Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Buhonería y buhoneros: otra perspectiva

Carmen Ramona (56) vive, junto a su su hijo Alexander (24), en una precaria casa ubicada en el sector “La Laguna” de Los Magallanes de Catia. Hasta 1997, Carmen trabajó en labores de limpieza en una lunchería de la cual fue despedida después de romperse un tobillo y ya no ser tan eficiente en dicha labor. Ahora ella es buhonera y vende jeans en el boulevard de Catia.

Como ya tiene unos años en el negocio, no es molestada por la policía. Desde hace cuatro años adquiere los jeans “de moda” en una importadora ubicada en la Calle Colombia, en donde le ofrecen crédito para que pague a consignación (luego que venda). Carmen está orgullosa de haber logrado montar su propio puesto de venta y de no trabajar para terceros porque “esta vaina es mía”; y es que siempre quiso ser independiente. Aspira, además, mejorar sus ingresos luego que monte otro puesto y “vaya a medias” con quien lo trabaje.

Alexander, el hijo, es bachiller y recibió instrucción como asistente bancario en el Instituto INSBANCA. Trabajó en el “Banco XX”, pero, fue despedido hace cuatro años, a propósito de una reducción de personal. Luego fue despachador en la barra de una panadería en la Avenida Sucre, de la cual también le despidieron. Ahora trabaja vendiendo CDs. Está orgulloso de ser uno de los pioneros de la reproducción ilegal. Con dinero de su madre adquirió una quemadora de CDs “High Speed”, que adaptó a una computadora “Petium 2″ alquilada a su primo Wilmer para tal fin. En ella cual reproduce los CD´s que ahora vende al mayor y detal en el Boulevard; justo frente a la panadería que otrora lo empleara.

Ocupando aproximadamente un 20% del empleo en Venezuela, la buhonería es un fenómeno que afecta nuestras vidas y que para cada uno de nosotros significa cosas distintas. Para quienes transitan en las aceras y calles, aunque en ocasiones no hallan resistido la tentación de comprar un CD, la buhonería significa incomodidad, deterioro de la estética de la urbe, además de delincuencia. Para los comerciantes formales, la buhonería representa competencia desleal.

A algunos políticos serios, la buhonería les obliga a plantearse interrogantes sobre como diseñar reglas de acción colectiva para regular el acceso a las vías públicas, qué hacer con la seguridad social de los buhoneros o cómo incorporarlos a la formalidad. Otro grupo de políticos (menos serios pero mas numerosos) desearía que la buhonería nunca terminase ya que su existencia les garantiza el poder y el mantener su “status quo”.

Hay también un significado que para la mayoría de nosotros resulta desconocido: el significado que le da el buhonero. Conscientes de que la existencia de un sector de comercio informal tan grande es un problema de múltiples dimensiones que requiere de propuestas de políticas públicas, nuestro nuevo equipo de investigación en CEDICE, ha hecho de la buhonería su objeto de investigación. Entendida como actividad económica, la buhonería no es diferente de la actividad de una empresa. Los “entrepreneurs” de la buhonería combinan tierra trabajo y capital para obtener beneficios económicos. Utilizan capital (o acceden al crédito) a través de diferentes arreglos institucionales como la consignación de los bienes que comercian o préstamos informales para adquirirlos. Obtienen trabajo contratando mano de obra familiar o no familiar. Enfrentan un mercado informal de la tierra: el de las vías públicas.

Todos estos “mercados” de factores están delimitados por una compleja red de reglas formales que, en paralelo con la capacidad de hacerlas cumplir del gobierno, proporcionan los incentivos para el desarrollo de esta actividad. Por ejemplo, una ordenanza municipal sobre impedimento de uso de las aceras para comercio informal, junto con una elevada capacidad de la policía local para hacerla cumplir, podría hacer prohibitivamente costoso que se desarrollase la buhonería en determinada localización. Pero, desde el momento en que la capacidad de hacer cumplir la regla disminuye (por ejemplo por presiones políticas ejercidas por grupos interesados), los incentivos de los agentes económicos para tomar la vía y establecerse como buhoneros aumentan. Esto significa que en este “mercado” la vía pública es menos “costosa” a medida que la capacidad de coerción disminuye. En los complejos intrigulis de la buhonería hay un enorme capital empresarial que para nosotros está oculto. porque también los buhoneros, con base en sus eficientes redes de información de mercado, innovan constantemente en nuevos productos (a través de ua evalución permanente de las nuevas tendencias de la moda, de las necesidades del mercado, etc.), en nuevos procesos (diseñando nuevas instituciones para el acceso al crédito) y nuevas formas de organización (para aumentar su capacidad de lobby político, por ejemplo).

Una muestra de innovación en productos es la evolución de los servicios de telefonía que presta el comercio informal. Desde el alquiler de tarjetas telefónicas hasta los centros de telefonía movil en las avenidas, pasando por alquiler de teléfonos celulares móviles y fijos, los buhoneros han innovado para adaptarse a las demandas cambiantes de los usuarios de telefonía que, con bajos ingresos y ante una deficiente red de telefonía pública demandan este servicio. Es notorio el efecto “spillover” o difusión en este mercado de productos: un individuo innova y, si su innovación es exitosa, esta se difundirá rápidamente. Y al igual que entre los empresarios, entre los buhoneros hay diferencias importantes de tamaño y eficiencia. Quienes tienen un mayor stock de capital (y hoy en día el capital se entiende como una combinación de capital humano, social, físico y financiero) pueden pasar de empleados asalariados en un mercado de trabajo sumamente imperfecto (y por ello ineficiente y mal remunerado), a convertirse en verdaderos empresarios capitalistas con varias unidades de producción (o puestos de trabajo) en las que ahora son “patronos”. Entre estos dos extremos el del buhonero capitalista y el del trabajador asalariado, hay un buhonero que utiliza el trabajo familiar e invierte parte, o la totalidad de sus recursos en el negocio. Los ingresos recibidos por cada uno de los agentes que toman parte en estas formas de organización para el trabajo, son tambien diferentes y, en algunos casos, pueden llegar a ser envidiables por los comerciantes formales.

Carmen Ramona y Alexander son solo dos ejemplos de un contingente inmenso de personas que día a día toman las vías públicas con el fin de ganarse el sustento como buhoneros ya que, por razones diversas, han sido excluidos del sistema de empleo formal. Ellos son cada vez mas diestros en este oficio y han sabido adaptar estratégicamente sus medios de subsistencia a nuestra deteriorada economía. Pero el mundo está cambiando y en el siglo de la globalización, las telecomunicaciones y la genética, nuestros amigos nunca han usado el internet, no saben que significan las siglas ALCA, y no entienden bien eso de la clonación.

Al sector formal de la economía venezolana le resultará virtualmente imposible absorber el contingente de 20% de la PEA en la informalidad, a menos que crezca de forma a celerada durante varios años, y aún haciéndolo, si ello no se acompaña de adiestramiento para el trabajo y educación formal no hay garantía de que la informalidad se acabe o reduzca a niveles aceptables. Pensamos que el enfoque expuesto en los párrafos anteriores para entender la buhonería nos servirá para acercarnos a una comprensión racional de la realidad económica y social del buhonero. Esperamos poder, a partir de allí, derivar estrategias de política que sean tomadas en cuenta por los decisores a la hora de plantear salidas al problema que, como un todo, este fenómeno representa; por supuesto, una vez pasada la tormenta.