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Chávez, San Agustín y la filosofía

El Universal 11/01/2009

Luego de derrotarlo el reto es ¿qué tipo de sociedad construiremos?

Por: Emeterio Gómez

Un lector, molesto por mis “excesos de filosofía”, nos dice: “¡aterrice Emeterio, aterrice! ¿Cómo se dedica a esas cosas tan ilegibles que escribe, cuando nos están destruyendo el país? Chávez intenta aplastarnos y usted pensando en Schopenhauer. ¿Por qué no hace algo para salir de esta barbarie espantosa? ¡O Chávez o la filosofía! No es estudiando a Kant como vamos a derrotar a la robolución”.

Se equivoca en parte, señor: ciertamente no necesitamos de la filosofía -y menos de una crítica radical de ella- para derrotar a Chacumbele. Pero, una vez que lo derrotemos, tendremos que rehacer el país y para ello habrá que generar un paquete de ideas ¡que no tenemos! Sin la menor duda, sacaremos al sátrapa, pero ese no es el verdadero reto. El reto es ¿qué tipo de sociedad construiremos? Porque si fracasamos en esa tarea, amigo, en un año tendremos a Chávez de vuelta.

El verdadero problema, señor, es que no se trata -sólo- de Venezuela. Es la Humanidad la que está a la deriva. Ni la Derecha ni la Izquierda ¡el Liberalismo o el Socialismo! tienen hoy respuestas para la profunda tragedia que vive el mundo. Y no me refiero a la crisis financiera, sino a la civilizacional, a la quiebra de la estructura moral, racional y espiritual sobre la que se montó Occidente. Nos enfrentamos no a una simple crisis del Capitalismo, sino ¡al desplome de la Modernidad, de la versión griega del Cristianismo y de la propia Filosofía Occidental! Nada más.

Y ahora, otra lectura navideña: el San Agustín de Karl Jaspers, en Los grandes maestros espirituales de Oriente y Occidente, Edit. Tecnos. El obispo de Hipona (354-430 d.C.) vivió los estertores del Imperio Romano. El Cristianismo iba en ascenso, pero carecía del manejo intelectual capaz de enfrentar tamaña crisis. En medio del desastre -similar al que hoy vive la Humanidad- San Agustín aportó el pensamiento que permitió la sobrevivencia de Occidente en el siguiente milenio. Fue un milagro; el trabajo intelectual no era muy copioso en esa época. Hoy, por el contrario, ante la quiebra racional y espiritual que vivimos, hay legiones de pensadores en el mundo pariendo ideas para enfrentar el futuro. ¿No podríamos los venezolanos -sin descuidar la lucha contra Chávez- acercarnos aunque fuese un poquito a esa búsqueda?

El intelecto, la acción y la época de San Agustín evocan con fuerza la crisis actual: la Filosofía Griega -igual que hoy la Occidental- estaba agotada y se imponía un relanzamiento del mensaje religioso. Agustín supeditó por completo la filosofía a la teología. Impuso -con mucho acierto- la primacía de la Fe y de la noción de Dios por sobre el pensamiento racional. En palabras de Jaspers: “En Dios no puede diferenciarse nada: ni substancia ni accidente, ni sujeto ni predicado. Por tanto, hablar de identidad de lo indiferenciado y de unidad de los contrarios, es un modo adecuado de hablar ¡que no dice nada! Pensar en Dios desemboca en el silencio”.

Y en palabras de San Agustín: “¡Si lo comprendes, no es Dios! Él escapa a toda posibilidad de decirlo. Es más fácil decir lo que él no es, que decir lo que es”. “Los hombres admiran las montañas, los mares y los ríos, pero en sí mismos no se fijan”. “Dios forma parte de mi ser, sin embargo no capto del todo lo que soy. ¿Quiere decir esto que el entendimiento es algo demasiado limitado como para captarse a sí mismo?”. “¡El hombre es un inmenso abismo!”. “No salgas afuera, entra en ti; en el hombre interior mora la verdad: y cuando hayas comprendido tu propia naturaleza mudable, trasciéndete a ti mismo”.

gomezemeterio@gmail.com