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Azúcar, del monocultivo al no cultivo. Hildebrando Chaviano

El otrora orgullo de la economía cubana, el azúcar, no sale del hoyo. Desde la crisis de esa industria en los años noventa y la consecuente eliminación de una gran parte de los centrales azucareros, el país no se ha podido recuperar, principalmente por la falta de lucidez de los dirigentes políticos y sus decisiones inapelables.

Los argumentos enarbolados por el gobierno cubano para la liquidación de los centrales variaron desde los bajos precios del azúcar en el mercado mundial y la baja productividad de los trabajadores cubanos en el campo y en la fábrica hasta el bajo rendimiento de las plantaciones.

Todo real, pero no se debe confundir estos efectos con las causas que los provocaron: la no diversificación de las producciones derivadas del dulce como son el etanol, el papel, los tableros de bagazo prensado y el forraje para la alimentación del ganado; la poca motivación de los trabajadores a causa de los bajos salarios y las malas condiciones laborales y el casi nulo nivel de inversiones en desarrollo tecnológico.

Mientras Estados Unidos, China y Brasil van a la vanguardia entre los productores de etanol como combustible no fósil, Cuba se ve relegada en un mercado que por derecho propio le hubiera correspondido si el pensamiento económico se hubiera impuesto a la miopía del capricho. En aquel momento decisivo, nadie se opuso. No hubo debates en el Parlamento. No hubo voces discrepantes ante la visión de miles de trabajadores vagando como zombis por las calles desiertas de los bateyes sin vida.

Al cerrar los centrales, los trabajadores no dejaron de cobrar su salario, pero ahora lo ganaban por estudiar o dormir como lirones en aulas improvisadas, ante maestros sin ningún interés en la nueva tarea que la Revolución les encomendaba. Daño sobre daño; fábricas cerradas y obreros condenados a la vagancia con todo el perjuicio moral y económico que esta medida implicó, incluyendo las grandes extensiones de tierras cultivables convertidas en eriales.

El 20 de noviembre comenzó la zafra 2013-2014 y, como las precedentes, empezó en un ambiente de euforia salvaje y seguramente terminará en frustración y búsqueda de los culpables porque nadie se podrá explicar cómo es posible que en Cuba no se puedan producir tres millones de toneladas de azúcar con la misma tierra que la hiciera famosa.
De 156 centrales azucareros que molían en el año 2002, en la venidera zafra sólo molerán 49, supuestamente los más eficientes. Habrá que ver lo que ocurre con la sequía, los ciclones y las piezas de repuesto que no llegan por culpa del embargo pero una cosa queda clara: el modelo económico a lo Raúl Castro no funciona.

HILDEBRANDO CHAVIANO
*abogado y periodista cubano
hildebrando.chaviano@yahoo.com
hchaviano5.blogspot.com