Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Amigos del dólar ajeno. Domingo Fontiveros

El Gobierno no tiene concepto para visualizar la enorme tragedia que está conduciendo.

La cacería de brujas está a millón. A estas autoridades que monopolizan todo el poder y se esmeran en ridiculizar a quienes no tienen ninguno, se les prendió el bombillo para resolver el problema del dólar libre, ése que no existía y que todos buscan para proteger algo de sus ahorros y de su futuro. Secar la oferta es la solución inventada. Sin oferta no hay mercado y sin mercado no hay problema.

¡Vualá!, diría un francés; tan simple es el asunto y a nadie se le había ocurrido.

Si aplican semejante idea, el cambio subirá hasta dejar atrás al sistema solar. Pero el Gobierno habrá logrado que se cumpla su doctrina aunque ello lleve a la ruina. Porque si algo está claro en medio de esta vorágine en que se ha convertido el país cotidiano, es la insondable incapacidad administrativa de un régimen que agrega su enorme cuota de incompetencia a la terrible ineficiencia de su periclitado modelo socialista.

Más temprano que tarde iba a ocurrir. La estatización de las empresas básicas ha servido para incrustar lacayos en sus mandos y arrasar con la capacidad productiva que estaba funcionando y quebrar los balances como cortesía del régimen cambiario. La proliferación como acures, con cargo al presupuesto nacional ya exhausto, de organismos públicos y sus churriguerescos acrónimos, ha servido para exhibir banderas y franelas rojas, de tela importada cortesía del régimen cambiario, y no para solventar las crecientes carencias de una población sedienta de servicios públicos. El acoso a la empresa privada, utilizada para arrinconar a los que fueron grandes y pequeños emprendimientos de inversión, trabajo e innovación, y siempre con propósitos panfletarios ulteriores, ha convertido a la actividad económica normal y decente en un campo minado lleno de riesgos adonde sólo se atreven los más osados y apoyados sujetos con aspiraciones gigantes de ganancia rápida y líquida.

El termómetro cambiario, donde el mercurio sube como la espuma, ha terminado por desvestir toda la farsa que, medios de comunicación mediante, quiso y todavía quiere, montar el burocratismo socialista.

El Gobierno no tiene concepto para visualizar la enorme tragedia que está conduciendo y la brújula que creyó tener muestra una aguja dando vueltas locas que lo dejan desquiciado. Más que un gobierno, el actual se ha convertido en una imprenta de consignas que divulga en cuanto artefacto tiene tecnológicamente disponible, llámese radio, TV, tuiter, mensajería, etc.

Causa amargura conocer cómo a personas sencillas se les somete al escarnio público con la excusa de escudriñar ilícitos cambiarios en las fronteras nacionales, mientras se esconden los grandes beneficiarios de un régimen cambiario artificial y destructivo. Puede ser que alguno sea descubierto haciendo “trampa” por $5.000, pero el tramposo de $5, 50 o más millones nunca es descubierto. Esta es la justicia socialista, según dicen las informaciones.

En realidad, el tipo oficial de 6,30 está para ayudar a los “amigos”, no para el uso de los demás. En otras palabras, es una trampa cazabobos, conocida sólo por quienes tienen sus enchufes bien colocados.

Así funcionan las cosas cuando las reservas internacionales que son del país son manejadas como si fueran propiedad “socialista” de las autoridades de turno.

DOMINGO FONTIVEROS ― EL UNIVERSAL
dfontiveros@cantv.net