Los liberales defendemos tres derechos fundamentales: el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad. Es innegable que los saqueos significan una violación al derecho de propiedad privada, y por esta razón desapruebo en primera instancia lo que considero personalmente un acto vandálico, violento. Sin embargo, mi desapruebo no imposibilita o impide realizar algunas consideraciones económicas que buscan comprender – desde nuestra ciencia – a la conducta humana. En modo alguno deberá interpretarse lo siguiente como una justificación. Sí responde a la necesidad de comprender un poco más los fenómenos económicos y sociales.

Tanto la violencia como la planificación central son insostenibles en el tiempo. Por esta razón los saqueos no son la norma. Suelen ser vistos en la actualidad como hechos puntuales y excepcionales. Dado que no es un sistema sostenible, e incluso implica un alto nivel de riesgo que compromete la vida y la libertad de quien saquea, merecen especial atención las razones que promueven este tipo de decisiones, que en el caso venezolano se hace muy evidente ya que la calidad de vida sus ciudadanos roza la menesterosidad.

El saqueo al Hotel Portofino tuvo una particularidad que en realidad es común denominador en todos los saqueos, y va con el hecho de que los bienes saqueados no se circunscriben solamente al rubro alimentos, sino que se extiende a otro tipo de bienes. Esto genera una pregunta muy común. Y es que si estas saqueando por necesidad ¿por qué te apropias de bienes que en nada se vinculan con la alimentación o con la satisfacción de necesidades básicas? ¿Podemos atribuir esta peculiaridad solamente al pillaje y al oportunismo? ¿los saqueos son en este sentido un consenso de delincuentes? Para abordar estas preguntas conviene tener en consideración que los costos y riesgos a los que incurre el saqueador son los mismos si irrumpe una frutería o un hotel. Por lo que el cálculo económico decisorio o determinante para la toma de decisiones deberá estar en la valoración de los bienes a saquear y en sus costos de oportunidad [como por ejemplo el peso, la capacidad de carga, etc]. Los bienes no solo se aprecian por sus capacidades para satisfacer necesidades inmediatas [como ocurre con los alimentos], también se aprecian por sus valores de cambio en el mercado, y con ello, la mayor o menor oportunidad que se tiene para obtener otros bienes a cambio de estos. El oportunismo y el vandalismo disfrazado de hambre son insuficientes para explicar las razones por las cuales una persona saquea bienes suntuosos.

Una persona necesitada puede inferir que por medio de la venta de un bien de lujo obtiene el dinero suficiente para adquirir luego bienes prioritarios en una proporción mucho mayor. Este cálculo no es complejo, parte incluso del sentido común.

Un contrargumento que encuentro interesante a este planteamiento es que una situación de hambre extrema requiere de inmediatez, y la adquisición de muebles, maquinarias, equipos o electrodomésticos implica tiempo entre la ejecución de sus respectivas ventas y la compra posterior de lo que efectivamente haga falta para comer. Esta consideración merece otra pregunta ¿las personas esperan hasta el último momento para saquear o responden a sus expectativas racionales? Si las personas consideraran el saqueo como último recurso, entonces no tendría mucha utilidad apropiarse de bienes suntuosos, no sería económicamente muy racional. Si ocurre la segunda posibilidad, es decir, si las personas prevén un futuro mísero y comienzan areaccionar en consecuencia, entonces tomarán decisiones con el margen de tiempo necesario.Esta posibilidad le da un poco de sentido al hecho, reiterado, de saquear bienes que no satisfacen directamente necesidades básicas.

No es mi intención suponer que estas razones expliquen la totalidad de los casos. Habrá situaciones en las que muchas personas, en medio de una confusión social, aprovechen el caos a su favor y se apropien de lo ajeno sin encontrarse en una situación de precariedad. Sí es mi intención negar la postura que afirma todo lo contrario, es decir, que los saqueos no están motivados por la menesterosidad, solo por el hecho de que los saqueadores se apropian de bienes suntuosos.

Con relación a la imagen que acompaña este escrito: una máquina de escribir, un tobo de basura y una especie de mini cava es lo que logro percibir entre las múltiples cosas que la señora de buen vestir lleva consigo tras saquear un comercio durante el Caracazo.

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Fuente: @oscarjtorrealba

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