Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Chomsky y la ausencia de moral

03/09/09

Por: Carlos Raúl Hernández

Sus planteamientos políticos son disparates de radicalismo extremo, necedades indiscutibles

Después de su esplendor durante los sesenta y setenta, época en que era un mimado del New York Times, Noam Chomsky se sumergió en la oscuridad, de la que salió con su apoyo al derrocamiento de las Torres Gemelas de Nueva York tal como “la abuelita” de Plaza de Mayo. En su reaparición mintió de nuevo, como acostumbra (is my way), cuando intento justificar semejante horror diciendo que en la operación había muerto un número de personas “similar al del bombardeo de laboratorios en Sudán por el gobierno de Clinton” (sólo murió el conserje del sitio donde se producían armas químicas). La opinión pública lo había olvidado porque, además de su justificación militante de Mao y Pol Pot, los dos principales genocidas del siglo XX, practicó ambigüedades frente a la negación del Holocausto y si no llegó a apoyar las acciones de Hitler, lo exculpa a partir de las supuestas monstruosidades cometidas por los judíos. Y porque había descubierto las características básicas de sus opiniones políticas: banalidad, arrogancia y mentira, que hacen imposible cualquier discusión razonable de ellas, exactamente como ocurre con su anfitrión (el mandamás dice que la incapacidad de los hospitales públicos para recibir las parturientas es culpa de las clínicas privadas). En 1827 un sujeto decía que Napoleón nunca había existido y en la actualidad en California la Sociedad Tierra Plana sostiene que lo de su nombre no es una teoría sino un hecho. El grupo trostkysta neoyorquino conocido como los Marlenistas, aseguraba que la Segunda Guerra Mundial había sido una estrategia de los aliados y la URSS para afincar la explotación del proletariado.

Chomsky es uno de los más grandes exponentes de la semiología y su tesis de la gramática generativa la conocen todos los sociólogos del mundo. Por el contrario, sus planteamientos políticos -como los de su anfitrión- son lugares comunes, disparates de radicalismo extremo, necedades indiscutibles. Por eso no hay tales libros con su pensamiento político, sino colecciones de artículos, entrevistas, declaraciones, discursos en los que no existe un pensamiento disciplinado y castigado.

Cuando el cura izquierdista Francois Ponchard, horrorizado por el genocidio de Pol Pot, que exterminó al tercio de la población camboyana, unos dos millones de personas, escribió su famoso libro de denuncia (Camboya, año cero), Chomsky y su ayudante Edgard Herman, dijeron que aquel “juega con las citas y los números, esta sesgado hacia el anticomunismo” y que “si había crímenes en Camboya, eran el equivalente a los que hubo después de la liberación en Francia”. Sobre Vietnam, pensó que “si no practicar el terror en Vietnam hace que los campesinos permanezcan como los filipinos, bienvenido sea el terror”.

carlosraulhernandez@gmail.com