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Chávez y el valor de lo humano

El Universal 14/09/08

Por: Emeterio Gómez

¿En qué cabeza cabe que a las mercancías pueda adscribírseles un valor en plena producción

Todo esto del trueque, las monedas locales y, más aún, el que ahora las gentes ya no se llamen productores y consumidores, sino prosumidores y prosumidoras, todo es tan cómico que a ratos lo asalta a uno una duda terrible, un temor profundo de estar haciendo el ridículo al criticar el supuesto comunismo de Chávez. Es tan, pero tan ingenua la Ley para el Fomento de la Economía Popular, tan imposible que alguien inteligente como Huguito se pueda creer esas tonterías, que a veces a uno le entran dudas y se siente precisamente tonto: ¿Y si fuera verdad -como dicen algunos- que aquí no hay ningún comunismo o marxismo, sino que todo es una inteligente coartada pa’ cogese unos riales? Un parapeto para desplazar a los capitalistas viejos y sustituirlos, si no por el hombre nuevo, al menos por capitalistas nuevos. ¿Y si todo no fuera más que una grandiosa y habilísima estratagema para cogerse un país?

Si así fuese, el ridículo que estaría yo haciendo y, lo que es peor, el juego que le estaría haciendo al sátrapa al criticar su presunto comunismo, serían inmensos. Y no excluimos que así sea; no excluimos la mencionada estratagema, ¡porque ella es la única explicación posible para que alguien tan vivo como Chávez simule creerse la zoncera del trueque! Sólo para apropiarse de un país -¡o de varios!- puede uno fingir que cree en las monedas locales.

Porque nadie puede ser tan tonto como para pensar que a los bienes y servicios se les pueda asignar valores equivalentes ¡sin que medie entre ellos un mercado, un intercambio mercantil! ¿En qué cabeza cabe que a las mercancías pueda adscribírseles un valor en la fase de la producción, es decir, antes que ellas se confronten con su demanda? Una insensatez como esa sólo se le pudo ocurrir a Marx ¡y en el siglo XIX! Porque “dejémonos de pendejadas”: ¡esa fue la tesis central boba de Das Kapital, creer que las mercancías adquirían un valor en la etapa de la producción, en tanto que en el mercado, en el choque entre la oferta y la demanda, tan solo se formaba su precio! Es la distinción pueril -o poética- entre valor y precio, que se aloja en lo más hondo de la endeble psiquis occidental y que no pasa de ser una manera errónea de llamar, respectivamente, al Valor de Uso y al Valor de Cambio.

Me niego a creer que Chávez no entienda que el valor de cada mercancía nada tiene que ver con esa mercancía, ni con quién la produjo, sino que depende ¡del tamaño de la escasez relativa en la cual ella se inserte! Que no hay forma de asignarle o atribuirle a priori un valor, para poder así intercambiar valores equivalentes, porque independientemente de lo que la Comuna establezca, será la escasez relativa la que determine el valor: ¡en cualquier modelo de sociedad! Porque si un bien se produce en demasía valdrá poco y viceversa. Porque la mano de obra no calificada no es barata por no-calificada, sino por sobreabundante; y si todo el mundo estudiara física nuclear o biología molecular, esos saberes valdrían muy poco.

Finalmente, lo esencial: me niego a creer que Chávez no capte que el valor económico de un Ser Humano depende de la escasez relativa de sus capacidades& y saberes. ¡Y que es allí donde se constituye lo esencial del Ser; más allá de los valores morales, sublimes sin duda, pero ajenos a la sobrevivencia, que es donde “se bate el cobre”! No puede ser que Chávez no intuya que es a esta realidad durísima, profunda e inexorable, a esta physis pétrea que nada tiene que ver con ningún modelo de sociedad, a lo que él -y Marx- llaman equívocamente Capitalismo.

emeteriog@cantv.net