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Aún guapean. Maria Teresa Romero

La izquierda radical latinoamericana aún mantiene influencia internacional.

Las elecciones presidenciales en Colombia y la Cumbre del G-77 más China, ambos eventos llevados a cabo el pasado 15 de junio, demuestran cómo la izquierda radical latinoamericana, aunque mermada después de la muerte de Hugo Chávez y del colapso económico venezolano, aún mantiene influencia internacional.
La victoria de Juan Manuel Santos en la 2da. vuelta de los comicios colombianos se debió no solo al apoyo de la izquierda que hace vida política y democrática en su país, la de los diversos partidos políticos, sino también a la de aquella al margen de la ley, en particular la guerrilla de las FARC, a quien le interesa continuar con el proceso de paz flexible, con pocas condiciones, que se lleva a cabo en La Habana.

Formalmente las FARC invitaron a votar en blanco en esa elección, pero en la práctica movilizaron votos por Santos y lanzaron la curiosa propuesta de crear “un frente opositor de ideas progresistas que incluya a la insurgencia y pueda formar coalición con el Presidente”; es decir Santos, quien se ha mostrado más abierto, menos duro, hacia ese grupo subversivo. Al ganar la elección, el Presidente afirmó sin tapujo alguno que gobernará con la izquierda, que lo ayudó a ganar las elecciones más disputadas de las últimas décadas.

El otro episodio que puso en evidencia el poder debilitado pero aún presente de la izquierda radical fue la Cumbre del Grupo de los 77 celebrada en Bolivia, allí los 133 países miembros respaldaron automáticamente, con contundencia, tanto la visión madurista con respecto a la crisis venezolana y la supuesta conjura imperialista y opositora en su contra, como las posiciones presentadas sobre cualquier tema por los países del ALBA.

Es inconcebible que tras años evidenciando su talante autoritario y neocomunista estos izquierdosos claramente no democráticos aún tengan audiencia y cierta influencia regional y mundial. Que todavía las democracias representativas y socialistas les hagan el juego, es más incomprensible. A la final, ¿quién les pondrá coto?

MARIA TERESA ROMERO | EL UNIVERSAL
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