Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
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Carta abierta al presidente Maduro. José Toro Hardy

Consecuencias de los controles: devaluación, inflación, desempleo, estanflación…

Con el respeto que se merece su alta investidura, me dirijo a usted en ocasión de realizar algunos comentarios en relación con sus recientes avisos económicos.

Usted acaba de anunciar que se van a controlar todos los precios. Pues bien, me permito comunicarle que mientras hagan más de lo mismo no cabe esperar otra cosa que más de lo mismo. Para octubre los precios experimentaron la mayor alza en ese mes en 63 años.

Son precisamente los controles los responsables en buena medida de la inflación, la escasez y el acaparamiento. Hay una fórmula sencilla para derrotar esos tres grandes males. Ponga usted en práctica políticas que estimulen la producción. Cuando la oferta de bienes aumente, nadie será tan loco para acaparar lo que abunda.

Venezuela es un país capaz de cubrir las necesidades de sus habitantes, siempre y cuando no se lo impidan. En la medida en que usted pretenda controlar los costos, los precios, el cambio y amenazar a quienes pueden resolver la crisis, le informo que inevitablemente esta será más grave.

En la antigua Grecia se conoce el caso del aumento que sufrieron los precios de la carne. Los gobernantes de la época controlaron sus precios, pero estos no bajaron. Optaron por ejecutar a varios carniceros y lograron disminuir el número de carniceros pero no los precios.

Ya en el siglo III, después de Cristo, el emperador Diocleciano aprobó su famosoEdicto de Precios ante la inflación que asolaba al Imperio Romano. Nada. Tampoco logró ningún resultado.

“Confianza”

En economía existe una palabra mágica: “confianza”. Cuando hay confianza hay inversión y crecen la producción y el empleo. Aumenta entonces el consumo. Alguien, atraído por las ganancias hará las inversiones requeridas para aumentar la producción y sus ganancias. Por esa vía, los países entran en un círculo virtuoso de crecimiento que a todos beneficia.

En estos casos, la posibilidad de acaparar para especular es inexistentes por la sencilla razón de que la gente prefiere invertir. Quien opte por acaparar en momentos en que abunde la oferta, corre el riesgo de arruinarse.

Adam Smith, en su obra “La riqueza de las naciones”, explicaba la existencia de lo que definía como “una mano invisible”. Pero era una mano benefactora.

Pero lamento informarle, señor Presidente, que las cosas no necesariamente funcionan así. Cuando un gobernante opta por controlarlo todo y por imponer condiciones que terminan por sembrar desconfianza, lo que ocurre es que nadie se atreve a invertir con lo cual crece el desempleo y cae la producción. Estalla entonces la escasez con lo cual alguien comenzará a acaparar a fin de obtener alguna ganancia especulativa. Los países terminan hundiéndose en un círculo vicioso de empobrecimiento.

Escoger

Muchos creen que tanto la especulación como la corrupción están en la naturaleza humana. La única manera de impedirlas es creando las condiciones para que no se produzcan. Hay mecanismo que siempre han fracasado y otros que siempre han alcanzado las metas deseadas.

La opción de escoger entre el camino del círculo virtuoso de crecimiento o la del círculo vicioso del empobrecimiento está enteramente en sus manos.

No quiero terminar sin hacer referencia a lo que considero una de las obras más profundas que se hayan escrito en materia de filosofía política y que sin embargo su autor, Antoine de Saint-Exúpery, escribió como un cuento para niños: “El principito”.

El principito -estadista por excelencia- se preciaba de que sus órdenes nunca eran desobedecidas. Sin embargo, jamás se le ocurriría exigirle al sol ponerse al mediodía, porque sabía que no sería obedecido.

Si “El principito” de Saint-Exúpery le parece demasiado ingenuo, léase entonces“El príncipe” de Maquiavelo. Llegará a la misma conclusión.

En economía la vía de controlar todos los precios, el cambio, de imprimir todo el dinero para cubrir el déficit fiscal, de endeudarse, de anteponer las necesidades de otros gobiernos a las de los intereses de los ciudadanos de su país, conduce a las siguientes consecuencias: devaluación, inflación, desempleo, estanflación y desgarre del tejido social.

Buena parte de ese camino ya está andado. Apártese usted, señor Presidente, del borde de ese abismo. 


JOSÉ TORO HARDY – EL UNIVERSAL
pepetoroh@gmail.com

@josetorohardy