Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Buscándole significados a la vida. Victor Maldonado

Comencemos por el final del artículo de la semana pasada: en estos días tan llenos de acontecimientos el mensaje del gerente debe incluir la fortaleza.

Ser fuertes, no permitir el desánimo ni la distracción. Insistir en salir adelante, hacer lo debido con paciencia y perseverancia y cumplir con el deber cotidiano, ese que se nos exige un día tras otro. Y recordar siempre que no tiene sentido dejarse arrastrar hacia la oscuridad de la desesperanza, ese triste lugar donde la turbación, el miedo y la ausencia de Dios construyen nuestras desdichas.

Los venezolanos tenemos dos problemas que en este momento son relevantes. El primero de ellos es que somos fieles creyentes del realismo mágico y, por lo tanto, creemos en las soluciones instantáneas. El segundo problema es que confiamos en el caudillismo, y cuando la magia no funciona, esperamos que “el hombre fuerte” sea el que resuelva nuestros entuertos. Estos dos problemas tienen el inconveniente adicional de que ninguno de los dos puede resolverse, porque el primero forma parte de nuestras supersticiones y el segundo de nuestros mitos. Por eso mismo, cuando hay una crisis de expectativas y creemos que “ahora sí”, terminamos disueltos por la depresión, la frustración y el desengaño. ¿Qué hacer? Estas son mis recomendaciones.

Ten a mano una narración de lo acontecido, saca conclusiones e intenta una predicción. Ordenar las ideas, preguntarse sobre lo que ocurrió y por qué aconteció probablemente permita bajar la ansiedad, acotar las posibilidades, disminuir el monto del castigo infligido colectivamente y, sobre todo, prever lo que puede ocurrir en el mediano plazo. Habrá miembros del equipo de trabajo que tengan dudas y se pregunten cómo les va a afectar en su mundo laboral y, en estos casos, las empresas deben mostrar autoconfianza, congruencia y fortaleza. En tiempos de incertidumbre, la gente necesita aferrarse a estructuras confiables y robustas. Evite, por lo tanto, comentarios desalentadores. Napoleón Bonaparte decía que “un líder es un vendedor de esperanzas”. Es un deber ser optimistas.

No permita que cunda el pánico. No sea insensato y tampoco se deje arrebatar por la histeria colectiva. La mejor forma de reducir la ansiedad es mantener las rutinas. Hay que mantener la productividad y la agenda. Si tiene que suspender parte de la programación aproveche para tener reuniones de alineación. Si no puede realizar encuentros personales, intente a través de las facilidades de las redes sociales. Recomiende a su equipo de trabajo que ponga al día sus tareas de escritorio, conteste los correos, adelante presentaciones y dese tiempo para conversaciones estructuradas enfocadas en entender la coyuntura y obtener los aprendizajes apropiados. Es un deber estar serenos.

Canalice positivamente las ganas potenciales de “hacer algo”. En circunstancias difíciles siempre hay grupos que pierden más que otros, porque son más débiles y porque tienen menos definidas sus estrategias para atender situaciones inéditas. En el momento que estoy escribiendo este artículo, por ejemplo, recibí la llamada de una monja que dirige un ancianato. Ella no ha podido reponer el inventario de alimentos y bebidas que necesitan sus viejitos. Tiene el dinero, pero no encuentra cómo salir a comprar y dónde hacerlo. Resolver casos como esos pueden ser el canal para drenar positivamente la necesidad que la gente tiene de involucrarse en los temas ciudadanos. De esta forma, le damos cauce al valor de la responsabilidad colectiva, que no es solo el poder ejercer la capacidad de influencia en las decisiones del colectivo, sino también responder por las consecuencias de esas decisiones, cooperar para que tengan los mejores resultados y evitar que algún grupo se sienta especialmente perjudicado. Es un deber ser cooperativos.

Evite los rumores, emita información oficial útil para resolver. Es típico de los momentos de incertidumbre que la información sea confusa, exagerada e incluso interesada. Esto exacerba el morbo de la gente y puede llegar a crear crisis por la “ocurrencia” de situaciones ficticias. Es muy difícil exigirles a las personas que se abstengan de participar en estos fenómenos sociales. Pero el gerente puede atenuarlos si se compromete y distribuye una o dos veces al día un pequeño boletín oficial. La recomendación es que sea útil en dos sentidos: que sea información veraz -y no cuentos de camino- y que permita a la gente resolver problemas, cómo evitar espacios especialmente conflictivos o cómo sortear trancas de calles. La gente debe sentirse especialmente segura y la empresa debe hacer énfasis en que ese es también uno de sus intereses principales. Es un deber mantener a la gente bien informada.

Teresa de Jesús, una de mis santas favoritas, tenía una oración preferida. Dos fragmentos vienen al caso: “Eleva tu pensamiento, al cielo sube, por nada te acongojes, nada te turbe” y “Confianza y fe viva mantenga el alma, que quien cree y espera, todo lo alcanza”. Es un imperativo moral pensar que quien a Dios tiene, nada le falta.

VICTOR MALDONADO ― EL MUNDO
victormaldonadoc@gmail.com