Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Aquella fuente de poder y violencia. Eugenio Guerrero

Quienes concedieron permiso al Gobierno para ejercer control son también partícipes en la debacle.

Podríamos, de entrada, dar por sentado que el ejercicio de la violencia es una conducta profundamente antisocial. No nos costaría demasiado rechazarla junto con sus derivaciones y formas de manifestarse, tales como la coerción y la imposición. Podríamos, también, entender con cierta certeza que la historia del hombre libre se ha basado -en gran parte- en combatir la voluntad arbitraria de unos sobre otros, promovida por la coacción desde cualquier espacio y, en especial, desde el poder. Pero si nos sometemos a un examen reflexivo y enunciamos qué basamento ha tenido, tiene y seguirá teniendo el Estado, ese es el de la violencia; desde el poder, mas no como un ente independiente, sino, como diría Max Weber, como “una comunidad humana que, dentro de determinado territorio reclama -con éxito- para sí el monopolio de la violencia legítima”. Importante definición para aterrizar la discusión en que quienes desde el Estado detentan el poder, son seres humanos siempre con ambiciones personales y que en esa posición de ventaja que los ciudadanos les otorgan al entregar parte de su libertad para ser gobernados, ellos -los del gobierno- no tienen otra cosa que los más perversos incentivos para perseguir sus fines, instrumentalizando a otros a través de esa “violencia legítima”.

Individuo

El Nobel de Economía en 1974, Friedrich von Hayek, se acercó considerablemente a este problema aseverando que: “La coacción es precisamente un mal porque elimina al individuo como ser pensante que tiene un valor intrínseco y hace de él un mero instrumento en la consecución de los fines de otro”. Entonces, difícil no es darse cuenta -y aún más en nuestra situación actual- que mientras más grande es un Estado y sus atribuciones, más pequeño es el individuo y su libertad, de eso no hay lugar a dudas. Pero, lo más alarmante del vital asunto en discusión es la estatolatría de millones que buscan en el Estado -fuente de violencia y coacción- esta condición “Estado-dependiente” para asegurarse un pedazo de la torta que se les quita a otros. Una especie de filosofía del robo institucionalizado por el voto de una mayoría que lleva al poder a quienes pueden cumplir sus más perniciosos deseos.

A plena luz del día constatamos las consecuencias de esa delectación irresponsable por el incremento del poder del Gobierno: una sociedad envuelta en unos niveles de violencia exacerbados; el financiamiento criminal a bandas organizadas de delincuentes para intensificar el terror e imponer la visión de la élite del partido gobernante, en medio de la impunidad acompañada de cañones, balas y arrogancia; un desaguadero fiscal donde el alto ingreso de divisas por la exportación petrolera no es suficiente para honrar los compromisos internacionales; un Estado que pretende ser omnipotente, sostenido con el petróleo que nos pertenece y con los impuestos que nos saca diariamente del bolsillo para financiar la más cruenta represión a miles de jóvenes que salen a las calles en defensa de la libertad y el respeto a la autonomía; adoctrinar a miles de niños con esa estafa emocional que representa el socialismo (de todas las épocas); un nivel de deuda que promete hipotecar el futuro de las nuevas generaciones y que erosiona vilmente las esperanzas de mejora; la constante burla del ahorro de la ciudadanía al punto de inflar la masa monetaria -en 71% en 2013- y destruir los sueños de prosperidad, provocados por las decisiones arbitrarias de un monopolio público llamado Banco Central de Venezuela, que se sirve de la confianza de muchos ingenuos para las descabelladas pretensiones de esos políticos de financiar sus más alocados e insostenibles proyectos.

Responsables

Sería cómodo acusar sólo al Gobierno de su natural dinámica cuando concentra poder y eximir de culpa a quienes son también importantes responsables que las cosas marchen como hoy. Quienes le concedieron el permiso al Gobierno para ejercer un control totalitario sobre la ciudadanía son también partícipes en la actual debacle.

Es por ello que la creencia en la libertad es inseparable del deseo y búsqueda de limitar el poder del Gobierno. Así es la filosofía de los países más libres y prósperos. Además, la razón de que los hombres instauren o acepten gobiernos es para proteger derechos anteriores a la existencia del Estado, y no que éste concede. Si el Gobierno llega a exceder los límites a los que está sometido, la rebelión está justificada. “La obligación de un patriota es proteger a su país de su gobierno”, decía Thomas Paine. Entonces, si somos coherentes al rechazar la violencia, empecemos rechazando la desmesura del Estado: aquella fuente de poder y violencia.

EUGENIO GUERRERO | EL UNIVERSAL
cedice@cedice.org.ve
@cedice