Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Compartir Contra los políticos. María Teresa Romero

La involución democrática de los últimos 15 años dio lugar a la intolerancia y la exclusión.

Además del pateo a la Constitución y al derecho de propiedad que el espurio gobierno de Nicolás Maduro realiza en el marco del más reciente y desesperado invento cubano, la llamada “guerra económica” para ver si logra resultados aceptables en las elecciones municipales, el oficialismo transgrede, con aumentada fruición, los principios de tolerancia e inclusión política necesarios para garantizar derechos humanos fundamentales, como los de participación, igualdad, democracia y libertad.

Cierto es que el aumento de los casos de agresiones, persecuciones y anulaciones a líderes y partidos políticos no es exclusivo de Venezuela. En el mundo de hoy también vemos crecientes hechos de intolerancia que violan valores y derechos políticos como el reconocimiento del otro, el respeto por la diferencia, la inclusión, el pluralismo y la igualdad en libertad.

También es cierto que el incremento no sólo se debe a la circunstancia electoral actual y a la desesperación madurista por la pérdida de popularidad. La exclusión e intolerancia política han estado presentes en nuestra historia, porque si bien somos un país mestizo y en contraste con otros muchos sin graves problemas ni fanatismos raciales, religiosos, ideológicos y culturales, sí hemos sido siempre tendentes al caudillismo, el autoritarismo, el militarismo, fuentes indudables de conflictos y divisiones políticas.

Pero la involución democrática que hemos vivido en los últimos 15 años, es la que ha dado lugar a la intolerancia y la exclusión política sin precedentes que hoy vemos con estupor en Venezuela. Sobran los ejemplos, pero tan solo recordemos los casos Mardo, Caldera y Aranguren y la violencia y afiches de odio hacia Capriles, Machado y López. La gran culpa es de la naturaleza del chavismo-castrismo que adosa a nuestro tradicional caudillismo militarista, un autoritarismo de vocación totalitaria y comunista camuflado de democracia, y que ha destruido la verdadera democracia que, con todas sus imperfecciones, sí dignificó a Venezuela entre 1958 y 1998. 

MARÍA TERESA ROMERO ― EL UNIVERSAL
Matero1955@hotmail.com