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Apátridas, saboteadores y vendidos. J. Toro Hardy

Pdvsa habría perdido tres décadas y volveríamos a la época en que no contábamos con mercados propios.

Como venezolano me veo obligado a manifestar mi más profunda preocupación por el impacto que la reciente decisión del Ciadi tendrá sobre nuestra patria en el caso Conoco Phillips.

Regresemos varios años atrás para poder analizar la situación:

Hacia el año de 1990 se hacía evidente que Venezuela contaba con grandes reservas de gas natural no asociado en las costas de Paria y Araya y a la vez con una enorme riqueza, quizá la más grande que tenía el país, representado por la mayor acumulación de crudos conocida en el mundo: se trataba de la Faja del Orinoco.

Era evidente que había llegado el momento de aprovechar aquellas riquezas para superar las dificultades que el país confrontaba; sin embargo, deseosa de acogerse plenamente al orden constitucional, Pdvsa decide explorar a fondo los mecanismos legales a su disposición.

Para ello Lagoven, filial de Pdvsa, recurre a la Corte Suprema de Justicia en 1990 pidiéndole definir las vías para poder llevar adelante un proyecto para la explotación de gas natural que llevaría por nombre Cristóbal Colón.

En una enjundiosa ponencia del magistrado Román Duque Corredor y aprobada unánimemente el día 23 de abril de 1991, la Corte abre el camino que permitiría a Pdvsa llevar adelante la llamada Apertura Petrolera, de forma que se ajustase plenamente a las exigencias constitucionales y legales establecidas en Venezuela.

Varios mecanismos quedan así definidos: el de las Asociaciones Estratégicas (con el cual se suscribieron los contratos para la Faja del Orinoco -entre ellos Cerro Negro y Hamaca con Conoco Phillips- y el Cristóbal Colón), el de los Convenios Operativos para la explotación de campos marginales y el de los Convenios de Utilidades Compartidas.

Comienza así un intenso proceso de negociaciones que llevaría casi una década y que se conoció como la Apertura Petrolera en el cual, según fuese el caso, se llevaron previamente al Congreso Nacional las bases de negociación, se realizaron licitaciones, se sometieron los contratos mismos a la ratificación del Poder Legislativo; es decir, se cumplieron con todos los extremos legales).

Ocurrió sin embargo que un grupo de venezolanos encabezados por Luis Vallenilla y Alí Rodríguez Araque pidieron a la Corte Suprema de Justicia la nulidad de todos los contratos. Eso ocurrió durante el gobierno de Rafael Caldera.

Algunos años después, ya durante el gobierno de Hugo Chávez, la Corte Suprema de Justicia -en ponencia de la Dra. Cecilia Sosa quien era su presidenta- ratifica la legalidad de todos los contratos, si mal no recuerdo con el solo voto salvado de la suegra del actual presidente de Pdvsa.

Parecía pues que todos los extremos legales se habían cumplido. Sin embargo durante el gobierno de Chávez se modifica la Ley de Hidrocarburos y se le pide a las empresas que habían suscrito contratos con Pdvsa que acepten una modificación de sus contratos o bien que se retirasen del país. Muchas aceptaron pero otras, como es el caso de Exxon Mobil y Conoco Phillips, no lo hicieron.

En vista de que Pdvsa no se puso de acuerdo en cuanto a la indemnización que solicitaban, estas decidieron recurrir a un arbitraje ante el Ciadi del Banco Mundial.

En el caso del Conoco Phillips el tribunal de arbitraje acaba de decidir en contra de Pdvsa, aunque aún no se ha definido en monto de la indemnización.

Quizá lo que salve a Venezuela es la prudencia que tuvo la Pdvsa meritocrática al establecer en el contrato que a los efectos de cualquier divergencia futura, las indemnizaciones se establecerían en base a un precio de $28 por barril y no al precio actual superior a los $100/b.

Con profunda preocupación he visto declaraciones dadas a la prensa por Bernard Moomer alegando que Pdvsa ofreció sus refinerías en EEUU en pago por concepto de indemnización. Si ese fuese el caso, Pdvsa habría perdido más de tres décadas y volveríamos a la época en que no contábamos con mercados propios para nuestros crudos pesados.

Gracias a esas refinerías hemos sido capaces de llevar nuestro petróleo desde nuestros yacimientos hasta los tanques de los automóviles en EEUU utilizando todo el tiempo instalaciones venezolanas y agregando valor en cada uno de los eslabones de la cadena.

Si eso llegara a ocurrir, los venezolanos sabremos quiénes son los verdaderos apátridas, saboteadores y vendidos.

JOSÉ TORO HARDY ― EL UNIVERSAL
pepetoroh@gmail.com
@josetorohardy