Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Capitalismo bajo presión

Existen amenazas importantes derivadas de la más reciente crisis financiera de 2008-2009

Los mecanismos del capitalismo son implacables con empresas, trabajadores y gobiernos. Cuando funcionan con viento favorable los resultados son extraordinarios en ganancias, salarios y capacidad de gasto. Al revés, cuando los vientos van en contra. Pocos se quejan cuando las cosas van bien. En momentos de crisis, como ahora, se ha puesto de moda emprenderla contra el capitalismo como un todo. “Death to Capitalism” se leyó en una pancarta elevada por activistas del “Occupy Wall Street” en una manifestación en California, Estados Unidos por estos días. ¿Está el capitalismo en un nuevo peligro de muerte?

Ciertamente existen amenazas importantes derivadas de la más reciente crisis financiera de 2008-2009. Mucha gente ha perdido sus empleos, empresas y parte importante de sus ahorros. Europa no termina de solucionar el problema de la deuda externa de Grecia y se teme un efecto dominó en otros países vulnerables de la Eurozona, incluyendo España e Italia. El presidente Obama tiene dificultades inmensas para reflotar la economía americana. Incluso China, que tiene injertado el capitalismo en su sistema comunista, se afana en prevenir un frenazo en su crecimiento mientras busca reducir las presiones inflacionarias internas.

Que todos estos problemas sean culpa del capitalismo, como dicen algunos panfletarios oportunistas, es una proposición equivocada e inútil. El mundo ha sufrido multitud de crisis económicas a lo largo de la historia, mucho antes que el capitalismo existiera. Las peores crisis fueron vividas en los países más comunistas del siglo XX. Y nadie en sano juicio puede plantear como solución el fin del capitalismo porque el Sr. Papandreu se saque de la manga una propuesta de referéndum para que el pueblo decida si Grecia paga o no sus deudas con el exterior.

El capitalismo está bajo presión en donde la democracia funciona y los ciudadanos critican, protestan y debaten. Y los políticos escuchan y reaccionan. Como ha ocurrido en los últimos 150 años, la democracia evoluciona y el capitalismo se corrige y evoluciona también. Muy distinto a los sistemas hieráticos donde todo queda petrificado para complacer a los amos irreemplazables del poder. En estos, los problemas se acumulan hasta provocar implosiones. En los otros, las dinámicas políticas y económicas van resolviendo problemas, sucesiva y continuamente.

Pero ni democracia ni capitalismo están exentos del flagelo perverso de la corrupción. No se puede ser complaciente en este aspecto, aunque el tema es mucho más agudo en sociedades cerradas, no solamente las comunistas. Los riesgos son altos cuando por ejemplo se democratiza el capital de las empresas a través de fondos de pensión individuales o grupales que invierten en Bolsa. Los trabajadores siempre están dispuestos a aceptar un esquema que ofrece beneficios, pero rechazan al mismo cuando se sufre pérdida de ahorros. Si las pérdidas son masivas, como en las crisis, las consecuencias políticas son inevitables. Los gobiernos tratan de vigilar el comportamiento de los capitalistas. Pero los capitalistas mismos deben convertirse en los principales guardianes de la honestidad en los negocios.

dfontiveros@cantv.net

El Universal

Domingo 6 de noviembre de 2011