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Cómo poner a Venezuela en marcha. Carlos Goedder

El problema en Venezuela no es tanto la devaluación del bolívar, sino la devaluación moral…

A los manifestantes pacíficos asesinados en Venezuela, en 2014 y 2002

El mes de febrero estuvo marcado por manifestaciones cívicas que se han teñido de sangre. Sin duda el chavismo ha puesto al país en marcha, porque está marchando más gente que nunca en estos días. No obstante, en este artículo no vengo a proponer más división y sangre, sino a sumarme al debate de cómo poner a Venezuela en la marcha que necesita, que es la marcha diaria hacia la prosperidad equitativa y la paz.

¿Cómo resolver el crucigrama venezolano? La referencia chilena ayuda. Bajo el gobierno comunista de Salvador Allende en Chile, entre 1970 y 1973 había un grupo de economistas trabajando en un plan para sacar a Chile adelante una vez cesase el régimen “allendista” y su preferencia por el estilo impuesto desde Cuba por Fidel Castro. Nadie pide una salida como la que tuvo Allende, porque creemos en la democracia. No obstante, lo que llama la atención es que allí había gente trabajando en una propuesta alternativa al comunismo. Esa visión se plasmó en un documento, “El Ladrillo”, el cual guió las políticas económicas que siguen manteniendo a Chile como la nación más estable, próspera y promisoria de América Latina.

La revista The Economist espera que en 2014 Chile tenga el mayor PIB per cápita de la región en términos de poder adquisitivo (PPP), USD 20.380, mientras Venezuela, con todo su petróleo, tendría -bajo este enfoque- un PIB per cápita de USD 13.800, el cual considera el efecto de la inflación, que en Chile se proyecta en 4,9% anual y en Venezuela en 36,4% anual. Lo que salvó a Chile no fue la cruel dictadura de Pinochet, sino este grupo de economistas, al proponer para su país medidas que son verdaderamente progresistas y socialmente inclusivas: un banco central competente para mantener los precios estables, una pensión para los trabajadores que es verdaderamente de ellos y no es saqueada por los Gobiernos (los fondos de pensión) y, especialmente, la gestión seria de las rentas gubernamentales obtenidas por la exportación del cobre, incluyendo para este último fin el ahorro de excedentes en fondos de inversión públicos, un comité de expertos para evaluar la tendencia a largo plazo del precio del mineral y un tipo de cambio flexible, sin los controles sobre el dólar vigentes en Venezuela desde 1983.

Venezuela sólo resolverá su tragedia cuando algún político se tome el trabajo de proponer cómo manejar la renta petrolera. Si algo contamina este momento que vive Venezuela, aparte de la incapacidad para la negociación de sus políticos, es la debilidad moral del grueso de venezolanos. Sin desconsiderar notables excepciones, quien más quien menos, cada quien ha agarrado su pedazo de renta petrolera. Los mejor conectados, mediante cargos públicos, contratos con el Gobierno y amiguetes burócratas. Muchos sencillamente aprovechando los dólares subsidiados que ha dado el gobierno con sus inútiles controles (Recadi, OTAC, Cadivi), inventándose viajes, remesas, compras e importaciones ficticios. El grueso de la población recibiendo míseras prebendas del Gobierno, especialmente en época electoral y de las cuales un ejemplo reciente son los electrodomésticos que el Gobierno expropió a sus vendedores. La cultura del robo ha sido el gran fruto de este “capitalismo rentístico” venezolano – término acuñado por el economista Asdrúbal Baptista, del IESA. El problema en Venezuela no es tanto la devaluación del bolívar, sino la devaluación moral de sus habitantes, convirtiendo a un país que exportó Libertad y Democracia a toda Sudamérica en vasallo del imperialismo comunista cubano.

Sólo un líder político venezolano se tomó el trabajo de proponer una visión sobre la renta petrolera en democracia: Rómulo Betancourt (1908-1981), con su libro del año 1956 Venezuela, Política y Petróleo, recientemente reeditado por Editorial Alfa. Es desolador que en Venezuela ningún líder político (incluso con el título universitario del que careció Betancourt) se haya animado a hacer otro ejercicio intelectual serio sobre el tema, emulando lo hecho por este venezolano excepcional.

Solo cuando un líder político, del bando que sea, ofrezca un libro sobre qué hacer con la renta petrolera y luche por hacerlo, habrá una Venezuela verdaderamente en marcha. De lo contrario, sólo un milagro que transmute los pozos de petróleo en pozos de agua acabará con la tragicomedia venezolana.

CARLOS GOEDDER ― EL UNIVERSAL
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