Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Bifurcación: neocomunismo o libertad, Roberto Casanova (Libro digital)

Esta es una versión digital y gratuita del libro impreso en el año 2011, bajo el sello La Hoja del Norte. No es pues, en sentido estricto, una nueva edición aunque sí he aprovechado la ocasión para realizar, por aquí y por allá, algunos cambios. De éstos, tal vez el más llamativo sea el subtítulo de la obra. Éste era originalmente Entre una visión neocomunista y una visión creadora y lo he sustituido por Neocomunismo o Libertad, el cual me parece más preciso y oportuno.

 

 

Creo necesario hacer tres comentarios en ocasión de publicar esta versión del libro. Primero, sobre la vigencia de sus contenidos. Segundo, sobre algunos aspectos de método. Tercero, sobre la relación entre visiones y política.

 

 

Un camino que se bifurca es una imagen sugerente. Nos habla, en abstracto, de opciones y dilemas. Nos dice que ante una bifurcación se tienen tres opciones. La primera es regresar por el camino del cual se proviene. Las otras son avanzar por alguno de los dos caminos que se abren ante nosotros.

Los venezolanos estamos, desde hace algún tiempo, según pienso, en un punto de bifurcación. El conflicto que hoy nos desgarra es, entre otras cosas, un conflicto entre visiones. Nos debatimos entre tres diferentes concepciones de la libertad, la igualdad, la solidaridad o la justicia así como de la economía, el Estado, la sociedad, la política o la historia.
La visión que nos ata al pasado es la visión que he llamado demorrentista, basada en la creencia de ser un país rico cuyo problema central es de carácter distributivo. La dos visiones nuevas – aunque tienen antiguos antecedentes – serían la visión neocomunista y la visión creadora. La primera, basada en la idea de la lucha de clases como principio rector de la historia, es parte esencial de la “franquicia” castrista y es impulsada por una parte de la élite dominante pues se adecúa muy bien a sus pretensiones de mantener el poder de forma indefinida. La segunda propone nuestra conversión en una sociedad libre y plural, orientada a la realización de nuestros derechos humanos y de nuestro potencial productivo. Esta visión creadora es compartida, según pienso, por un creciente número de personas que aspira a desligarse tanto de nuestro tradicional rentismo como del comunismo castrista.

 

 
Hace seis años intenté sistematizar y comparar aquellas dos “nuevas” visiones. Sostuve, como otros, que el futuro de Venezuela estaría configurado por el predominio de una de ellas. Sigo pensando lo mismo.
El llamado socialismo del siglo XXI se ha hecho abiertamente dictatorial y reprime, encarcela y asesina a quienes se le oponen, al tiempo que se aleja del conjunto de los países democráticos. Debo decir que el derrotero seguido por este modelo cubanófilo estaba contemplado en esta obra. En tal sentido, su lectura quizás ayude al lector a caracterizar adecuadamente al régimen, al entender sus postulados, sus fines últimos y sus estrategias.

 

 
Por otra parte, entre los sectores demócratas se ha ido produciendo, desde hace algunos años, una convergencia de opiniones. Términos como Estado promotor y regulador, competencia y productividad, capacidades y oportunidades, apertura y descentralización, por citar solo algunos, se encuentran en el discurso y propuestas de diversos actores políticos, sociales y económicos. A pesar de matices importantes, existe un creciente consenso en torno a una visión que ha recibido variados nombres. Yo la denominé visión creadora.

 
Al respecto debo decir que, desde la publicación de Bifurcación, mis ideas sobre la economía, la política y la sociedad han evolucionado. Hace poco más de un año publiqué otro libro que titulé Libertad, emprendimiento y solidaridad: 10 lecciones sobre economía social de mercado. Este segundo libro estaba ya contenido, como esbozo, en éste que ahora público de nuevo. Se trata de dos momentos de una búsqueda intelectual y práctica de una visión centrista, una visión que pueda ser compartida por los sectores moderados del espectro político. En esa búsqueda la visión creadora que aquí presento ha evolucionado hacia la economía social de mercado.

 

Una visión puede ser definida, a grandes trazos, como un conjunto de postulados, de creencias y de valores relativo al pasado, el presente y el futuro de una sociedad. Una visión no es entonces un programa de gobierno, aunque éste suele ser expresión de aquélla. No es tampoco una “narrativa”, la cual concierne a la forma en que una visión es políticamente comunicada.

 
Pero ¿corresponde ese concepto de “visión” a algo que realmente existe en nuestras mentes? Es una pregunta que legítimamente puede hacerse. Si hago un ejercicio introspectivo mi respuesta es afirmativa: tengo una visión de la sociedad. Incompleta, imprecisa, perfectible, pero la tengo. El lector también podría concluir, supongo, algo semejante. Si revisamos, además, la obra de diversos autores encontraremos que muchos han desarrollado sistemáticamente sus visiones de la sociedad. Ello, en principio, nos permite responder afirmativamente a aquella pregunta.

 

 
Pero el problema al que apunto es algo más complejo. ¿Existen visiones compartidas de la sociedad? En un sentido, las visiones son tan innumerables como las personas que las portan. ¿Qué significa entonces compartir una visión de la sociedad? Puede argumentarse que aunque muchas visiones personales puedan diferir entre sí en diversos aspectos poseen un mismo núcleo de contenidos. Mi hipótesis es, de hecho, como se verá, que cada visión posee un código binario que le otorga identidad y la hace operativa. Dejaré aquí este asunto conceptual, sin embargo, y destacaré, más bien, otro problema de método: ¿Cómo saber si, efectivamente, existe ese núcleo entre las visiones que muchas personas tienen?
Las maneras para responder a esa interrogante son variadas. Van desde un amplio proceso de diálogo hasta investigaciones de opinión pública y estudios cualitativos, pasando por el análisis de contenidos en las redes sociales.

 

Más ¿se trata de un asunto solo alcanzable mediante el método inductivo? Es decir, ¿solo hablando, entrevistando o haciendo “minería” de datos arribaremos a la identificación de las visiones de la sociedad que las personas comparten? Es posible y algunos investigadores lo han intentado. Pero existen otras opciones.
En mi trabajo he tratado de identificar visiones comunes a través del estudio del pensamiento de diversos autores, expertos y líderes, expresado en libros, artículos, documentos o entrevistas. Las visiones demorrentista, neocomunista y creadora que aquí presento son, entonces, constructos o hipótesis cuya existencia como visiones compartidas, a nivel de la población en general, debe ser comprobada, si se desea ser riguroso desde la perspectiva del método hipotético deductivo. Estoy consciente, en definitiva, que este libro es solo un ensayo que se halla en la mitad del camino que debe transitar una investigación propiamente científica sobre el tema.

 

El proceso político y la reflexión doctrinaria se han distanciado, en apariencia, desde hace algún tiempo. Algunos atribuyen tal hecho a las tendencias pragmáticas de los actores políticos quienes, en la disputa por el favor de votantes ubicados a lo largo de todo el espectro doctrinario, adoptan posiciones ambiguas o, incluso, contradictorias. Otros argumentan que algunas visiones, descalificadas como simples ideologías, sencillamente fracasaron mientras otras no logran dar cuenta satisfactoriamente de un mundo cada vez más complejo.

 
Cualquiera fuese el caso pienso que la política no puede ni debe hacerse prescindiendo de las visiones de la sociedad. Es un error suponer que el debate entre éstas puede ser completamente sustituido por el establecimiento de hechos científicos. La ciencia, a lo sumo, puede definir la validez o no de ciertos postulados específicos pero es incapaz de crear una “verdadera” visión, científica y moralmente incontrovertible. En cada política pública o en cada cambio institucional subyacen, inevitablemente, una interpretación de la realidad, una valoración de prioridades, una escogencia de medios. El ejercicio del poder no es reducible, en definitiva, a un asunto de técnicas y de gerencia. Al hacerlo puede resultar incomprensible, por ejemplo, cómo una misma política pública puede parecer razonable o desatinada para diferentes sectores. La explicación está en las visiones de las cuales tales sectores son portadores.

 
El debate entre visiones debe ser pues una dimensión inseparable de la política. La política, en un sentido profundo, debe tratar de la representación, difusión y evolución de visiones alternativas de la sociedad.
Es algo cuya importancia los venezolanos estamos descubriendo en este difícil momento de nuestra historia, en este punto de bifurcación.

 

 

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