El “Centro de Divulgación del Conocimiento Económico” (CEDICE), en Caracas, acaba de editar y poner en circulación un libro extraordinario: Capitalismo: un antídoto contra la pobreza.

La obra fue escrita por la argentina Antonella Marty. El prólogo es de la venezolana María Corina Machado y la conclusión es de la guatemalteca Gloria Álvarez. Tiene una nota introductoria de Rocío Guijarro, gerente general de CEDICE.

Lo que sigue es un juicio mío. 

Los venezolanos vivieron en democracia durante 40 años, mientras prosperaban y progresaban. 

En 1999, pese a las dificultades, habían logrado una de las primeras economías de América Latina y tenían un saldo migratorio inmensamente positivo. Muchos latinoamericanos y europeos querían vivir y trabajar en ese país.

Supongo que ese fenómeno es suficiente para juzgar la calidad de los países. Hoy millones de venezolanos escapan hacia otras naciones. 

¿Por qué los venezolanos se entregaron a Hugo Chávez y a Nicolás Maduro? 

Por un problema muy grave: la ignorancia. No se daban cuenta de lo que tenían, como  revela este libro. Hay una forma clara de conseguir el desarrollo: la libertad. Ello implica la libertad para producir. La libertad para perseguir los propios objetivos. La libertad para vivir sin temores a los maleantes o a un Estado confiscatorio. La libertad para realizar transacciones lícitas. 

Ese tipo de sociedad próspera se logra con ahorro que genera consumo e inversiones que buscan beneficios y dan trabajo. Se logra con paz social. La paz social es el resultado de instituciones estables y del cumplimiento de leyes justas. Se logra con el mercado abierto y libre que deje espacio a los emprendedores.

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Fuente: www.cediceorg.ve

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