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Barranco cambiario. Gerver Torres

Lo que cabe esperar es la aparición de un tercer mercado y tipo de cambio, muy controlados.

Con pasmosa frecuencia el régimen hace anuncios de tipo cambiario; una nueva organización que sustituye a otra; un mecanismo que complementa al recién creado; una nueva instancia de dirección que se sobrepone a las anteriores; pare usted de contar. Todos esos anuncios se hacen con la promesa de que los nuevos esquemas propuestos estabilizarán el tipo de cambio. Lo último que se oye es que la nueva ley de ilícitos cambiarios despenalizará ese mercado; que vuelven las permutas; que los privados podrán ofrecer y comprar divisas libremente en ese mercado, y que ello finalmente estabilizará el tipo de cambio. ¿Es creíble esta última promesa? Para nada. Por tres razones. 

La primera es que el régimen se ha ido haciendo cada vez más prisionero de los grupos y posturas más radicales. No tiene el liderazgo para platearle a sus bases de apoyo social y político una salida de la crisis que incluya la apertura, la moderación, el acuerdo con otros actores sociales. 

La segunda razón es técnico-económica. La política cambiaria es apenas una pieza de un engranaje macroeconómico complejo. No es posible lograr estabilidad cambiaria sin políticas fiscales y monetarias consistentes. Un nuevo esquema cambiario sostenible y transparente implica cambios fundamentales en otras políticas de las cuales el régimen ni habla. 

La tercera razón es otra vez política. Un mercado cambiario transparente sería un termómetro de la calidad de gestión del gobierno. Todos los errores y disparates de política económica se reflejarían de inmediato en ese mercado. ¿Cómo podría legalizar el régimen un indicador absolutamente transparente y efectivo de la calidad de su gestión? Por todo lo dicho lo que cabe esperar es la aparición de un tercer mercado y tipo de cambio, también muy controlados. Pero con este nuevo mecanismo no desaparecerá el mercado paralelo ni se estabilizará la moneda. El régimen no termina de asumir, porque no puede, su barranco cambiario. 

GERVER TORRES ― EL UNIVERSAL
gerver@liderazgoyvision.org