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Apaguen las cadenas. Andrés Guevara V.

La relación entre los medios privados de comunicación y el gobierno venezolano ha sido amarga. Los episodios de RCTV, el Circuito Nacional Belfort (CNB) y el antiguo Globovisión (por solo citar algunos) así lo confirman. Sin embargo, no es el gobierno venezolano el primero ni el último que tendrá una relación tensa con los medios de comunicación.

En la medida en que los medios saquen los trapos sucios del poder al sol, sirvan de confesionario a la sociedad para recitar los pecados de sus gobernantes, siempre constituirán una piedra en el zapato. Después de todo, están cumpliendo una función que los gobernantes detestan: limitar el poder.

El gobierno venezolano, sin embargo, ha encontrado distintas formas para obstaculizar la función guardiana de los medios de comunicación. Entre la gama de tácticas estatistas, existe una de prolongada raigambre en nuestra historia: las cadenas.

¿Cuál es el origen de las cadenas? Filosóficamente, la idea de que el buen Estado, con el objeto de velar por el bien común y el interés general de los venezolanos, debe tener el poder suficiente de divulgar una determinada información que sea de sumo interés para la población. Desde el punto de vista jurídico, el Estado tiene la competencia para regular las telecomunicaciones y administrar el espectro electromagnético en Venezuela.

Como en casi toda obra gubernamental, las cadenas se han empleado para los fines e intereses de los gobernantes: desde un desfile militar cuartorepublicano hasta la imagen del fallecido Hugo Chávez manejando un tractor en su Barinas natal durante una campaña electoral.

Indistintamente del partido del gobernante de turno, las cadenas son un instrumento de acción política cuyo fundamento estriba en el poder coactivo del Estado y en las injustificables atribuciones que tiene el gobierno sobre el sector de las telecomunicaciones en Venezuela.

No unirse a una cadena constituiría una especie de sacrilegio. La muerte segura del medio, acompañada además de sanciones legales. Adicionalmente, como en toda decisión política, existen consecuencias económicas derivadas de las cadenas.

Los medios privados son empresas que no escapan a la lógica económica que constituye el intercambio de bienes y servicios. Cada cadena emitida por la discrecionalidad del gobierno afecta la actividad económica y las obligaciones que los medios tienen con sus clientes, trabajadores, deudores y, por supuesto, con su audiencia. Tal vez sea esta última la más afectada porque las cadenas impiden la libertad de elegir qué escuchar o ver. Una decisión tan simple y a la vez tan significativa. ¿Es que acaso la vida del individuo no consiste en una constante elección?

Preocupa que se piense que las cadenas sean un problema únicamente ligado al Gobierno venezolano actual. Por el contrario, cualquier cadena debe ser condenada. Incluso aquellas de quienes hoy se encuentran en la oposición. Nos guste o no, los políticos de oposición, una vez en el poder, también tendrán intereses y apetencias que no necesariamente sean cónsonas con el resto de la sociedad.

Que se acaben las cadenas, sin importar quién gobierne.

TRINCHERA LIBERAL

ANDRÉS GUEVARA V. ― NOTITARDE