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Cartas a carroñeros

La Pantera Rosa le devolvió a Yamani su vida por veinte millones de dólares

La grave malade espiritual de Venezuela a fin del siglo anterior duerme en los documentos. El Presidente de la época, el mismo de hoy, remite una epístola calificada por los medios franceses de “surrealista, desconcertante, enigmática” a Carlos el Chacal, alias Ilich Ramírez, preso para 1999 en la cárcel de La Santé; y otra a la Corte Suprema de Justicia, a la que solicitó -y de la que obtuvo- autorización para hacer lo que le diera la gana, “una constituyente”.

El Presidente de Venezuela le escribe a la Corte “… inmerso en un peligroso escenario de causas generales que dominan el planeta (Montesquieu, Darwin), debo confirmar ante la Honorabilísima Corte Suprema de Justicia el principio de la exclusividad presidencial en la conducción del Estado… (por la) valoración que informa las pulsiones óntico-cósmicas, cosmo vital y racional social, inherentes aliusnaturalismo y su progresividad… “.

Cualquier persona medianamente sensata sentiría la pulsión “óntico-cósmica” de salir corriendo -más gente tan sabia y de erudición exquisita como el máximo tribunal- al oír al Primer Magistrado hablar como si fuera Zaratustra, Joselo o Linda Blair en El Exorcista, pero se sumaron a la aclamación masiva. El perrito que se tira patas arriba frente al perro grande. La “justicia roja rojita” comenzó allí en 1999, ¿por qué extrañarnos si Doña Luisa Estella la practica?

Otro documento fascinante y útil para desentrañar la gastritis nacional de hoy, es la Carta al Chacal que también escribe el Presidente, no por lo que dice al terrorista sino por la autovaloración del remitente y las intenciones que trasluce: “La vida de los hombres está cifrada en dos palabras: confiar y esperar… que al final de la batalla aparecerá algún Supremo, alguien que investido de sabiduría como el Abate Faría, inspirará el camino de salida… en aproximación al Dios que cada uno lleva en su corazón”.

Retórica zoroastrista, trascendente, digna del iluminado, del “Supremo”, el salvador, hacedor de una nueva vida, que cuenta nada menos que con la aproximación a Dios “en su corazón”.

Transcurridos los años, el país se dio su suelazo y cayó del trasbordador metafísico a un régimen cuyo mal olor se siente de Pekín a Managua. Incluso el redactor de tales delirios al Supremo está entre otras banderas esperando para hacer nuevos discursos.

Como si el Abate Faría hubiera terminado como un cura malentretenido, en vez de “camino de salida” al mundo nuevo del socialismo, llegamos al milagro de que no haya leche ni electricidad en un país multimillonario del siglo XXI. No en vano uno de los grandes estúpidos de la cultura occidental es Midas. Cuando aceptó el don de que todo lo que tocara se volviera oro, se autocondenó a morir de hambre. Una revolución leprosa arrastra sus harapos y se perpetúa lisiando la sociedad para darle de comer inmundicias en la boca.

Especie de Inspector Clouseau, asesino pero principalmente carroñero, El Chacal declara haber asesinado “entre 1.500 y 2.000 personas”, para relievar su fatua existencia, Lady Macbeth al revés que moja maniáticamente las manos en pintura roja. La mayoría de las operaciones en las que se involucró, fracasaron. Su debut a comienzos de los 70 terminó en una chapucería siniestra. Él operaría en París simultáneamente, mientras el Ejército Rojo Japonés secuestraba la Embajada Francesa en La Haya. Como su parte del trabajo fue un hazmerreír, desesperado corrió a Saint German de Pres, arrojó una granada a una farmacia y despedazó niños y mujeres. Igual hubiera podido escoger un kindergarten.

Otro día decide detonar con un rocket un avión israelí en Orly, y como era de esperarse falla y revienta otra nave de un país comunista. Herida su vanidad regresa al aeropuerto a una nueva trastada. Para “un agente de la lucha armada internacional” llevaba una vida de escándalos y dispendios que lo hicieron presa fácil de la policía. Delatado por un palestino como “el play boy venezolano” ocurre el famoso incidente del 9 de la Rue Routier, en el que asesinó tres policías.

Lo peor de su cadena de pifias. Sadam y Gadafi auspician el secuestro de la reunión de la OPEP en Viena en 1975 para que El Chacal asesinara al Jeque Yamani, ministro de Arabia Saudita y gran estratega del ala moderada. De nuevo fracasado y rebotando, en los aeropuertos árabes, la Pantera Rosa le devolvió a Yamani su vida por veinte millones de dólares. George Habash, el jefe del Frente Popular para la Liberación de Palestina que lo despreció desde verlo, lo expulsa de la organización.

@carlosraulher

El Universal

Sábado 12 de noviembre de 2011