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Chávez ¿Rey de la baraja? Carlos Goedder

Los temas a considerar son si Chávez ha sido un personaje relevante en la historia política venezolana y qué ha aprendido Venezuela durante su hegemonía

En la novela histórica venezolana, el escritor clave ha sido D. Francisco Herrera Luque (1927-1991). Psiquiatra de profesión y con erudito conocimiento sobre historia venezolana, su trabajo ha sido lamentablemente desconsiderado en las generalmente aburridas discusiones hechas tanto por los historiadores académicos venezolanos como por la historiografía oficial vigente bajo el gobierno de D. Hugo Chávez. Ambas escuelas carecen de un atractivo fundamental en la obra compuesta por Herrera Luque: preguntarse las razones de los hechos históricos, descubriendo también su dimensión humana. Los historiadores académicos creen que toda la verdad está en la hermenéutica de documentos y proclamas, sin lanzar hipótesis ni posicionarse críticamente, olvidando que la historia sólo avanza cuando se sugieren interpretaciones en lugar de limitarse a rastrear archivos y enumerar hechos. La historia oficial intenta legitimar al poder atribuyéndole la herencia del legado heroico, patriótico y nacionalista. Por fortuna, el amor por la historia venezolana sobrevive aún con estos excesos y ello se debe en gran medida a plumas afortunadas como la de Herrera Luque, las cuales nos han mostrado desde la historia cómo funcionan las mentes individuales y la cultura en esa compleja sociedad que es la venezolana.

El trabajo de Herrera Luque tiene varios hitos. Uno de los mejores fue analizar frontalmente al paladín de la causa realista en Venezuela, el asturiano José Tomás Boves (1782-1814). Señalado desde el Siglo XIX por Juan Vicente González como el primer caudillo democrático venezolano, el astur, blanco europeo, lideró a los negros y mestizos llaneros a exterminar la raza blanca en Venezuela, especialmente a los propietarios terratenientes líderes del movimiento independentista. La obra, BOVES EL UROGALLO (1975) muestra en toda su crudeza un drama vigente en toda la historia venezolana: la aguda desigualdad social, causante de tragedias individuales y sociales como este exterminio genocida conducido por Boves, el más sangriento en toda la historia independentista hispanoamericana. Boves se llevó por delante la Segunda República de Bolívar. Y si algo inquietó profundamente a El Libertador durante toda su gesta fue lo que él mismo llamaba la “pardocracia”, el gobierno por los grupos sociales a quienes el régimen colonial, con sus prejuicios de casta, mantuvo menos ilustrados. El sueño bolivariano era enlazar a los jefes militares mestizos de la República con las hijas de las familias principales en la Colonia –familias esencialmente arruinadas por la Independencia-. Protagonizando ese sueño por crear una nobleza venezolana nueva, unió a su propia sobrina con el General José Laurencio Silva, un jefe llanero. El proyecto se vino al traste al caer Bolívar. La desigualdad social venezolana sobre la propiedad de la tierra persistió en el Siglo XIX y condujo a la Guerra Federal entre 1859 y 1864. Hasta inicios del Siglo XX, Venezuela siguió ardiendo con guerrilleros de toda índole, hasta que la dictadura de Juan Vicente Gómez, entre 1909 y 1936, creó una milicia nacional y moderna, suficiente para exterminar a los caudillos. Con la administración financiera de Gómez, Venezuela finalmente ordena sus finanzas y se da el salto a la democracia cuando en 1945 una junta cívico-militar derroca a los sucesores de Gómez. Tras un breve interludio militarista, Venezuela ha vivido bajo democracia desde 1958. La ilusión de armonía se viene al traste, vuelve la desigualdad social y desde 1989 se suceden protestas sociales sangrientas, dos intentos de golpe de Estado en un país que los había desconocido cuando fueron moneda corriente en Sudamérica, la destitución de un Presidente, una sensación de acefalía y la entronización de Chávez, precisamente el fallido golpista militar de 1992.

Ese apretado resumen se puede estudiar bajo la hipótesis de los “Reyes de la Baraja” propuesta por Herrera Luque en su obra LOS CUATRO REYES DE LA BARAJA (Grijalbo, 1991). Herrera Luque, jugando con las figuras de la baraja española, sugiere que cuatro fueron los forjadores políticos en la historia venezolana republicana, iniciada en 1830. El Libertador Simón Bolívar queda fuera en la secuencia, entre otras cosas porque Venezuela nace como República al declarar su secesión respecto a la República Andina propuesta por Bolívar. Los Cuatro Reyes de la Baraja carecieron de esa índole universal y las grandes miras de Bolívar, si bien todos esos personajes intentaron sentirse a la altura bolivariana. El propio Herrera Luque, al lanzar su teoría en el Capítulo “Sota, Caballo y Rey”, en esta que es a mi juicio su mejor novela, señala:

“¿A qué se debe la machacona manía de exaltar casi exclusivamente al Libertador, como si no hubiese más temas y personajes en nuestra vida? Por más que yo sea el primero en celebrar su desinterés para hacer dichosa a Venezuela, Bolívar sembró el ejemplo de que solamente la autocracia podía hacer de nuestro país una nación fuerte y poderosa. ¿Acaso no se declaró dictador, por más que lo hiciese a la manera de los romanos?” (p. 252)

Y al considerar cómo los Reyes de la Baraja, salvo el primero, se proclamaron bolivarianos, Herrera Luque concluye:

“La razón está muy clara: la imagen del Libertador les sirve como ejemplo y justificación a sus respectiva dictaduras. De ahí la entente existencia entre historiadores y dictadores.” (p 252)

¿Quiénes fueron esos Cuatro Reyes de la Baraja?

El primero, José Antonio Páez (1790-1873). Un guerrillero llanero quien consiguió que las huestes de Boves, al ser asesinado el astur, cambiasen a la bandera patriota. Protagonizó varios combates de valor anecdótico en las llanuras venezolanas, tomando parte únicamente en una gran batalla decisiva, la de Carabobo en 1821 (donde por demás quedó inconsciente por un ataque nervioso). Tuvo el mérito de mantener en paz Los Llanos, evitar que emergiese otro Boves y dotar de ganados al ejército, si bien rechazo apoyar a Bolívar en la campaña clave con la cual El Libertador independizó Nueva Granada en 1819. Como militar poderoso en Venezuela, aprovechó la ausencia bolivariana y el resentimiento hacia el gobierno desde Bogotá que impuso El Libertador, para separar a Venezuela como nación independiente, rompiendo con Bolívar y desterrándolo. Desde 1830 hasta 1847 fue el político más importante en Venezuela, gobernando directamente dos veces. Mantiene la situación social al estilo colonial, prolongando la concentración en la propiedad de la tierra y enriqueciéndome él mismo con varias fincas, las mejores del país. Su régimen, en cualquier caso, mantuvo disciplina administrativa, personas de talento en la gestión civil y respetó la Ley, deteniendo el golpe de Estado al primer presidente civil que tuvo Venezuela, D. José María Vargas. Finalmente le remplaza otro caudillo llanero de Oriente, José Tadeo Monagas, quien hace suya la causa de reivindicación social correspondiente al Partido Liberal. Con Monagas se rompe la política económica de Páez, se estatiza la deuda de propietarios agrarios privados, se establece la alternancia familiar en el poder y el peculado se dispara. Estalla la Guerra Federal y Páez, exiliado, es llamado a protagonizar un gobierno transitorio. Perdida la Guerra, vuelve al extranjero y muere en Nueva York. Por ser el presidente que participó en la Guerra Independentista, Páez fue el Rey de Espadas.

El siguiente Rey, eje de la novela “Los Cuatro Reyes de la Baraja”, fue Antonio Guzmán Blanco (1829-1899). En él se reconocerían los políticos de la democracia venezolana, porque su principio de actuación  fue enriquecerse con el ejercicio del poder para ir a residir con holgura financiera en el extranjero. Sólo que en lugar de Miami, el lugar para el exilio dorado en ese momento era París. Guzmán fue el Rey de Copas, un personaje elegante y sibarita. Su historia personal fue difícil: hijo del demagogo Antonio Leocadio Guzmán, quien fundó el Partido Liberal  y por línea materna descendiente de El Libertador – su madre Carlota fue criada por la hermana de Bolívar-, Guzmán se sumó a la revuelta democrática de la Guerra Federal y precisamente por su noble ascendencia materna consiguió ser el nexo entre las hordas rebeldes y el status quo. Su gobierno tuvo miras ambiciosas en cuanto a progreso y civilización. Estableció la educación primaria gratuita, pública y obligatoria. Creó la moneda nacional. Dio urbanismo a Caracas, construyendo sus principales edificios públicos y monumentos vigentes. Favoreció al comercio. Consiguió mantener en paz a los caudillos locales. Anticlerical, confiscó bienes a la Iglesia y propició el Estado Laico. Logró su meta personal y se retiró a vivir como buen burgués en su amada París. Sus restos fueron repatriados a Venezuela en Agosto de 1999 y habría que preguntarse si él lo habría querido.

Juan Vicente Gómez (1857-1935) fue el Rey de Bastos. Propietario rural andino, en una región más vinculada a Colombia que a Venezuela, su Táchira natal cobró protagonismo político bajo Guzmán. Se suma a su compadre Cipriano Castro, en la revolución política y lideran una insólita invasión de los montañeses al centro venezolano, conquistando el poder en Caracas más por impericia y desorden entre sus enemigos que por grandes méritos propios. Gómez actuó como Vicepresidente de Castro, teniendo, a diferencia de su compadre, un buen sentido organizador y administrativo, con sagacidad para tomar decisiones e intuición política sorprendente. Su escasa educación académica y modos sencillos lo hicieron tener por un simplón, apenas bueno como jefe militar para reprimir a los caudillos alzados contra Castro. Gómez se apropia con el poder al marcharse Castro a ser operado en el extranjero. Gómez, desde 1909 hasta fallecer en diciembre de 1935, fue el hombre más poderoso de Venezuela. Persiguió con saña a sus enemigos, abarrotando las cárceles de presos políticos. Pacificó el país y creó una milicia armada profesional. Con él desaparecen los caudillos, bajo su lema de “Paz y Progreso”. Organizó la Hacienda Pública Venezolana y se optimizaron unas finanzas nacionales tan desastrosas que bajo Castro Venezuela había sido sitiada por barcos de las naciones acreedoras para exigir deudas atrasadas. En 1930 se cancela la deuda externa venezolana, homenajeando a El Libertador en el centenario de su fallecimiento. Se crea la red vial terrestre venezolana. Se inicia la explotación petrolera, con actitud complaciente hacia la inversión extranjera. En temas de educación y salud pública su gobierno fue esencialmente irresponsable y nunca sintió tales temas como parte de su agenda.

El Rey de Oros es el mandatario que gobierna bajo una Venezuela finalmente rica, al tenerse industria petrolera alimentando las arcas públicas, Se trató de Rómulo Betancourt (1908-1981). Funda la democracia venezolana, protagonizando una alianza civil-militar que depone a los herederos políticos de Gómez. Adopta la consigna del voto universal, directo y secreto. Inicia un Estado del Bienestar fuerte, si bien ya había  sentado las bases el depuesto Isaías Medina Angarita. Con Betancourt se asume que el juego democrático hará el reparto de renta petrolera que precisa Venezuela para desarrollarse. Lo acompaña como consejero petrolero Juan Pablo Pérez Alfonzo (1903-1979), quien propone una explotación del petróleo menor al máximo posible, temiendo dilapidar la riqueza petrolera y quien concibe la OPEP para proteger los intereses nacionales entre los países exportadores petroleros. Betancourt infiltró su partido, Acción Democrática, en todos los ámbitos de la vida civil, siendo que incluso las elecciones entre gremios profesionales (y vergonzosamente de maestros) se hacen bajo banderas partidistas políticas. Aún así, defendió el bipartidismo y la alternancia en el poder, teniendo por principal rival al partido COPEI. El poder de Betancourt se consolidó a partir de 1958, tras un breve interludio dictatorial de Marcos Pérez Jiménez. Ejerciendo la Presidencia en 1960, fue feroz represor de las guerrillas comunistas propiciadas desde Cuba y confrontó  con éxito una crisis bancaria iniciada al asumir la Presidencia. El Estatalismo se asumió como política económica, dando por válido al Estado como impulsor del Desarrollo y restringiendo libertades económicas, si bien se aceptó la actividad privada, manteniendo disciplina fiscal y monetaria. La promoción en educación y salud fue notable.  Su orden democrático tiene un punto de inflexión en quien fue su delfín, Carlos Andrés Pérez, quien nacionaliza la industria petrolera en 1976. Bajo Pérez, el desarrollismo democrático se desbordó, se perdió disciplina en cuentas públicas, se inició un afán de protagonismo en política latinoamericana y se disparó la corrupción. En 1983 se produce la primera gran devaluación del bolívar, una moneda estable y aceptada como divisa de reserva por el Fondo Monetario en 1968. El incremento en pobreza y marginalidad, especialmente tras una inmigración andina desbordada durante los años setenta, el colapso en servicios públicos, la criminalidad y el desorden monetario se hicieron moneda corriente, junto a la corrupción asociada a mantener un tipo de cambio fijo administrado por el gobierno. En 1998 Hugo Chávez proclama una Quinta República y despotrica contra los años democráticos de 1958-1998, iniciados formalmente con el acuerdo entre partidos propiciado por Betancourt bajo el “Pacto de Punto Fijo”.

¿Qué tuvieron en común esos Reyes de la Baraja? Herrera Luque señala esto:

“Son la encarnación de Venezuela en cuatro momentos de su devenir.

Son las cuatro caras de nuestro país en el siglo y medio que lleva de existencia. Los reyes de la baraja son Venezuela. De analizar sus virtudes y sus defectos, nos llamaría la atención la serie de rasgos que tienen en común, además de ser la más vívida expresión de nosotros los venezolanos. Fueron leales amigos, implacables enemigos y hombres valerosos. Fueron ladrones y aprovechadores, malos maridos y mujeriegos. Amaron a su madre sobre todas las cosas, admiraron profundamente a sus progenitores y antepusieron por encima de los intereses del país su sentido familiar y tribal. Los tres descendían de canarios; llevaban sangre de los conquistadores y de las razas vencidas; procedían de hogares modestos económica y socialmente. Los tres fueron jugadores y deportistas, madrugadores y desconfiados. Amigos y protectores de los extranjeros. Enemigos de la letra escrita”  (p. 251)

Comparándolos con figuras menores y remedos que han tenido en nuestra historia, el autor elabora:

“Ninguno huyó ante las dificultades, como lo hicieron Vargas, Monagas, Andrade e Isaías Medina Angarita, cuando éste se dio por vencido so pretexto de evitar un baño de sangre. ¿Por qué Medina renunció a un derecho constituido y legítimo, de defender su mandato al precio que fuese? [Este fue el mandatario depuesto por Betancourt en 1945]. Napoleón afirmó que de haber estado al frente de la guarnición de la Bastilla y tener catorce cañones, no hubiese habido Revolución Francesa.” (p. 251)

“Los conductores de pueblos marchan un paso delante de la muchedumbre. En ese paso adelante están contenidas imágenes arquetípicas, que si el pueblo no cumple, sí lo exige a sus gobernantes. Fíjese cómo a los venezolanos les molesta la borrachera de sus presidentes. (…) El venezolano por momentos es mal padre. Los reyes de la baraja, contradictoriamente, lo fueron amantísimos. El arquetipo, además de ser expresión de la idiosincrasia de su pueblo, flamea objetivos morales que en el sentir de la gente se propone alcanzar. Fueron vengativos, crueles y hasta homicidas en aras de su mandato. Con excepción de Guzmán y no del todo, eran llanos, cordiales y nada solemnes, con un gran sentido del humor. En materia estética tenían un gusto deplorable. Adversaban o les disgustaban los hombres de pensamiento, con excepción de aquellos historiadores que justificasen sus desmanes. (…) Como buenos retrógrados pidiendo al tiempo que vuelva atrás, prefieren el orden a la justicia, el gendarme a la disidencia. Confunden la libre expresión y la protesta con la insurrección.“  (p. 252)

Estos son retratos psicológicos. La clave de los Reyes de la Baraja es que fueron políticos sagaces, con todo el carácter y responsabilidad que eso entraña y sintonizaron con lo que los electores venezolanos pedían en su momento histórico. El Rey de la Baraja lo es por consentimiento popular. Si duraron en el poder y crearon instituciones que les sobrevivieron, generando claros puntos de inflexión en la historia venezolana, es porque supieron leer lo que Venezuela pedía y pensaron en grande al mismo tiempo. Todos cambiaron el país que recibieron y para eso era preciso entender que evolución la sociedad venezolana solicitaba.

Viene entonces la gran pregunta: ¿Chávez es un “Rey de la Baraja”?

Desconocemos que ocurrirá en Octubre de 2012. Ojalá haya un cambio de gobernante, que es necesario en cualquier sociedad democrática. Ahora bien, sería un craso error para los políticos venezolanos que subestimen a Chávez y desconsideren su legado. El gran error entre la Oposición a Chávez y los analistas superficiales es creer que Chávez es un simplón vulgar y sus seguidores unos desposeídos ignorantes. Esto es una simplificación improductiva. Porque entre los chavistas hay gente que ha ascendido a clase media y las calles madrileñas están pobladas de “boliburgueses” quienes han elegido, quizás por el idioma y diferenciarse de los nuevos ricos precedentes, a Madrid en vez de Miami como destino turístico. Hay quienes han prosperado bajo el chavismo y han obtenido trabajos, títulos y posiciones sociales impensables bajo la Democracia precedente. Y Chávez tampoco es un tonto. Es un militar profesional, formado por la misma Academia Militar creada desde Gómez. Ha sobrevivido a todos sus reveses y a intentos por derrocarlo. Lleva gobernando trece años y ha hecho lo que ha querido. Sólo puede lamentarse que haya desperdiciado una oportunidad única para el progreso venezolano. Ahora bien, como animal político, ha seducido desde indigentes hasta académicos.

El gran problema con Chávez, a diferencia de los Reyes de la Baraja, es que bajo él ha sido imposible el orden y la paz. Los Reyes consiguieron pacificar Venezuela. Hubo agitación social que ellos consiguieron calmar. Si algo distingue a estos cuatro personajes es que bajo ellos el país pudo sentirse seguro. Claro que hubo revueltas y guerrillas bajo todos ellos, mas el ciudadano común confiaba en que el gobierno vencería y se podría vivir esencialmente en paz. Sería viable trabajar y tener cierta comodidad. Ese acuerdo fundamental se ha roto con Chávez. Robo, asesinato y violencia urbana son moneda corriente bajo su gobierno y ser propietario es algo castigado por el régimen, bien frontalmente mediante la expropiación o mediante negligencia al dejar campear a los criminales a sus anchas. Chávez piensa en términos militares y comunistas, quedándose sin entender que un estadista tiene que hacer sentir que se acabó la conmoción interna y transmitir confianza a la gente sobre el futuro. Una tiranía sólo sobrevive si trae estabilidad a la vida cotidiana del ciudadano. Y si Chávez hubiese respetado la propiedad y hubiese reprimido la criminalidad, ni remotamente estaría en peligro sobre si lo van a reelegir. Es más, todo ese apoyo a Cuba y el comunismo nadie se lo pedía, salvo una minoría de izquierdistas trasnochados.

Si algo se ha aprendido con Chávez es que los venezolanos valoran más la igualdad que la libertad. Mientras se les garantice ponerse en unas migajas siquiera de la renta petrolera, tolerarán casi cualquier cosa. Sólo así se explica que tras todo su historial y locuras, Chávez tenga millones de electores todavía.

Será un político capaz de entender el porqué surgió Chávez y garantizar que ciertos logros chavistas se mantendrán, quien conseguirá sucederlo. De momento el mensaje es claro: o se consigue cierta equidad en el reparto de esa piñata petrolera, en una sociedad por demás superficial y exhibicionista, o siempre habrá nueva agitación política y social inminente.

(Para conocer más sobre los escritos de Herrera Luque, está esta referencia a su Fundación: http://www.fundacionherreraluque.org/2009/11/libros-de-herrera-luque.html )

Madrid, Agosto de 2012

Carlos Goedder: carlosurgente@yahoo.es