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“Cedice considera que tarjeta de racionamiento es un perverso control”

Caracas, Venezuela.  Junio 2014. Según se desprende del Análisis Costo Beneficio “Tarjeta de Racionamiento ¿Cómo llegamos aquí? preparado por el  Observatorio Económico Legislativo de CEDICE, el Estado decidió responder con una “tarjeta de abastecimiento”, o tarjeta de racionamiento a la situación de alta escasez de productos, especialmente de alimentos, que enfrenta Venezuela.

Esta tarjeta transmite un mensaje claro: no hay alimentos suficientes y ahora hay que cerrar el flujo de productos que antes podía ofrecer mediante sus mecanismos de distribución, PDVAL, Mercal y el mercado  Bicentenario. Esto confirma una tesis fundamental de la economía, y es que el Estado no está para ser empresario y sin empresarios no se genera riqueza ni bienestar. El estudio destaca que la tarjeta de racionamiento no es bien vista por los sectores populares como tampoco por la clase media, ya que se trata de un mecanismo para restringir el consumo.

El análisis hace una retrospectiva económica y señala que en 2003 cuando nació  el sistema de controles de precio y cambio, con la creación de la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi), luego del paro petrolero, el Gobierno Nacional emprendió un ataque contra el empresariado venezolano. En esa ofensiva hubo episodios devastadores para el sector productivo del país, como las sistemáticas expropiaciones (de empresas y otros bienes), las cuales llegaban a 2.150 entre (2005-2012) y la cada vez más fuerte regulación a las importaciones, las cuales actualmente son decididas en gran parte por el Sistema Complementario de Administración de Divisas (Sicad) o el Centro de Comercio Exterior (Cencoex), su sustituto reciente.

Como resultado de las políticas cambiarias y la disminución de la producción y la productividad de PDVSA, las entradas de divisas fueron cerrándose cada vez más, hasta el punto en que el Estado venezolano no tuvo divisas para otorgar a los importadores, fuesen o no “bien portados”. La condición de “portarse bien” para obtener divisas quedó expresa en 2003 cuando Hugo Chávez dijo que CADIVI se establecería como un control político y no como una medida económica.

En ese sentido señala el Observatorio Económico Legislativo de CEDICE, que CADIVI nunca fue una medida económica enfocada en restaurar, o al menos proteger, el nivel de las reservas internacionales, principal causa esbozada para controles de cambio. La prueba de esto se encuentra en la relación que guarda el nivel de Reservas Internacionales (RI) y los precios del petróleo. Entre el año 2003 y el 2014, el barril de petróleo pasó de costar 28,10$ a 104,98$ según cifras de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), y tuvo su pico máximo en 2012 con 109,45$. Las reservas internacionales pasaron de 21.332 millones de dólares en noviembre de 2003 a 21.639 millones de dólares en enero 2014 según cifras del Banco Central de Venezuela (BCV).

Como resultado, el análisis destaca que en 2013 la situación se volvió insostenible. La inflación se desbordó con un 56,2% al final del año a causa de los problemas relacionados a la emisión de dinero inorgánico y la perversión del tipo de cambio fijo que no refleja el valor real del bolívar. El aparato productivo no podía hacerle frente a la enorme demanda excedentaria que reclamaba por productos, que en cuestión de dos meses podían aumentar hasta el 50% en algunos rubros.

Los aumentos los sufrieron con mayor fuerza los productos electrónicos y las viviendas, donde la respuesta del Estado fue fiscalizar y se acuño popularmente el término “precio justo”, que  no fue más que una reducción forzosa de precios, a veces por debajo de su valor de compra.

El análisis del Observatorio Económico Legislativo de Cedice concluye que al final de 2013, principios de 2014, lo que tenia Venezuela es una situación donde no existe producción nacional, no existe reposición de inventarios, muchos comerciantes cierran sus negocios y se vive con una escasez que alcanzó el 26,5% en marzo, según los cálculos del Banco Central de Venezuela (BCV). “La respuesta social a esto han sido protestas fuertes y sostenidas, la motivación de dichas protestas no es un asunto coyuntural, sino que se trata de problemas del día a día, hacer colas para comprar productos, no conseguir ni alimentos, ni medicinas, la creciente sensación de que empeorará en el futuro, todo esto en un marco donde impera la inseguridad y la impunidad”, sentenció el estudio.

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