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Carlos Ball: La muerte de un líder. Marco Tulio Cicerón

Decía en una de sus novelas, el escritor Ernest Hemingway, citando al poeta John Donne, que:

Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

Si, es verdad, ahora bien, la muerte de un líder empresarial e intelectual como Carlos A. Ball, nos afecta más que cualquier otro fallecimiento de alguien porque fue una vida útil y valiosa la que se nos fue al otro mundo. Y lo llamamos líder porque era un individuo que a nosotros jóvenes profesionales y ensayistas lo seguíamos fácilmente.

Qué tragedia! Fui articulista del Diario de Caracas gracias en primer lugar a Rodolfo Smith y luego me cimenté allí por la gentileza de Carlos A. Ball. Siempre me pareció un individuo fuera de lo común, valiente e inteligente. Todavía se me agolpan a mi mente sus certeras respuestas a los gobiernos, de turno, sobre todo a Carmelo Lauría, eterno amanuense de Carlos Andrés Pèrez y Jaime Lusinchi. Cuando le mandó a decir a Carlos Ball, que él siendo secretario de la Presidencia no le tenía miedo; y simplemente Carlos le respondió, que dado el poder enorme del Estado, él sí le tenía miedo. No hay que olvidar nunca que Carmelo Lauría fue el arquitecto de la Ley General de Bancos de 1975 que amplió enormemente la capacidad de endeudamiento de los bancos con poco capital, y los hizo prácticamente ineficientes y nada competitivos.

También me viene a la memoria la guerra que le desencadenó Jaime Lusinchi para sacarlo de la dirección del Diario de Caracas. Desde ese entonces se fue a vivir a Estados Unidos donde fundó a AIPE una agencia independiente de noticias sobre América Latina y las economías de mercado. Así mismo se convirtió en un colaborador habitual del prestigioso Instituto Cato. En un excepcional ensayo suyo, titulado ¿ “Por qué América Latina no progresa en un mundo donde otros lo están logrando ? “ del 15 de agosto de 2007, nos aclaraba que ..”no solamente Chávez y los presidentes de Acción Democrática han sido enemigos de la libertad de prensa. El presidente copeyano Rafael Caldera me llamó públicamente “traidor a la patria” . Aquí cabe resucitar el dicho famosísimo del doctor Samuel Johnson “que el patriotismo es el último refugio de un bribón”. Claro, Carlos Ball escribió en The Wall Street Journal narrando las fracasadas políticas estatistas del entonces presidente Caldera. Y esto no le gustó al sempiterno candidato a la presidencia y destructor de su propio partido.

No tenemos ninguna duda, que el pensamiento independiente, liberal y pro economía de mercado en nuestro país le debe muchísimo a él. Crítico infatigable e indestructible, en una ocasión redactó unos comentarios hacia el libro de Iacocca sobre la Ford, puesto que él fue un concesionario de esta empresa automovilística, y recordaba la mala dirección de la Ford en Venezuela bajo la alta dirección de Iacocca. Le doy gracias a Dios por haberlo conocido, y que yo siendo todavía un muchacho joven, me publicaba todo lo que le enviaba sin cortapisas. Recemos por él unas oraciones, fue una vida útil y maravillosa como ninguna. Me disgusté enormemente cuando supe que se había ido a Estados Unidos, porque para mi, un tipo tan valioso como él, que se fuera; era irreemplazable, era un daño a la Venezuela pensante, productiva y libre de ataduras.

MARCO TULIO CICERÓN