Imaginen por un momento una compañía disfuncional. Los problemas clásicos: una junta directiva que no se comunica, unos accionistas desentendidos del giro operativo dado el hecho de que las utilidades son un recuerdo del pasado y, adicionalmente, el paso de los años hace que los accionistas fundadores ya no se encuentren activos o estén en fase de retiro. Agregar unas segundas o terceras generaciones desentendidas del negocio, muy probablemente viviendo en Estados Unidos o Europa, las cuales, por diversas razones, no tienen mayor interés por el futuro de la organización. Al mismo tiempo, una gerencia baja y media totalmente desmoralizada, con la llamada “renuncia silenciosa” a todo tren. Incluir a su vez una caída sostenida de ventas, problemas de flujo de caja y una desarticulación total en el área administrativa. La organización no pinta bien, y vaya que hay razones para pensarlo.

En 2024 la obra Camino de Servidumbre cumple 80 años. Ocho décadas han pasado desde que Friedrich Hayek decidió publicar su provocador ensayo desafiando los paradigmas del socialismo. Un paneo por su obra nos permite destacar, al menos, cinco premisas básicas: (i) una denodada crítica al socialismo como sistema político y a la planificación centralizada -estatizada- de la economía, como quiera que ello conduce a la pérdida de la libertad individual y el establecimiento de las columnas de lo que a la larga pudiera conducir a un Estado totalitario; (ii) defensa de la libertad individual, el Estado de Derecho y la economía de mercado como condiciones obligatorias para garantizar el progreso, crecimiento, desarrollo y la dignidad humana a plenitud; (iii) las terribles consecuencias de las “servidumbre” per se: el hecho de que un hombre se vuelva siervo es un peligro de importancia. Quien le delega progresivamente poderes al Estado corre el riesgo, prácticamente inexorable, de perder su libertad y decantarse hacia la conformación de una sociedad autoritaria; (iv) el rol del Estado: el economista austríaco se pregunta cuál debe ser el verdadero papel del Estado en la sociedad, que básicamente estriba en la protección de los derechos individuales, la provisión de un marco legal justo, estable y previsible (el famoso Rule of Law) y la defensa y seguridad ciudadana. Es el tridente archiconocido de los valores que propugna el liberalismo clásico; y (v) el tema de la competencia y la descentralización: Hayek sostiene que la libre competencia entre individuos y empresas resulta vital para el fomento de la innovación, al tiempo que la descentralización desconcentra el poder de las autoridades, y al atomizarlo, mitiga el surgimiento de la sociedad autoritaria y totalitaria que se ha mencionado más arriba.

Es indudable que estas premisas expuestas por Hayek han tenido influencia en el pensamiento y praxis política y económica. Llegado el momento de analizar la obra de Hayek, especialmente en contextos como el venezolano y el latinoamericano de las últimas décadas, la ineludible tentación se centrará en abordar las valiosas lecciones de Camino de Servidumbre para el contexto “macro” de las naciones. Y es que luego de décadas de controles de precio y cambio, de ataques a la propiedad privada y numerosas -miles- de ejecuciones de vías de hecho que derivaron en la toma de fábricas, compañías, haciendas y cualquier otra institución que representaba al aparato productivo nacional, y de acuerdo con los sesgos ideológicos de turno, una manifestación del sistema “capitalista” mundial que tantos oprobios le ha causado a la nación, es más que comprensible entender la vigencia que tiene el texto hayekiano en la comprensión de nuestros males. La viva imagen de la mitología compensatoria buensalvajista latinoamericana.

Quisiera, sin embargo, desarrollar otra arista de Camino de Servidumbre. Después de todo, el autor fomentaba la idea de innovación. En este enfoque, más que hablar de los consabidos aportes a nivel “macro” quiero traer al foro una premisa distinta: los aportes que puede ofrecer Camino de Servidumbre al mundo corporativo. Dicho de otra forma, ¿qué lecciones pudiera arrojar la obra hayekiana a una compañía?, ¿pueden extrapolarse las lecciones del economista austríaco a esa disyuntiva entre una gerencia top-down frente a una bottom up?, ¿los males socialistas son también aplicables al entorno organizacional corporativo?

A mi entender, existen algunos paralelismos que bien pudieran emplearse para las premisas descritas. Comencemos con el tema de la planificación centralizada. Bien pudiera afirmarse que el micromanagement excesivo adolece de los mismos vicios de este tipo de planificación, por lo que bajo un enfoque hayekiano sería ideal permitir que los empleados sean autónomos y libres para poder tomar decisiones dentro del área de su responsabilidad.

En el mismo sentido, tomando como referencia la noción de descentralización, bien pudiera afirmarse que una corporación se pudiera ver beneficiada con una estructura organizacional que se base en la descentralización, puesto que de esta manera se logra que los empleados tengan un mayor nivel de compromiso y participación en la toma de decisiones. Ello permitiría una mejora importante en la gerencia de equipos de alto desempeño, y por supuesto, en cada uno de los departamentos de las organizaciones.

Un tema adicional que se puede añadir al repertorio es el de la competencia y la innovación. ¿Qué sucede si una empresa fomenta un entorno competitivo a lo interno donde se premie la innovación, la proactividad y la mejora continua? Es muy probable que los resultados sean positivos. Por lo demás, ello pudiera fomentar la disminución de la burocracia y el incremento de la eficiencia, puesto que muchas “alcabalas corporativas” serían dejadas a un lado con el objeto de ser más competitivos a través de un sistema de incentivos correcto.

Con base en algunos de estos ejemplos podemos asegurar que Camino de Servidumbre muy probablemente no tenga solo aplicaciones en el ámbito de la teoría política y la economía, espacios a los que usualmente debe la mayor cantidad de centimetraje. Y si bien es cierto que los males socialistas no son necesariamente replicables a rajatabla en el entorno corporativo, las empresas bien pudieran evitar la adopción de liderazgos y estructuras autoritarias, así como la implementación de una burocratización excesiva o la proliferación de la microgestión.

Estos son males que Hayek advirtió hace ocho décadas y que bien siguen siendo válidos en el presente. Y en un entorno tan cambiante, las empresas deben prever tener todas las herramientas que sean necesarias para operar con agilidad y adaptación, precisamente por la velocidad a la que se mueven los mercados y las preferencias temporales de clientes y consumidores.

La libertad y la autonomía, premisas centrales de Camino de Servidumbre, son necesarias para alcanzar los objetivos descritos de una manera creativa y eficiente. Más importante aún, se deja asentada la premisa de que la obra de Hayek tiene una vigencia inusitada en campos en los que a primera vista no se había pensado. Aunque quién sabe. Después de varias décadas de socialismo, sus males también corren el riesgo de haber corroído las estructuras del sector privado, con lo cual los remedios tienen que buscarse entre los que conocen sus efectos más perniciosos de una forma didáctica, honesta y amena. Características que reúne Camino de Servidumbre, una de las obras más conocidas de nuestro querido Friedrich Hayek.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de CEDICE ni las de su Consejo Directivo, ni académicos, ni miembros

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