Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Baduel

11/11/07

En Estudios Políticos de la UCV participé en un fértil debate acerca de las relaciones entre la Razón y la Moral. Yo, con mi manía: que la profunda crisis que vive Occidente no se debe a que “se estén perdiendo los valores”, sino a un hecho mucho más grave: ¡que la ética carece de bases racionales! Es decir, que Aristóteles y Kant fracasaron en sus loables esfuerzos por producir esas bases. ¡¡Y que, por eso, el ser humano y la sociedad somos la miseria que somos!! Gracias a los chamos del Grupo PRE por promover el debate.

Por: Emeterio Gómez

El interlocutor, aunque aceptó con dignidad que tal vez la razón haya fracasado en proporcionarle un piso a la moral, insistió en la necesidad de reforzar esa búsqueda. Y lo hizo con un sólido argumento: apeló a la comparación entre Maquiavelo y Tomas Moro; aquél basando sus ideas políticas en la miseria humana y éste basándolas en la utopía. O sea: aquél apelando al Ser y éste al Deber Ser. Todo ello rematado con una frase impactante: ¡¡“en la confrontación entre esos dos hombres, yo –sin titubear– le apuesto a Tomás Moro”!!
Al salir del debate, un gran amigo, el profesor Luis Gómez, me recriminó amablemente: “Desperdiciaste un magnífico chance de contrargumentar que él ofreció. Apostarle a Tomás Moro lo que quiere decir es apostarle a la ética y mas aún a la religión. El verbo apostar, usado en ese sentido, no puede querer decir sino tener fe. El que tiene la razón ¡¡no necesita ni apostar ni tener fe!! Cuando él afirmó que estaba de regreso de la Religión y del mas allá, pudiste haberle señalado que apostar por alguien o por algo, es precisamente ir más allá de este mundo, es decir, de la Razón. ¡¡Y que esa es, tal vez, la esfera de la ética y la religión!!
Ante todo lo cual se vislumbra ya la figura de Baduel. Porque en este dilema trágico de votar o no votar, hay sin duda razones igualmente poderosas tanto para una opción como para la otra. Muy a pesar de los genios que –en cada bando– asumen que quienes no razonen como ellos son tarados. Y muy a pesar, también, de este razonar endeble de Petkoff: “Cuando se cuenta con un plan alternativo a no votar lo aconsejable es abstenerse. Cuando no se cuenta con éste lo aconsejable es votar”. ¡Como si ante los dilemas hubiese siempre salidas racionales! Como si votar fuese per se un plan, el presunto “plan A”, al que se refiere el “plan alternativo”. ¡¡Como si no hubiésemos puesto igualita la torta después de abstenernos en el 2005 y de votar en el 2006!! Como si la Oposición tuviese algún plan para derrotar a Chávez, sea que votemos o no.
Ante ese callejón sin salida tan perfecto, ante un dilema que torna inútil a la razón –porque ninguna de las dos “razones” puede convencernos de lo que debemos hacer– tal vez quepa apostarle a algo ¡¡a Baduel, por ejemplo!! Y de una vez, a Ismael García y a Ramón Martínez. Hay que arremeter contra el Síndrome Arias Cárdenas, esa creencia tonta según la cual todo el que se desmarque de la barbarie socialista sería un peón o una pieza de Chávez. Frente a esa paranoia ¡¡yo le apuesto a Baduel!! Le apuesto a que este hombre –al parecer honestamente religioso– haya logrado algo que a José Vicente le ha resultado imposible: intuir lo que de verdad es el comunismo: un “modelo de sociedad” tan radicalmente bobo, tan contrario a las infinitas limitaciones de lo humano, tan utópico e infantil, que llevará inexorablemente a Chávez a destruir el país, a acabar con todo lo que alguna vez fuimos o quisimos.

emeteriog@cantv.net

Publicado Diario El Universal