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Causas del Estado impropio

Diego J. González Cruz
Diario El Unversal 11/06/07

 

El historiador, escritor y politólogo José Ignacio García Hamilton estuvo recientemente en Venezuela invitado por CEDICE-Libertad para presentar su último libro ¿Por qué crecen los países? (Editorial Sudamérica, Buenos Aires, 2006). En su presentación el historiador resume su obra, donde logra identificar cuatro modelos negativos que son característicos de los países que no crecen, que no por coincidencia tienen Estados impropios, como los define Adam Smith. Los modelos negativos son: 1) el Libertador pobre; 2) el llanero pobre y violento; 3) el mito de la víctima; y 4) el gobernante bueno que regala lo ajeno. Cualquier coincidencia con la historia de Venezuela es pura coincidencia. El autor insiste en que son estas condiciones culturales las que impiden el desarrollo económico y la prosperidad, como es típico en la mayoría de los países latinoamericanos.

Este análisis de García Hamilton coincide ampliamente con las propuestas de otro argentino, Mariano Grondona, quien en su trabajo Las Condiciones Culturales del Desarrollo Económica–Hacia una teoría del desarrollo (Planeta, Buenos Aires, 1999) coloca el énfasis en el hecho cultural del desarrollo (los actores del desarrollo), y se refiere también a las otras dos aristas: el estructuralismo (la economía es lo sustancial) y el institucionalismo (la influencia del orden político y administrativo; las leyes). Esta discusión continúa presente sobre cuál arista de este triángulo es la más influyente para lograr que los ciudadanos de cualquier país mejoren su calidad de vida. Hay coincidencia sobre la importancia del acceso a la educación y a los bienes que producen las sociedades, y el respeto a la propiedad privada y a la libre empresa. La realidad es que aun cuando lo cultural pareciera lo más influyente, no es un vértice en particular el que genera el desarrollo, sino la interacción entre ellas. Tiene que haber simultáneamente desarrollo cultural, económico y político.

Las ideas de García Hamilton sobre los países, en el caso venezolano, pueden hacerse extensivas a la industria petrolera venezolana, específicamente a la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). Comenzando por el Libertador pobre, representado por quien tiene el poder, sea el ministro o el presidente de la estatal, que niega hipócritamente la meritocracia, que simboliza la diferencia entre las distintas posiciones en la escala de trabajo; se opone a los méritos para alcanzar las máximas posiciones y, por lo tanto, sostiene que todos los trabajadores deben ser iguales de pobres como el funcionario dice que es el Estado que él representa. El llanero pobre y violento en la industria petrolera estaría representado por los trabajadores que actúan como operadores políticos, principalmente en las áreas operacionales; constituyen una mezcla de viejo sindicalismo y caciquismo, que se declaran también pobres y ejercen la violencia sobre sus pares; todo lo que hacen está justificado por su condición de pobres, que se identifica con el Libertador. El mito de la víctima estaría simbolizado por los empleados que cuando trabajaban en la “vieja empresa” sus altos méritos y condiciones profesionales nunca les fueron reconocidas; la gerencia de la compañía estaba contra ellos y era la responsable de que ellos no llegaran a las más altas posiciones; ahora se sienten por fin reconocidos. Finalmente, el gobernante bueno que regala lo ajeno estaría personificado por las regalías, los dividendos y todo lo extra que produce la compañía; a los gobernantes les gusta que sea distribuido, no importa que la empresa no prospere; ¡qué buenos son esos líderes que reparten! Claro, el reparto no es distribuido equitativamente a todos los que les corresponde, es decir, a todos los ciudadanos.

Mientras la población no se deslastre de esos modelos negativos, el país no avanzará.

El enfoque de García Hamilton para los países (y que yo extiendo a la petrolera estatal) puede hacerse extensivo, en Venezuela, a muchos representantes de las élites nacionales, en especial a los que se aprovechan del gobernante bueno que regala lo ajeno. Más felices no pueden sentirse, ya que están recibiendo parte de esa gran torta que conforman la riqueza y los dineros de la Nación, que pertenece a todos los venezolanos. Banqueros, industriales, comerciantes, intelectuales y artistas que apoyan y respaldan a los gobiernos de esos Estados impropios, porque están participando en la repartición del gobernante que regala lo ajeno.

cedice@cedice.org.ve