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Argelia: la primavera exhausta. Álvaro Vargas Llosa

Es triste decirlo, pero si en Argelia hubiese habido hace pocos días elecciones verdaderamente libres, en lugar del fraude perpetrado por el gobierno, habría ganado el islamismo radical y violento. El mismo que en 1992, encarnado en el Frente Islámico de Salvación (FIS), iba a ganar la segunda vuelta cuando el golpe de Estado lo impidió. Desde entonces, una década de violencia que costó 200 mil vidas y una sucesión de fraudes y democratizaciones mentirosas han dejado a la población exhausta y cínica. Por eso una mayoría de los 21 millones de votantes aptos, más de 57 por ciento, se abstuvieron en los comicios argelinos que acaban de celebrarse.

Para la pregunta de por qué Argelia es el único país donde no llegó la ‘primavera árabe’ en el Norte de África, sólo hay una respuesta posible: porque ya había llegado mucho antes. Si entendemos por “primavera árabe” una combinación de repudio a dictaduras militares nacionalistas, ascenso islamista, juventudes exasperadas y minorías liberales, Argelia la tuvo hace una década. Cristalizó en el fanatizado FIS y fue derrotada. En diciembre de 2010, poco antes de que en Túnez se iniciara el dominó que daría en llamarse la actual ‘primavera árabe’, hubo disturbios en Argelia que habrían podido significar una especie de segunda vuelta de la versión argelina. Pero el régimen sofocó el intento.

Que las elecciones recientes fueran una operación del gobierno para legitimar las cambios cosméticos que ha hecho obligado por los acontecimientos del último año en el mundo árabe no significa que no hayan tenido significación alguna. La abstención mayoritaria a pesar de que el autócrata Buteflika sacó a los imanes que dependen del Estado para amanezar a la población con castigos divinos si no participaban indica que toda la estrategia del gobierno es precaria. Ni la violencia de los años 90´, ni los islamistas a los que cooptó en tiempos recientes, especialmente los del Movimiento de la Sociedad por la Paz (MSP), ni el hecho de haber legalizado a 21 partidos y permitido que 7 grupos islamistas moderados participaran en los comicios han logrado vencer las resistencias de una mayoría que en silencio le expresa su rechazo. Y que los moderados de la Alianza Argelia Verde y de El Adalá, las dos fuerzas legales principales del mosaico islamista, no hayan podido vencer las resistencias de esa mayoría silenciosa a pesar de su intento por hacer guiños a los votantes del prohibido FIS indica que si se hubiera permitido participar a los radicales probablemente ellos habrían ganado.

En cualquier caso, lo que interesa a Buteflika es controlar la Asamblea y la Constitución que ella redactará. Para eso no tendrá problemas porque el Frente de Liberación Nacional, su partido, y la Unión Nacional Democrática, el partido del primer ministro, tienen la mayoría parlamentaria necesaria (220 escaños el primero y 68 el Segundo, de un total de 462). Aunque no lo necesiten estritamente hablando, cooptarán a islamistas moderados gracias a la atomización que el propio régimen ha provocado legalizando a 21 partidos nuevos (otra veintena ya existía). Los primeros candidatos a la cooptación son los de la Alianza Argelia Verde, varios de cuyos cuadros ya formaron parte del gobierno, por más que ahora denuncien el fraude que diversas organizaciones locales y observadores extranjeros han denunciado también.

Dicho esto, lo único que va a crecer en Argelia es el radicalismo. En lugar de fortalecer a los islamistas moderados y marginar a los radicales, el fraude del régimen militar abona en favor de la tesis, defendida por los ex miembros del FIS, de que no tiene sentido trabajar dentro del sistema y esperar de las autoridades resquicios para participar provechosamente en él. Quizá el gobierno lo sabe y lo que le interesa es seguir legitimándose por oposición a ese radicalismo. Pero ya hemos visto en otros países árabes que esa estrategia tiene patas cortas.