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Charo Méndez: “La polarización ha impedido una práctica empresarial más responsable”

El compromiso de las empresas con las comunidades de su entorno no será producto de buenas intenciones, sino una exigencia de toda la sociedad.

Hugo Prieto

¿Es posible desarrollar proyectos en conjunto? Brasil, Colombia y Chile, han demostrado esa posibilidad, a través del papel convocante que ejerce el Estado con políticas públicas apropiadas y comunidades cada vez más empoderadas.
Charoc (RSE) advierte contradicciones entre el discurso del Gobierno y la realidad institucional del Estado. ¿Realmente queremos un sector privado que genere riqueza y empleo? ¿O el problema es la supervivencia empresarial? “Este concepto pudiera ser una oportunidad para promover, dentro de los principios económicos, la equidad social”, afirma Méndez. Una fórmula que le permita al Estado, que presta apoyo al sector productivo, a través de financiamiento, exoneraciones impositivas y compras directas, exigir a cambio “un balance verificable y responsable de las empresas”.

¿Se puede hacer uso de la propiedad privada en beneficio social?Sí. La generación de riqueza, a través de la propiedad de medios de producción, genera beneficios para la sociedad. Uno es la producción de bienes que necesitan los consumidores. Otro es la generación de empleos que se requiere para producir esos bienes y servicios. Un empleo formal que debe cumplir con obligaciones laborales. Y, además, efectivamente, al pagar sus obligaciones fiscales (impuestos), el Gobierno está utilizando un mecanismo de redistribución de riqueza.
Parece que eso es insuficiente.
Cuando me dicen que de las principales 100 economías del mundo, más de la mitad corresponden a corporaciones, no a Estados, que una empresa que producía para un país y por tanto podía ser regulada por un Estado, ahora produce para todo el planeta, la situación cambia. ¿Naciones Unidas está sentando a quién? A Estados. Pero las grandes concentraciones de capital, que ya tienen un poder y una incidencia importante en problemas como la pobreza o el cambio climático, no las tenemos sentadas en el mismo sitio. Por eso es que se organizan los grandes foros empresariales de las economías más avanzadas. Un poco para responder a la pregunta, ¿dónde le ponemos el cascabel al gato a esas grandes concentraciones?
¿Por qué son tan pocas las empresas que se han preocupado en ir más allá? ¿Acaso por esta vía no se construyen alternativas frente a las desigualdades y la inequidad? ¿Por qué hay tan pocas empresas que tienen un balance de responsabilidad social empresarial?A mi manera de ver, este tema no ha calado lo suficiente. Es la misma razón por la que te preguntaría, ¿por qué la RSE se difunde en la sección de sociales o ciudadanía y no se maneja en la sección económica de los periódicos? Porque todavía no se ha visto que este concepto pudiera ser una oportunidad para promover, dentro de los principios económicos, la equidad social. Un empresario, por ejemplo, puede lograr niveles de transformación, si tiene una conducta más responsable. Es muy distinto y es algo que impacta la situación económica, si le compra a proveedores nacionales y no a empresas extranjeras. Igualmente, es distinto si le compra a 100 proveedores que a uno solo. Es distinto, incluso, si entre esos 100 proveedores, hay medianas empresas, cooperativas y microempresas. Es distinto. ¿Pero esta actitud distinta tiene eco en el área de compra de las empresas? Yo diría que no, porque la RSE se asume como donaciones o el apoyo a la comunidad a la vieja usanza.
¿Qué diría de otras áreas empresariales que, igualmente, tienen incidencia en otros sectores de la economía?Un departamento de mercadeo también pudiera generar transformaciones. Imagínate lo que significa que la inversión publicitaria, además de asociar un producto a una marca, pudiera tener un carácter social o una orientación a la ciudadanía. Además de vender un producto asociado un personaje famoso, por ejemplo, pudiera tener una orientación en salud, ¿por qué no? Lo que creo es que dentro de las mismas prácticas de generar riqueza, puede haber espacio para el beneficio social. ¿Cuándo una gerencia de Recursos Humanos recluta personal se guía por una práctica más responsable? ¿Están pensando, por ejemplo, que en su entorno no hay gente que tenga condiciones de empleabilidad y lo que pueden hacer, en un plazo razonable, para que esa situación cambie?
Los Estados son entes redistribuidores de riqueza, a través de los impuestos y de la deuda. A su vez, tienen programas de apoyo al empresario, a través del crédito, compras estatales, exoneraciones impositivas y financiamientos. ¿No cree que el Estado, en contraparte, debería pedirle a las empresas balances verificables de RSE?Absolutamente de acuerdo. Ese planteamiento ya forma parte de las políticas públicas que están asumiendo las instituciones comunitarias en toda Europa. A eso lo llaman ‘compras públicas éticas’. Es decir, las empresas que se presentan a ofertar bienes y servicios luego de una oferta pública hecha por el Gobierno o por organismos del Estado, son evaluadas y se considera un requisito indispensable que sigan prácticas de responsabilidad. En Venezuela tenemos un antecedente que es la Ley de Contrataciones Públicas. Esa ley supone que las empresas, además de presentar una oferta técnica, deben presentar una oferta social. ¿Al final qué ocurre? Que el 2% de la oferta social lo añaden al precio. Lo que debería evaluarse es la trayectoria previa de una empresa y favorecer aquellas que demuestren, efectivamente, que han seguido prácticas responsables. La trayectoria es lo que se debe premiar. Pero esto, que vale para el sector público, también debería ser una práctica en el sector privado, al menos con los proveedores de las empresas y preguntarse, al momento de hacer contrataciones: ¿Cumplen con su fuerza laboral? ¿Observan las regulaciones ambientales?
Estos conceptos están asociados al desarrollo del capital humano en una comunidad, al empoderamiento de la gente y a la inserción social. ¿Cómo se logran esos objetivos?A partir de esta nueva realidad, las empresas advierten que una comunidad es un actor que, efectivamente, está en capacidad de manifestar cuáles son sus necesidades y apropiarse de los proyectos, que podría hacerse un diagnóstico y un diseño conjunto, a partir del cual la comunidad asume la responsabilidad de su ejecución, la empresa el apoyo financiero y el Estado lo referente a infraestructura y desarrollo institucional.
¿En qué se parece eso a la democracia participativa y protagónica?
Se parece en el sentido en que realizas consultas, en que estás codiseñando, en que estás haciendo, precisamente, un ejercicio democrático, porque allí hay inevitablemente un conflicto de intereses entre lo que pretende hacer la empresa, lo que pretende hacer la comunidad y lo que pretende hacer un gobierno local. Hay que ponerse de acuerdo, concertar y evaluar cuáles son los elementos que se contraponen. Eso supone un ejercicio que es mucho más difícil, más complejo, que ofrecer una determinada opción.
¿Eso es posible en medio de la polarización?A mi manera de ver, la polarización no ha ayudado en este tema. A veces he sentido una mezcla de angustia y envidia frente a lo que ocurre en Brasil, en Colombia, en Chile y en otros países de la región, donde son cada vez más los proyectos en común entre gobiernos locales, empresas y comunidad organizada. Tiene que haber un actor convocante y ese papel le corresponde al Estado, que es el que puede articular. Pero si a uno de ellos lo insultas o te parece que no sirve para nada, ¿qué ocurre? Que lo que se discute es la sobrevivencia del sector privado, más que las posibilidades de comprometerse en un objetivo común. Pareciera que el problema es si vamos a dejar que las empresas generen riqueza, ¿pero realmente lo es? Lo útil es tener un Estado exigente que norme una conducta más responsable, tanto en el sector privado como en las comunidades organizadas. Creo que hacen falta dos cosas: un empoderamiento de la comunidad que conlleve la formación de un actor legítimo y formado, y un nivel de convocatoria y de políticas públicas por parte del Estado.
¿No cree que hay un divorcio entre la realidad y el discurso del Gobierno?En los planteamientos del Gobierno se advierten contradicciones. Es decir, por un lado plantean que la iniciativa privada se va a mantener, pero tiene que ser más controladas y con prácticas más responsables. ¿Cómo se logra ese objetivo? Sugieren que te acerques a las comunidades, a los consejos comunales, o más derechos de cogestión y participación a los trabajadores en la empresa o promover un consumo más responsable de los consumidores. ¿Estamos hablando de un capitalismo responsable? Pero dentro del mismo Estado ves que hay funcionarios que rechazan la RSE porque la consideran una práctica capitalista. No ves, por tanto, prácticas responsables en algunas empresas públicas, aunque siguen siendo empresas. Otras, que fueron estatizadas, siguen teniendo gerencias de RSE. El Seniat, por ejemplo, que es un instituto autónomo, ni siquiera es una empresa, tiene una instancia de RSE. ¿El Estado se va a ocupar de producir cualquier cosa o se va a ocupar de la seguridad, por ejemplo? Esas son las contradicciones que uno advierte dentro del propio Estado.

Publicado en Últimas Noticias / El País / Domingo, 22 agosto