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Bolivia y su reloj revolucionario: contra el sentido de los tiempos. Guillermo Hirschfeld

En la cúpula del edificio de  la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia, ubicada en la plaza Murillo de la ciudad de La Paz, cualquier transeúnte que emprenda un paseo observará un gran reloj de aspecto y funcionamiento muy peculiares: las agujas giran de derecha a izquierda y la numeración está invertida.

¿Por qué?

El Gobierno de Bolivia decidió cambiar el sentido de las agujas del reloj, como explica un alto funcionario, “Cambiar los polos, de modo que el sur esté al norte y el norte al sur” (sic). El canciller boliviano, David Choquehuanca, explicó el cambio en el reloj del Congreso en los siguientes términos: Estamos en el sur y como estamos en tiempos de recuperar nuestra identidad, el gobierno boliviano está recuperando nuestro Sarawi. De acuerdo a nuestro Sarawi, que significa camino, de acuerdo con nuestro Ñan, en quechua, nuestros relojes deberían girar a la izquierda.

En síntesis, asistimos a una de las más ilustrativas alegorías bolivarianas: “hacer retroceder el tiempo”. Es evidente que ni en la vida ni en la política lo podemos detener, tampoco invertir. Mucho menos con la “trampita” del reloj.

Sin embargo, los Gobiernos de América Latina en particular y del mundo en general se podrían dividir entre aquellos que entienden el sentido de los tiempos y se suman a la ola de la globalización y a los beneficios que ésta nos ofrece, y los que se empecinan en intentar invertir el tiempo para que la realidad inapelable se detenga y volver así a un buen salvajismo imaginario e idílico que confiera algún sentido a su relato político.

El nacionalismo, el populismo, el falso indigenismo y el socialismo del siglo XXI no han logrado el progreso alcanzado por las sociedades abiertas, libres y democráticas de América Latina, administradas por Gobiernos serios y sensatos tanto de izquierdas como de derechas.

No obstante, lamentablemente, esto no es una canción de amor, no es un bolero donde se pueda pedir al reloj que detenga las horas. El tiempo va más deprisa que nunca, las transformaciones que ha vivido el mundo en las últimas cuatro décadas han sido espectaculares: se redujo la pobreza de manera extraordinaria, disminuyó la mortalidad infantil, se ensancharon las clases medias -especialmente en América Latina- un tercio más de la población tiene acceso a agua potable, se incrementó la esperanza de vida en todo el globo. En definitiva, corren tiempos de cambio, pero sólo serán provechosos para los que tengan la suficiente destreza política y detecten las oportunidades y las aprovechen.

La vida en sociedad se basa necesariamente en una serie de convenciones y reglas que facilitan el entendimiento. Estas reglas se han ido forjando mediante el método de trial  and error. Se trata de consensos generales que terminan imponiéndose naturalmente, sin que quepa calificarlos como exigencias exógenas. Bolivia no puede desprenderse de las reglas de convivencia más elementales incorporadas tanto por su pueblo como por la comunidad internacional. Es un país serio que no precisa de este tipo de experimentos.

GUILLERMO HIRSCHFELD | ABC BLOGS