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Como tubo de ensayo

Publicado Diario El Universal 14/10/07

Por: Domingo Fontiveros

El cambio de élite gobernante que tuvo lugar en 1998 se está convirtiendo en una pesadilla
Ya está claro en el análisis y va quedando claro en los hechos que el cambio constitucional que se quiere imponer a Venezuela desde el poder servirá para sentenciar a muerte por mengua a la economía de mercado e implantar la colectivización estatista de la producción, apoyándose en el estrangulamiento de la propiedad individual y privada, la ocupación progresiva de las empresas, la asfixia del comercio formal y el financiamiento a fondo perdido de actividades públicas, neurálgicas y superfluas, en la vana expectativa de que el ingreso petrolero reemplace para siempre al hecho básico de cualquier actividad económica que es el valor agregado.

Concebir como viable un esquema como este que destruye valor en lugar de agregarlo, revela una visión errónea, paleolítica y antihistórica de lo que es la economía de un país, especialmente de una con tan inmenso potencial de crecimiento y desarrollo como la venezolana, que ha demostrado en varias ocasiones cruciales su extraordinaria capacidad de recuperación frente a shocks políticos y financieros. Equivocación tan crasa apenas puede provenir de un inconfesable desprecio por lo que hasta el sentido común valora como avances sustanciales en el desenvolvimiento histórico de la humanidad, con los cuales se han abierto puertas para superar la esclavitud física y mental, y para evolucionar en rutas de libertad, creatividad, bienestar y solidaridad humanas.

El leitmotiv de este abrasiva modificación al fondo de la Constitución venezolana de 1999 es atribuible a una protuberante ambición de poder personalista, a una oportunista adhesión de los adláteres en el poder (afortunadamente no la totalidad) y hasta a la engañosa idea del paraíso terrenal, todos los cuales obnubilan el pensamiento racional en función del país. Un ejemplo lastimoso de la venta de quimeras envenenadas es el de ofrecer vivir mejor trabajando menos en un país que está muy lejos de haber completado el proceso de acumulación productiva requerido para sostener y mejorar el nivel de vida de las grandes mayorías.

Visto en perspectiva, el cambio de élite gobernante que tuvo lugar en 1998 se está convirtiendo en una pesadilla para el futuro de los jóvenes, para el ocaso de los ancianos y para las posibilidades de quienes están en los mejores años de contribuir a mejorar su país y a los suyos, incluyendo a aquellos que se desperdician siguiendo a quien busca la raíz del arco iris al final del conflicto permanente con todos los que no obedezcan.

No hay justificación inteligible para este empeño de imponer como sea un modelo de vida rupestre y fracasado, disfrazado de socialismo del siglo 21, sino la de un proyecto político de dominación total. De los experimentos sociales forzados hacia adentro de colectividades enteras por el fascismo y el comunismo, algunos de los cuales todavía deambulan cual celacantos o fósiles vivientes, siguen siendo visibles las ruinas y sus muertes. Hay demasiadas razones para rechazar que se conduzca a todo un país, hasta hace poco lleno de esperanzas e ilusiones, hacia el fondo de un tubo de ensayo con la misma fórmula infeliz, para obligarlo a comenzar de nuevo, después de una maxiamputación social, que tiene nulas garantías de éxito y todas para la pérdida de lo más preciado de la sustancia humana.

dfontiveros@cantv.net