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Benedicto XVI: la fragilidad del Bien. Emeterio Gómez

La civilización occidental no ha avanzado mucho respecto del más primitivo Cavernícola.

Imposible evadir ese título, por más que resulte algo irrespetuoso para con el Papa. Porque hemos trabajado mucho -entre varios otros- cuatro libros que sintetizan esa fragilidad: esa debacle del Bien y de la Filosofía, que hace exactamente 273 años, en 1740, nos dejó a la deriva. Cuatro textos: La fragilidad del Bien, de Martha Nussbaum; La banalidad del Mal, de Hannah Arendt; El Mal radical de Richard Bernstein; y El Mal o el Drama de la Libertad, de Rüdiger Safranski. Y entre los cuatro -y muchos otros- se va asomando ¡¡la muerte de la Filosofía!! Una hecatombe cuyo epicentro podemos ubicar en ese 1740, en el que aparece la última parte del Tratado de la Naturaleza Humana, de David Hume. Una Muerte que se produjo ese año, pero que se veía venir desde que Platón confesó que su pensamiento ¡¡tal como le ocurrió a Aristóteles!! no podía abordar siquiera la Dimensión Moral de Lo Humano: la conexión entre la Lógica y la Ética. Una dramática sospecha que pervivió por más de dos mil años -desde Platón-, en los que se mantuvo la ilusión de que alguien pudiese establecer esa conexión entre la Razón y la Moral.

En 1740 se concretó la Tragedia. Ese año, Hume publica su fatal “Is-Ought Passage” (¡¡que de ningún Ser se deduce ningún Deber Ser!!), el brevísimo fragmento en el que planteó que no hay ninguna conexión entre la Lógica y la Ética. O sea, que no tenemos la más mínima posibilidad de darle a la Moral un piso racional. Que solo estás ante un dilema ético -racionalmente irresoluble- cuando con exactamente (¡¡con exactísimamente!!) las mismas razones y, lo más importante, con tus mismos valores y tu misma estructura moral, con la que decides perdonar una ofensa, divorciarte, abortar, matar a alguien, invadir Iraq o… comerte el postre, con exactamente esas mismas razones y valores, puedes decidir todo lo contrario. ¡¡Sin que por ello seas -en ninguna de las dos opciones- ni racional ni irracional!! Porque cuando tienes razones poderosas para hacer algo en el plano moral, no estás en realidad en ese plano sino en el de la Razón. Si respetas “para que te respeten” no estás evidentemente en el plano de la Ética sino en el de la Lógica.

¡¡Y empezamos entonces a descubrir -a partir de 1740-, que la filosofía griega tenía 2.000 años engatusándonos!! Y que durante todo el Medioevo había logrado, además, bajear al Cristianismo. Dos mil años montando su visión helénica del Mundo y del Ser Humano en la Lógica, la Tecnológica, la Ciencia, la Política, el Derecho… y la Voluntad de Poder. Es decir: ¡¡dos mil años dejando de lado a la Moral!! Esperando que de algún lado surgiese esa conexión milagrosa entre la Ética y la Razón. Dos mil años -o, al menos 1740- confiando en que el Amor al Prójimo suavizase en algo nuestra profunda (e intacta) Animalidad.

Y, de repente ¡¡la bomba le estalla en la cara a Benedicto XVI!! A él y a todos los que alguna esperanza teníamos. Que duro es palpar que en la más elevada jerarquía eclesiástica -entre supuestos hombres a más no poder espirituales, en el círculo más inmediato del Papa- la podredumbre moral, la famosa “Pérdida de los Valores”, era más o menos la misma que en cualquier pandilla de facinerosos. Qué dolor -con esta renuncia de Ratzinger por delante y con él mismo denunciando las bajezas de su entorno- qué dolor redescubrir que la civilización occidental no ha avanzado mucho respecto del más primitivo Cavernícola. Y qué inmenso esfuerzo nos toca ahora hacer para reforzar a la Iglesia y para recuperar aunque sea una pizca de confianza en la condición humana.

EMETERIO GÓMEZ – EL UNIVERSAL

http://emeteriogomez.wordpress.com