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Azul y no tan Rosa. Carlos Raúl Hernández

CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ

Después que el vicepresidente John Biden y la secre- taria de Educación, Arne Duncan, se manifestaron a favor del matrimonio gay, Barack Obama hizo lo mismo, y se metió a la polémica en plena campaña electoral, en acto de indiscutible coraje. Lo repite nada menos que con motivo de su segunda toma de posesión, y pone el testigo en manos de la Corte Suprema de Justicia: debe resolverse la contradicción flagrante entre la legislación federal, que niega el matrimonio entre personas del mismo sexo, y las de los estados que lo permiten.

Once estados se pronunciaron en diversos momentos en pro: California, Massachusetts, Connecticut, Iowa, Vermont, Nuevo Hampshire, Distrito de Columbia, Nueva York, Maine, Maryland y Washington; y 31 estados contra. Se reconoce además en dos jurisdicciones: las tribus Coquille y Suquamish, en los estados de Oregon y Washington. Según Gallup 50% de los ciudadanos está de acuerdo y 48% no.

La lucha de la comunidad gay ha pasado a ser uno de los indicadores del cambio civilizacional de la era posmoderna. 12 países lo aceptan en todo su territorio: Dinamarca, Canadá, Bélgica, Holanda, España, Suráfrica, Noruega, Suecia, Portugal, Islandia y Argentina. Pese a que la transexualidad fue una condición normal en algunos momentos de la historia, sobre todo durante la antigüedad pagana en Grecia y Roma, a partir de la Edad Media comenzó a verse como un baldón y así llegó hasta la contemporaneidad.

Dos hombres gallegos que se habían casado a través de un ardid, tuvieron que huir de España en 1901, el primer matrimonio contemporáneo de personas del mismo sexo. Con la estremecedora película venezolana, Azul y no tan rosa (2012) de Miguel Ferrari, pareciera nacer un nuevo paradigma del cine venezolano, una obra que enfrenta el tema sin estereotipos, con frescura y una humanidad que se cuela hasta los huesos.

No incurre en las estridencias de Fassbinder en Querelle (1982) su afán por epater le bourgeois. Ni la visión culpabilizadora de John Huston en Reflejos… (1967) ni la militancia de Van Sant en Milk (2008). No hay ningún marinero fornido de yines ajustados y protuberancias, ningún general todopoderoso, ningún activista abnegado, dispuesto a todo por defender su comunidad. Los personajes de Azul… son seres humanos normales con una condición sexual diferente.

Gente sencilla como los dos vaqueros de Secretos de la Montaña (2005), de Ang Lee. Un fotógrafo artístico, Diego, después de reticencias decide aceptar la propuesta de Fabricio, un médico partero, de formalizar su relación y vivir juntos. En medio de la incipiente alegría, debe recibir a su hijo al que tiene muchos años sin ver, y quien descubre escandalizado la verdadera orientación de su padre.

Un grupo de facinerosos “muy machos” agavillan a Fabricio, quien muere, y se desencadena la tragedia. Diego logra transmitir a los espectadores la profundidad de su dolor, una descarga eléctrica sacude la sala cuando se dispara a correr bajo la lluvia al recibir la oscura noticia, seguido por su hijo que comienza a comprender lo que al principio le parecía un horror. La cinta enfrenta sin engolamientos ni excesos la terrible implicación de ser diferente, las inconmensurables implicaciones del sufrimiento que implica.

Trasunta humanidad, una atmósfera envolvente inexplicable, una niebla que se filtra entre las butacas. Personajes generosos, solidarios, cargados de afecto, que unos restañan las heridas de los otros. El padre homosexual se ve compelido a enseñar a su hijo, un muchacho tímido, cómo levantar a una muchacha de la que estaba desesperadamente enamorado y a reconfortar a una pobre mujer maltratada por su marido.

Y en el centro del universo, el personaje encarnado por Hilda Abrahamz, “Delirio”, encandila, conmueve, sacude, desconcierta, divierte. Su carisma, dramatismo y fuerza expresiva la convierte en el eje, el atractor del que todos en sus butacas esperan la siguiente sorpresa.

En los horrendos años 50 del maccartismo, los homosexuales, comunistas y anarquistas, eran “antinorteamericanos… un problema para la seguridad nacional”. 4.500 personas fueron expulsadas del ejército. Sangre, violencia, picos de botella, rabos de iguana, persecuciones, encarcelamientos, violaciones, desprecio, han tejido la terrible historia gay. Pero en 1969 un bar del Village en Nueva York, el Stonewell Inn, luego de una brutal redada policial, comenzaron los históricos disturbios que dieron origen al movimiento que hoy cristaliza triunfos. Obama lo comparó en importancia con la lucha por los derechos civiles.

@carlosraulher