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Chavismo sin Maduro. Domingo Fontiveros

No sería un retroceso sino un avance galáctico para la evolución democrática del país.

El candidato Maduro puede perder las elecciones del domingo 14 de abril. A pesar del aparataje que lo apoya con todos los instrumentos del poder político y económico a su alcance, su figura es alta y débil, sin imaginación, con magnetismo al revés. Se presenta como el ungido, aunque nadie sabe realmente por qué lo fue. Sus credenciales revolucionarias son escuálidas a lo sumo, y al discurso le sobran lugares comunes y le falta energía, vitalidad. 

Evidencia notable se presentó en la recientísima reunión del Foro de Sao Paulo, cónclave de los emires del radicalismo socialista, que fue convocada con ínfulas para ratificar el apoyo internacionalista que tuvo su antecesor fallecido, donde fue sometido, Maduro, a un salvaje bautizo revolucionario, increpado por algunos con audacia, y puesto casi a prestar juramento sobre sus convicciones ideológicas y sus compromisos políticos. El candidato se vino a menos ante sus menos-pares del continente y no encontró mejor salida del embrollo que la de inventar después el cuento del pajarito que habla por su mentor.

Para buena parte de la partidocracia huérfana de padre, las debilidades de su candidato ungido constituyen un peligro supremo. No porque sean incapaces de manejar, en caso de victoria, a un presidente sumiso, sino porque en ello tendrían que competir con políticos veteranos, mejor formados, vernáculos y extranjeros, con vocación radicalista y extremadamente excluyentes. Si fueron protegidos en este terreno crucial por su líder supremo, con Nicolás, que ni es supremo ni es líder, las cosas se complicarían en mucho. La “soberanía” del PSUV estaría en juego.

De ganar Maduro, lo cual no es imposible, el chavismo tendría, además, que lidiar con las incomodidades mayúsculas de la inflación, el desempleo, la escasez, la inseguridad personal y de muchísimas promesas incumplidas. En medio de una crisis fiscal, estaría obligado a sacar más plata del pueblo con mayores y nuevos impuestos, dejar que la devaluación siga su curso para seguir recortando el gasto público, y elevar precios y tarifas, desde gasolina hasta electricidad, porque no hay otra manera de cerrar la brecha fiscal que está en la raíz del marasmo económico y el sufrimiento social.

Con candidato malo y escenario económico peor, al chavismo le vendría bien, o nada mal, un cambio en el Poder Ejecutivo. Seguirán teniendo sus aplanadoras en los otros Poderes Públicos y con ellas es como gobernar por mampuesto. Dejarle los problemas a Capriles sería la consigna para quienes ven cuesta arriba aguantar 6 años con el ungido gobernando.

En un escenario como este tendríamos, aunque suene fuerte decirlo, un chavismo con Capriles, lo cual luce muy superior a la alternativa.

Mejor para la democracia (¡viva la separación de poderes!), mejor para la economía (¡viva el cálculo económico!) y mejor para los necesitados (¡viva la justicia con conciencia!). El chavismo sin Maduro es una posibilidad palpable. No sería un retroceso sino un avance galáctico para la evolución democrática del país. Que el chavismo pase a ser oposición ayudaría mucho a que la nación encuentre un nuevo rumbo de desarrollo, se restablezca el diálogo y deje atrás su situación actual de estancamiento y de permanentemente conflictiva confusión. 

DOMINGO FONTIVEROS ― EL UNIVERSAL
dfontiveros@cantv.net