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Carro viejo

El Universal 18/01/09

Si los carros viejos hablaran, pedirían igual no ser cambiados

Por: Domingo Fontiveros

Como a un carro que se puso viejo, el país sigue sobrellevando al gobierno que con 10 años encima ya es el más envejecido que ha tenido la Venezuela contemporánea. Funciona mal, no es muy confiable y aún así reclama más atención. A muchos nos cuesta cambiar el carro viejo, porque uno se encariña con el trasto y el nuevo sale muy caro. Pero hasta el cariño se le pierde cuando los achaques perturban demasiado la vida normal y, al contrario del carro nuevo, cambiar de gobierno no cuesta nada.

El temor a ser reemplazado en las elecciones de 2012 ha llevado al Presidente a querer levantar la limitación constitucional al número de reelecciones, única que no puede violar incluso con un tribunal constitucional a favor, porque es una norma concreta, precisa y aritméticamente clara que no es susceptible de interpretación acomodaticia. Si los carros viejos hablaran, pedirían igual no ser cambiados.

El gobierno está funcionando mal en casi todos los terrenos. El crimen bate todos los récords, la producción de la industria pesada se ha contraído, la inflación es indetenible, la inversión vuelve a descender, y para colmo los excedentes petroleros se han evaporado sin que haya quedado ni una obra cónsona con las bonanzas pasadas y sin ahorros suficientes para ofrecer alguna estabilidad segura hacia el futuro.

El gobierno ha demostrado no ser confiable en casi nada. Lo menos que puede pedírsele es que cumpla y haga cumplir la ley. Y sin embargo, ha sido reincidente varias veces en saltarse las normas al ritmo de su conveniencia. Desde aquellos viejos traspasos al FIEM que nunca se cumplieron, hasta la insistencia de convertir a Venezuela en un Estado socialista autocrático por encima de la Constitución. La iniciativa actual de enmienda constitucional es otra demostración de esa feroz inclinación a reventar las limitaciones propias para imponer más limitaciones a la ciudadanía.

El gobierno reclama más atención sumisa de la gente. De múltiples maneras y con los más enrevesados argumentos, el gobierno que detenta todo el poder y toda la riqueza, increíblemente se victimiza a sí mismo como si fuera un débil paria. Con esta argucia reclama más apoyo y más aceptación de sus lineamientos buscando la adhesión incondicional y el respaldo ciego de una población que tiene atosigada de consignas, propaganda y cadenas, y con presiones físicas, psicológicas y económicas al estilo de los más sofisticados regímenes de determinismo social.

En lo económico el gobierno sabe que ya no da mucho más. Se le bajó el nivel del combustible petrolero y el que queda ya no es del efectivo octanaje que tuvo en el pasado. Los esteroides fiscales que inyectó sin reparo para inflar algunos indicadores y repartir poder de compra, están en corta disposición y con eficacia disminuida. Quiere, no obstante, prolongar la burbuja consumista al peor estilo de Mr. Bush, más allá de cualquier cálculo racional sobre las posibilidades reales, comprometiendo con ello la seguridad del país.

Este gobierno está empecinado en convertir a Venezuela en un país en vías de subdesarrollo, como hizo Castro con Cuba y varios otros gobiernos obtusos de este y otros continentes. Sabe que le falta tiempo para concluir su misión y por ello pide más. Como al carro viejo que ya se hizo inaguantable hay que decirle NO. Y no cuesta nada.

dfontiveros@cantv.net