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Camus, la rebeldía y el regreso de Dios

31/01/2010

La Ley Moral: ¡somos absolutamente libres de obedecerla o no!

Por: Emeterio Gómez

Este año se cumple medio siglo de la muerte de Albert Camus, un brillante intelectual francés, fallecido muy prematuramente a los 47 años. Con un inmenso respeto para él y para sus seguidores, estaremos durante todo el año usando su “Filosofía del absurdo, el compromiso y la rebeldía” (igual que el Irracionalismo de Nietzsche, el Existencialismo de Heidegger, la Fenomenología de Husserl y el Vitalismo de Bergson) como respuestas endebles a la monumental quiebra de la Civilización, la Filosofía y la Racionalidad occidentales que se produjo en los 50 años que median entre 1781 y 1831. Esto es, entre la Crítica de la Razón Pura de Kant y la muerte de Hegel.

En ese otro medio siglo se desplomó el edificio que habían logrado construir la Filosofía Griega, el Cristianismo y la Economía de Mercado anglosajona. Una Cosmovisión profundamente optimista, esperanzada, centrada en la Verdad y la Belleza; en la ilusión de que el Bien, de alguna manera fundado en la Razón y en Dios, podría imponerse al Mal; esa creencia ingenua según la cual éste no existe, sino que es tan sólo la “carencia o ausencia del Bien”. Era también el optimismo infantil y desbordado de la Ilustración y la Filosofía Moderna, que suponían que el desarrollo espectacular de la razón, la ciencia, la tecnología y la estética garantizaban el progreso, el bienestar, la felicidad y el auge espiritual del hombre.

¡Todo ello se desplomó de manera estrepitosa! Occidente se quedó literalmente en pañales. Y la intensidad de dicha caída no podía sino producir la reacción virulenta de Nietzsche, la indefinición lamentable de Heidegger, el aferramiento desesperado del propio Nietzsche y de Wagner a la estética como sustituto de la Filosofía; el Comunismo de Marx, el nazifascismo, el estalinismo, el maoísmo, etc. Ciento setenta años de balbuceos y desesperación -desde la muerte de Hegel hasta finales del siglo XX-, dos centurias prácticamente, aplastadas por aquella quiebra de la Filosofía y de todos los asideros que Occidente había creído encontrar.

Para juzgar a Camus -positiva o negativamente- hay que tener una visión muy clara del tamaño, magnitud e importancia de aquella quiebra. Y para ello, nada mejor que pensar en el demoledor fracaso de Kant, de lejos el filósofo más importante de la Modernidad y uno de los dos o tres más grandes que haya parido la Humanidad. Ese error increíble según el cual la Razón nos impone el respeto a la Ley Moral, ¡pero somos absolutamente libres de obedecerla o no! Con lo cual estaba aceptando que no hay en realidad ninguna Ley Moral y que no hay en el hombre nada que garantice el Bien.

Frente a dicha quiebra, las respuestas de Nietzsche, Heidegger, Husserl, Kierkegaard y Schopenhauer fueron sencillamente lamentables. Y es en ese contexto en el que hay que juzgar la obra de Camus: ¿Hay en ésta algo que supere los esfuerzos de aquellos cinco grandes genios, que abordaron endeblemente la quiebra de la Filosofía? ¿Se podía enfrentar esta tragedia desde posiciones ateas o era necesario esperar por un replanteamiento poderoso de la noción de Dios, capaz de derrotar, no al Mal Benigno que se asumió antes de 1781, sino al Mal Radical, profundo e insondable, que se asomó en el siglo XIX y estalló criminalmente en el XX? ¿Ayudaba en todo esto el ateísmo o era necesario esperar el regreso de una noción de Dios infinitamente más poderosa, capaz de enfrentar un Mal mucho más profundo que todo lo que la Teología Medieval pudo imaginar? Nuestro taller sobre Camus arranca tentativamente el jueves 18/02.

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