Desde el punto de vista de la ética empresarial, se puede afirmar que la misma no es una ciencia de mínimos o de principios rectores que dicen lo que no se debe hacer. La actuación ética tiene como fin la propia realización personal, contribuir al desarrollo de los demás y, en el terreno de los negocios, hacer posible el logro de niveles más elevados de calidad organizacional. No se limita, sólo a evitar daños o inconvenientes, sino a coadyuvar a la excelencia humana.

En ese sentido las ideas de Carlos Rangel se adaptan plenamente a la ética empresarial, ya que en las mismas se hace evidente que los preceptos de libertad económica y competencia se traducen en libertad de la persona para su libre desarrollo como individuo y empresario que a su vez se traducen en innovación y eficiencia empresarial. Al haber libertad, los agentes que forman parte de la economía –consumidores y productores- pueden aprovechar y utilizar sus recursos de manera más eficiente, inclusive cuando no se les impone destinar una gran parte de los recursos al Estado, ambos tienen una mayor cuota de capital que podrán utilizar voluntariamente para la solidaridad.

Rangel critica al empresario latinoamericano ya que éste busca por todos los medios la vía fácil de hacer negocio, mediante el proteccionismo del Estado -sistema mercantilista- en donde, por ejemplo, se establecen sistemas de altos aranceles a la importación para la protección de aquellas empresas locales deficientes que no pueden competir con empresas extranjeras, debido –entre otros- a la falta de tecnologías en sus procesos o dificultades en la adquisición de las materias primas, por lo que resultan menos rentables y por ello requieren y presionan para que se tomen medidas económicas que al final solo perjudican al consumidor local, quién debe pagar un mayor precio por un bien que importado puede resultar mucho más económico.

Como consecuencia de esto no se fomentan mercados competitivos sino monopolios donde una o pocas empresas son las dueñas del mercado, lo que les da el poder de influir en precios más elevados, siendo al final el más ineficiente el que tiene este poder el decisorio en el mercado.

Por lo anterior el mercantilismo va en contra de principios claves de la ética empresarial (Elegido, 1998)[i], entre ellos podemos destacar tres:

  • Principio de solidaridad, ya que a través del proteccionismo a las empresas ineficientes no se promueve el bienestar de todos los seres humanos sino el interés de un pequeño grupo, que a costa del resto de la sociedad se hace rico y poderoso, destruyendo valor económico y social.
  • Principio de racionalidad, ya que no se actúa utilizando inteligencia -cuyo principal precepto indicaría que los más eficientes sean los que operen en la economía- sino por sentimientos vinculados al poder y el dinero.
  • Principio de eficiencia ya que no se hace uso adecuado de los recursos disponibles, por ejemplo la materia prima podría utilizarse en una industria donde si existiera ventaja competitiva.

Dado que el mercantilismo ha sido la norma en Venezuela y Latinoamérica, la mayoría de la población entiende -o asume- que para ser exitoso en los negocios y surgir económicamente en la vida es mucho más importante el know who (a quién se conoce en el gobierno, tener contactos) vs. el know how (nuestro conocimiento, ventajas competitivas), y si a esto le sumamos el hecho de que no se entiende el impacto que genera el mismo en la economía y lo que implica para los demás ciudadanos, el joven empresario jamás ni nunca se planteará el dilema ético respecto al mismo, y es en este sentido que la obra de Rangel resulta muy útil tanto para a entender el problema como para acabar con el mismo.

Hugo J. Bravo Jerónimo

Profesor Ética Empresarial Universidad Monteávila

PhD en Economía (candidato) Swiss Management Center

[i] Elegido, Juan M. (1998). Fundamentos de Ética de Empresa: la perspectiva de un país en desarrollo. IPADE, México.