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Argentina: Retrato de un relato – por Guillermo Hirschfeld

En la República Argentina, gobernada por Cristina Fernández, a los delincuentes comunes se les permite salir de prisión para participar en actos políticos orquestados desde grupos vinculados al poder político. Bajo ese esquema de locura quien cometió un delito se convierte en militante de la causa que dice gobernar la nación.

En la República Argentina, gobernada por Cristina Fernández se adoctrina a los niños en las escuelas primarias por medio de grupos de ultraizquierda. Se trata de “La Cámpora”, en realidad un brazo de jóvenes oportunistas que en su mayoría conforman una casta de nuevos ricos a los que les gusta jugar a la revolución, financiados con dinero ajeno que proviene de las arcas del gobierno. En este caso, el sistema sin compasión avanza en intentar licuarle la cabeza al recurso más preciado y vulnerable que puede tener una sociedad: los chicos. Despreciable.

En la República Argentina, gobernada por Cristina Fernández, se amedrenta por TV y en cadena nacional a periodistas y medios de comunicación “díscolos” en un ejercicio contrario a cualquier sistema que se precie de ser democrático. Ahora, la libertad de expresión, la más protegida por la Constitución Argentina es vulnerada de manera flagrante y con total impunidad. En esa tragicomedia perversa se realizan conferencias de prensa en las que los principales funcionarios hablan en cadena nacional como si estuvieran dialogando en una sórdida pizzería. El modelo ya no solo repugna éticamente, también produce una nausea estética.

En la República Argentina, gobernada por Cristina Fernández, se narcotiza mediante dadivas, “premios” y prebendas a opinadores revestidos como profesionales del periodismo sólo por poner la voz impostada y gruesa para defender lo indefendible, desde la falsa autoridad que muchas veces les otorgan las credenciales de un pasado ficticio de lucha por los derechos humanos, porque como bien recuerda el valiente periodista Jorge Lanata muchos de ellos bajaron de sierra maestra hace quince minutos.

La cooptación de voluntades es otro de los tentáculos de este pulpo de la pampa. Así las cosas, la violencia está descontrolada, los ciudadanos no pueden hacer con el dinero que ganan más allá de lo que el poder les indica, la inflación es brutal y en el último eslabón de la Chavización se ha iniciado un peligroso proceso de criminalización de la oposición francamente preocupante. Es una “joyita” el relato. Es “completito” el panorama en un país que tiene todo para ganar y para poder subirse a un tren lleno de oportunidades que le ofrece tanto el mundo como los tiempos que soplan para consolidar un sólido desarrollo sostenible.

Pero, lamentablemente el modelo ya contiene todos los vertidos tóxicos del populismo radical, irresponsable y desnortado (que afortunadamente es marginal en una América Latina donde lo que prima es sensatez, moderación y cordura). Sin embargo, en la Argentina gobernada por Cristina Fernández, esos tres vocablos están ausentes.

Desde el poder, y con fórceps se intenta fracturar al país en mitades que no obedecen a la realidad. Para ellos se trataría de izquierda o derecha, de ricos o pobres, de revolucionarios o reaccionarios, conservadores y neoliberales. Sin embargo la única verdad es la realidad y ésta, es otra. La nación si está fracturada, eso es cierto, pero en mitades que nadie desde el poder quiere pronunciar, porque no es funcional para un discurso político que no oculta que quiere “ir por todo” – básicamente quedarse con lo ajeno para gastarlo – eso sí, son bastantes sinceros porque de hecho lo dicen.

La Argentina está partida entre aquellos que cumplen la ley y aquellos que están al margen de ella. Este fenómeno trasciende clases sociales, niveles económicos, profesiones e ideologías. Hay, por un lado ladrones, chorros, corruptos, homicidas, impunes y, por otro, millones de argentinos que se despiertan todas las mañanas para ir a trabajar, llevar la comida a su casa, educar a sus hijos, proteger a su familia y en definitiva son los que logran que el país sobreviva a la barbarie. Esas son las dos argentinas. Lo otro es verso, inventos, cuentos chinos para intentar engañar a un pueblo que no va a dejar ser víctima de una mentira tan grande mucho tiempo más.

Desde el poder se habla del relato para describir la sucesión de desaguisados que representa la supuesta narrativa política que sostiene el modelo que llevan a cabo. No deja de ser una caricatura grotesca que incorpora elementos del más variopinto pelaje que van desde un esnobismo político frívolo, que provoca urticaria, pasando por una corrupción galopante hasta componentes que recuerdan a las peores pesadillas del siglo XX. El relato es una gran mentira en Argentina. Una mentira que soslaya problemas acuciantes. Violencia, Inflación, falta de libertad, suma y concentración de los poderes públicos.

Con la furia en el corazón y de forma increíble, los que queremos a este gran país nos encontramos con que la Argentina que tiene alimentos para darle comida a diez Argentinas, hoy está envuelta en un modelo de naturaleza cleptocrática que se apropia del Estado mediante una combinación de corrupción, coacciones y un capitalismo “de amigotes” al servicio de quien está cerca del poder. Solo el tiempo nos dirá si los argentinos que son el motor del país, que llevan los valores de la honradez, sacrificio, trabajo y esfuerzo en su arquitectura moral podrán prevalecer frente a la locura desenfrenada de un grupo de mentirosos cuya una misión es la acumulación de poder y dinero.

* Guillermo Hirschfeld es el Coordinador de Programas para América Latina de la Fundación FAES.

Fuente: Libertad Digital (España)