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Amuay: la lección más importante. Daniel Lahoud

Quien no haya sido empresario y, además, no le corresponda, no puede regular eficazmente nada
La lección más importante que debemos aprender los venezolanos del accidente de Amuay -si es que puede llamarse accidente a la falta de mantenimiento que tiene que hacer toda gerencia responsable- es que el Gobierno, y no hablo sólo del actual, sino de todos los gobiernos, no puede tomar el lugar que le corresponde a la empresa privada en su función empresarial. Si quienes explotan el petróleo en Venezuela fuesen empresas privadas, ya habría un gerente o un grupo de gerentes y directores presos, porque no existirían excusas, como siempre sobran y sobrarán en cualquier sistema en el cual el gobierno se dedica a aquello que no sabe ni aprenderá nunca a hacer.

Privatización es una palabra que en Venezuela tiene un significado demoníaco pues equivale a especulador. Desde nuestra más tierna infancia nos enseñan que los recursos naturales debe explotarlos el Estado. Con esa tontería hemos creado un monstruo inmenso e inepto que es propietario de industrias petroleras, nucleares y agencias aeroespaciales. Los gobiernos serios sólo hacen de policía, para lo cual cuentan con muy buenos gendarmes que sí atrapan a los que delinquen y evitan que ocurran crímenes. Sus autoridades no negocian con pranes para conseguir favores. Cuentan con sistemas de justicia autónomos que castigan severamente a los delincuentes. Pero, también, comprenden que el ser humano puede cambiar y hacerse útil a la sociedad. El Gobierno, asimismo, debe proporcionarles salud y educación a quienes no pueden pagar esos servicios, así como velar por el buen resultado de las inversiones públicas que realice el sector privado.

Otro prejuicio muy arraigado y dañino es el que considera que si un negocio lo maneja algún particular, este va a enriquecerse porque es un especulador. Ojalá esta persona se haga muy rica para que siga invirtiendo y proporcionando trabajo, y haciendo lo que debe hacer un empresario: ser útil a la sociedad abriendo fuentes de ocupación. Valioso es quien produce ya sea como trabajador o como empresario.

Si quiero algo para mi consumo, voy al abasto de la esquina, gerenciado por un comerciante mucho menos poderoso que el Gobierno, pero que sabe mantener surtido su negocio. Ese comerciante, capaz de competir con un gobierno rico -pero, inepto para importar como lo hace un empresario particular- es un gerente que se las arregla para tener su negocio mejor surtido que el monopolio llamado Pdval.

Debemos cambiar nuestra forma de pensar para que seamos exitosos. Tenemos que privatizar todo aquello que el Gobierno es y será incapaz de gerenciar. Hay que dejar que los empresarios generen el máximo de productos para que Venezuela recupere la ruta que perdió hace años, cuando al Gobierno se le ocurrió que podía planificar y gerenciar como si fuese un particular.

Para que esto ocurra, hay que reducir los impuestos. No podemos competir con ningún país en materia de inversión con las tasas impositivas más altas de la región. Y no me refiero a los empresarios extranjeros, sino de empresarios en general, porque ni los venezolanos, y mucho menos los foráneos, invierten cuando los tributos son elevados y la incertidumbre por la intervención y los controles es tan acentuada. Por cierto, ¿alguien conoce algún país que crezca con impuestos elevados? Los altos tributos pueden justificarse en los países ricos, que ya alcanzaron niveles elevados de desarrollo y ya no crecen sino a un ritmo de 1% anual. Venezuela requiere crecer al doble o al triple de su aumento poblacional, de lo contrario vamos a ser eternamente pobres. Para desarrollarse solo existe una manera: crear riqueza privada. Tenemos cincuenta años expandiendo el sector público y lo único que producimos es más pobreza y mayores monopolios públicos.

Amuay -es decir, Pdvsa- Sidor, las cementeras, el sector eléctrico, representan la prueba inconfundible de que estamos equivocados y que la única rectificación posible es que cada quien se dedique a lo que tiene que saber hacer. Cinco décadas de desaciertos nos obligan a reflexionar. La democracia sólo puede ser estable en un país en el cual se genera riqueza. Seguir promocionando la expansión del sector público es apoyar un modelo que lo único que logra es generar pobres.

Hay que entender que ningún gobierno puede hacer de empresario. Quien no haya sido empresario y, además, no le corresponda, no puede regular eficazmente nada. Mientras más rápido aprendamos esta lección, menos vamos a sufrir y más vamos a desarrollarnos.

cedice@cedice.org.ve

@cedice

DANIEL LAHOUD | EL UNIVERSAL
lunes 10 de septiembre de 2012 12:00 AM