente?

Pero -regresando a México- el núcleo de este artículo no es Zelaya, sino López Obrador; y más aún la posibilidad de defender la democracia. Hace tres años Felipe Calderón le ganó las elecciones al aspirante castrocomunista, por un margen ínfimo: ¡¡0,57%!! México estaba dramáticamente dividido en dos toletes. De un lado la centroderecha, el capitalismo, la burguesía y las clases medias cultas, carentes por completo de un Proyecto de Sociedad capaz de confrontar al comunismo y, del otro lado, el resto del país, la inmensa masa pobre y excluida, liderada por una vanguardia anacrónica, antidemocrática por excelencia y utópica por definición.

Quince días después -hace tres años-, igualito o peor, ese peligroso drama se repitió en Perú. “Igualito o peor”, decimos, porque allí la democracia y la civilización se salvaron frente a la barbarie de Ollanta Humala, no por un 0,57% como en México, ¡¡sino porque en Perú había segunda vuelta y, sobre todo, porque -habiendo ganado Humala la primera- llegó de segundo el centroizquierdista Alan García y no la centroderechista, Lourdes Flores!!

América Latina, toda, está perfectamente escindida en esos mismos dos toletes de México y Perú. En cuyos países, en estos tres años, no se ha hecho mayor cosa para enfrentar el problema; no se ha hecho nada -forzoso es repetirlo- para desarrollar o al menos postular un Modelo de Sociedad capaz de enfrentar al neocomunismo. En Perú -con 20 años retraso- Alan García apela al neoliberalismo, a las formas clásicas del Capitalismo más tradicional, completamente agotadas hoy. ¿Cuándo, Dios mío, algún político latinoamericano -o venezolano-, uno solito aunque sea, para no morirnos de tristeza, descubrirá que la única forma de derrotar consistentemente, es decir, a largo plazo, al chavismo es introduciendo la ética en la Política? ¿Cuándo algún empresario latinoamericano, uno solito aunque sea, descubrirá que es necesario insertar profundamente y de verdad la moral -y no sólo la Responsabilidad Social- en el Capitalismo?

gomezemeterio@gmail.com