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¿Aumento tributario o disciplina fiscal? Jesus A. González

En la Asamblea Nacional se viene estudiando una reforma fiscal de carácter tributario (la última se llevó a cabo en 1999) cuya esencia radica en la búsqueda de un aumento en los ingresos a la luz de la recaudación interna en aras de enfrentar el desequilibrio de las finanzas públicas, apoyándose en dos pilares: el incremento de las alícuotas impositivas de la Ley del Impuesto Sobre la Renta —tributación directa–, y la modificación del Impuesto al Valor Agregado—tributación indirecta–, sin descartar (suponemos) otras acciones tales como el retorno del Impuesto al Débito Bancario y del Impuesto a las Transacciones Financieras, el alza de la Unidad Tributaria, Impuesto a las Ventas al Mayor, Impuesto a las Importaciones, ajuste a los Timbres Fiscales y una disminución del subsidio a la gasolina (precio de un litro de agua: Bs 11,18 vs Bs 0,097 de un litro de gasolina).

Históricamente el déficit fiscal en Venezuela se ha revertido mediante la devaluación de la moneda, estrategia donde se hace abstracción de las causas del deterioro fiscal principalmente referido a la estabilidad macroeconómica en materia de ingresos, gastos y deuda. A tenor de ello vale formular una sencilla interrogante: ¿la brecha fiscal la origina un aumento del gasto público o una disminución de los ingresos?

Veamos. El desenvolvimiento económico de Venezuela en los últimos años se ha caracterizado por una tendencia creciente del gasto público asumiéndolo como una estrategia de crecimiento económico basada en el consumo—al margen de la inversión–, apuntalado por un modelo de  emisión monetaria—inorgánicamente—bajo el amparo de un BCV carente de autonomía y alejado gerencialmente de las funciones que en materia monetaria y cambiaria le establece nuestra Constitución—Artículos 318, 319 y 320–, facilitando la instrumentación de una política fiscal al “servicio” del Gobierno y no de la economía que ha propiciado un ambiente inflacionario y devaluacionsta—de fines fiscales—en presencia de una moneda sobrevaluada que estimula las importaciones y la “fuga” de capitales—al igual que más devaluación y depreciación del bolívar—con obvio impacto negativo sobre las reservas internacionales y la disponibilidad de divisas; y sobre todo en el hecho fiscal, monetario, cambiario—y abastecimiento—y muy especialmente sobre la capacidad productiva (y diversificación) nacional.

El  precio del petróleo entre 1998 y 2008 se multiplicó por 7, lo cual no impidió un estático comportamiento—2009-2013—de las actividades modulares de Pdvsa (producción y exportación) reflejado en sus volúmenes de exportación (un promedio de 2,3millones de b/d) que muestran una caída de  unos 800.000 b/d, y una disminución de los ingresos por unos $ 100 millones diarios, sobre una estimación de ingresos petroleros brutos 2013 por el orden de unos Bs 219 millardos—vs Bs 223 millardos en 2012–, cuya disminución pudiere ser mayor ante la desaceleración de China, la “cancillería petrolera”, las ventas subsidiadas (Petrocaribe), la reducción de las ventas a EEUU, la importación de gasolina (en 2012 USA nos vendió cerca de 13 millones de barriles de gasolina elaborada), el alto consumo interno de combustibles(cerca de 300.000 barriles/día de gasolina equivalente a unos 47 millones de litros diarios, y unos 700.000 b/d de diesel), la deuda financiera de Pdvsa al 2012 (unos $ 77 millardos), con el envío a China de cerca de 270.000 b/d para el pago de la deuda, con las obligaciones de Pdvsa (cuentas por pagar: $ 17.000 millones, y deuda con el BCV: unos bs 175 millones). En tal escenario  las transferencias a las reservas internacionales  y a los Fondos paralelos serán obviamente inferiores al 2012, con evidentes consecuencias sobre los ingresos fiscales y muy especialmente sobre las importaciones, sobre el gasto público y sobre la deuda pública;   a pesar de ello el Gobierno insiste en profundizar las Misiones y apuntalar el Estado Comunal, ejerciendo presión sobre Pdvsa para que mantenga el ritmo de sus actividades extra petroleras que  restan recursos para la inversión de la propia industria, situación que en opinión  de la Agencia Internacional de Energía (07/2013) propicia que Venezuela muestre un “increíblemente lento ritmo de desarrollo de su producción”.

Tal panorama  adquiere mayor dramatismo al observar que para 2013 se presenta, por un lado, una recuperación gradual de la economía estadounidense—la mayor del mundo–, incluida su participación a corto plazo como exportador de petróleo; y por otro lado un enfriamiento (desaceleración) de la expansión china—la segunda mayor economía del mundo–. En fin, disciplinar el gasto público en armonía con estímulos a la inversión privada—nacional y extranjera—pareciera un rumbo más acertado que aumentar tributos para un destino incierto.

JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ
@jagp611