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Animalidad profunda vs. Espiritualidad. Emeterio Gómez

¿Cómo puedes tú, Emeterio, dictar talleres de ética, con una visión tan despectiva de ésta?

Una airada -e inesperadamente ofensiva- discusión con un par de amigas. El tema: ¿cómo puedes tú, Emeterio, dictar talleres de ética, con una visión tan despectiva de ésta? Pero ¿de dónde sacan ustedes que yo tenga una visión despectiva de la ética? Es obvio, pana, a cada momento lo dices, de mil formas: que los valores no existen, que son ficciones; que el Ser Humano, por muy sólidos principios que tenga, siempre podrá traicionarlos. Que todos los valores que nos inculcaron en la infancia y en el hogar son rápidamente barridos por las presiones que la vida nos impone; que tengas los valores que tengas, la complejidad de la realidad siempre podrá quebrártelos; que la Instintividad, el Inconsciente y la Animalidad pesan más en nosotros que la Espiritualidad, la noción del Bien de Platón, el Ser de Aristóteles y el Amor al Prójimo del Cristianismo. Con esa visión tan absolutamente relativa de los valores, Dr. Gómez, ¿cómo puede Ud. andar dando talleres de ética? ¿De verdad no le parece un tanto deshonesto? Que fue -por supuesto- la ofensa que más dolió.

Nada de eso, señoras, lo deshonesto es exactamente lo contrario: asumir que los valores son absolutos, que no dependen de las circunstancias, que si los “flexibilizamos” se nos diluirán por completo. Lo lastimoso es creer que por eso -por la Relativización de los Valores- es que el mundo ¡¡y el Ser Humano!! han llegado a ser la lamentable mentira que somos. Deshonesto es este fingimiento en el que todos vivimos, simulando valores (absolutos), hasta que la realidad nos pone ante un verdadero dilema moral que nos lleve a descubrir el sentido trágico más profundo de lo humano, el núcleo de mi taller: que en determinadas circunstancias ¡¡con exactamente nuestros mismos valores!!, podemos hacer una cosa o estrictamente la opuesta: robar o no, matar o no, perdonar una ofensa o no, divorciarnos o no. Lo único honesto, señoras, es hacerles ver a los participantes en los talleres, que el verdadero problema de la Moral no son los valores que uno “tenga”, sino las presiones bestiales que la realidad puede ejercer sobre ellos; que cuando te secuestran un hijo, no puedes pagar el rescate y empiezas a recibir cada día una yemita de sus dedos, ¡¡tú verás qué haces con tus valores!! Y le pongo comillas al verbo “tener”, porque con frecuencia decimos “¡¡es que yo tengo mis valores!!”, con el mismo énfasis y la misma firmeza que decimos “yo tengo mis camisas, mi páncreas o mis rodillas”, como si los principios éticos fuesen cosas que “se tienen”.

Lo terriblemente deshonesto, respetables damas, es reforzarle a la gente esa visión hiperoptimista e ilusa de Lo Humano que la civilización occidental nos ha inculcado: la Filosofía griega, por un lado, y el Cristianismo, por el otro. Aquélla, con el propio Platón a la cabeza, haciéndonos creer que el Bien es la idea central alrededor de la cual nos constituimos; la soberana estupidez de que “el Hombre es bueno por naturaleza”. Y éste, el Cristianismo, inculcándonos la idea -igualmente ilusa- de que Amar al Prójimo es facilito, casi otra “Realidad Natural”. Ambos, Platón y Jesucristo (más Kant), ocultándonos que el peso de la Animalidad y de los cientos de miles de años que vivimos con las bestias (y como bestias) cuentan o pesan tanto como en realidad pesan. Haciéndonos creer que el lastre de esa profunda Animalidad, de esos cientos de miles de años que vivimos como Homo Carroñensis, se puede contrapesar con diez mil añitos de cultura, tres mil de Filosofía, dos mil de Cristianismo y ¡¡apenas cuatrocientos!!, de Modernidad.

gomezemeterio@gmail.com

EMETERIO GÓMEZ | EL UNIVERSAL
domingo 22 de julio de 2012 12:00 AM