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Carolina, el Mal y la Esperanza

02/11/09

Dios es la posibilidad de que gane el Bien, aunque sea por poco margen

Por: Emeterio Gómez

Carolina Jaimes Branger, una amiga muy querida, nos ha hecho una crítica en su artículo ¡Buenas noticias, Emeterio! publicado en El Universal, el 19/10/09. No queremos pelear con una mujer tan bella, pero tampoco puede uno quedarse “con esa”.

“Caro” arremete afectuosamente contra un planteamiento que he venido haciendo en esta columna: la Civilización Occidental nos ha inculcado una visión demasiado optimista de la condición humana. Todo el énfasis ha sido puesto en el Bien, la Justicia ¡¡y el Amor al Prójimo!! Ni Platón ni Jesucristo, los dos grandes fundadores, le dedicaron mucho tiempo a reflexionar o a predicar sobre o contra el Mal. Nunca se nos dijo que cualquier esfuerzo por imponer el Bien o el Amor tenía que confrontarse con las tendencias más poderosas hacia el Mal que -también- parecieran inherentes al Hombre. Y, lo más importante, se nos ha sembrado en el Inconsciente la errónea idea de que la Moral es simplemente “el conjunto de principios y valores que guían nuestra vida”; por supuesto, hacia el Bien, la Justicia, etc. Lo que nunca se nos explicó adecuadamente, ni se le puso mucho énfasis, es que nuestros valores deben enfrentar y superar las brutales presiones que el Mal ejerce contra ellos. Que hacer el Bien o ser honestos cuanto no existen “razones” para hacer lo contrario es fácil. Que, como dijo Jesucristo y Mel Gibson repite en su película sobre él: ¡¡Amar al que te ama o respetar al que te respeta, no tiene ningún mérito!! Que la verdadera esencia de lo Humano es ¿qué hacemos frente al que no nos ama o no nos respeta? En síntesis, que se necesita mucha más de la fuerza moral que Jesús supuso, para “poner la otra mejilla”.

Tal vez la forma más contundente de mostrar ese dañino sesgo optimista de Occidente a favor del Bien, es destacar que nos llevó hasta el siglo XX -dos mil quinientos años después de Platón y dos mil después de Jesucristo- para comprender toda la inmensa fuerza del mal. Es después de las dos guerras mundiales y, sobre todo, después de todas las masacres del Comunismo, el Nazismo y el Fascismo, después de la degradación humana a la que nos condujeron Hitler, Stalin y Mao, que Occidente llegó a descubrir toda la profundidad del mal que los humanos somos capaces de albergar y generar. Son esas frases trágicas de papas, filósofos y poetas: “¿Dónde estaba Dios cuando Auschwitz?”, “¿cómo hablar de ética después del holocausto?” Y, la que más nos afecta: “¿Quién se atreverá a hacer poesía después de los campos de concentración?”. Recomendamos en ese sentido la lectura de un extraordinario libro: El Mal Radical, de Richard Bernstein. Edit. Fineo.

Sí, Carolina, alguna esperanza genera el descubrimiento arqueológico de esa ciudad que al parecer vivió 1.000 años sin guerra, pero ¿cómo hacernos demasiadas ilusiones, si todas las demás han estado siempre en guerra? Si como dice demoledoramente André Glucksman, en Occidente contra Occidente: ¡¡los únicos períodos de paz son aquellos en los que se prepara la próxima guerra!!

Yo soy sin embargo, profundamente optimista, querida amiga. Creo que no hay nada inscrito o grabado en el Alma Humana, ni el Mal, ni el Bien; en otras palabras, creo firmemente que no hay ninguna Naturaleza Humana. Por eso soy optimista: porque como no tenemos nada, absolutamente Nada, en el alma, ¡¡podemos poner allí lo que querramos!! O, más claramente, Dios puede poner allí lo que querramos. Y puestos a escoger libremente entre el Bien y el Mal, Él es la posibilidad de que gane el Bien, aunque sea por poco margen. Descubrir a Dios es eso, amiga

gomezemeterio@gmail.com